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El Periódico de Aragón

Guardando las distancias: Los dilemas del público

Nadie tiene una varita mágica para saber qué sucederá y ojalá seamos capaces de responder a la oferta

Zaragoza va a vivir una primavera de conciertos sin parar. JAIME GALINDO

Las restricciones por la pandemia (incluida la mascarilla en el mayor de los casos) ya parece que forman parte del pasado y el sector cultural se ha lanzado a intentar recuperar el tiempo perdido por culpa del coronavirus. Solo así se puede entender que estamos viviendo una primavera con una oferta multitudinaria que se ve acentuada esos meses de mayo y junio en los que los promotores (y también los artistas que salen de gira acuciados quizá por los parones obligados) se han lanzado a programar toda clases de conciertos, buena parte de ellos de primer nivel.

Hasta ahora, la verdad es que el público se ha mostrado también entusiasmado por la reactivación de la actividad y (más o menos) ha ido respondiendo a la llamada de la cultura. Todo con un matiz importante y que está empezando a preocupar al sector. Las entradas anticipadas (tan necesarias para calibrar el posible éxito o fracaso de la propuesta por parte de los promotores) prácticamente han pasado a mejor vida. Ahora, es muy difícil convencer al público de que decida comprar la entrada con antelación (de ahí que se ahorrara unos euros si así lo hacía) y no espere hasta el último momento. No hacerlo hasta la misma semana o incluso el mismo día es una tendencia pospandemia que se ha consolidado y que está generando incertidumbre en los programadores. Es un mal que está afectando a casi todos los conciertos exceptuando, como no puede ser de otra manera, para las grandes citas que tienen el sold out garantizado como fue el caso de C. Tangana en el pabellón Príncipe Felipe hace unos días.

Elucubraciones varias

Ante esa certeza del fenómeno no se le puede encontrar una explicación objetiva sino que más bien se pueden hacer elucubraciones en torno al asunto. Supongo que como pasa con casi todo no hay una sola causa detrás de todo esto pero, por mi parte, creo que puede tener alguna relación con la cantidad de oferta musical que se ha multiplicado en los últimos tiempos. Muchas veces, el público se puede encontrar con la disyuntiva de tener que elegir un concierto u otro (si es que coinciden en el mismo día) o, yendo más allá, puede pasar a veces que no puede permitirse ir a todas las actuaciones que le gustaría por circunstancias vitales o incluso económicas (del asunto de cómo han subido los cachés determinadas bandas habría mucho que hablar también). Eso conlleva que quizá la decisión se vaya retrasando y no se tome la decisión definitiva hasta que el concierto está cerca, es decir, que no compra su entrada hasta que faltan apenas unos días para su celebración.

"Si el público no responde como se espera, igual las causas no solo habría que buscarlas en los espectadores"

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Zaragoza va a vivir, probablemente, su primavera musical más intensa de toda su historia con conciertos en casi todos los recintos posibles y de todos los géneros y estilos buscando todo el espectro posible de públicos. Hay cierta sensación de optimismo en un sector que nunca ha nadado en la abundancia (esa es la realidad pese a la imagen irreal que a veces se tiene, probablemente desde el desconocimiento) por este reverdecimiento de la actividad.

Por supuesto que no seré yo el que critique una oferta musical y de conciertos como la que va a vivir la capital aragonesa sino todo lo contrario pero sí que yo también estoy expectante por ver si la ciudad y, sobre todo, el público, es capaz de absorber y sostener tal cantidad de propuestas. 

Nadie tiene una varita mágica para saber qué sucederá y ojalá los zaragozanos seamos capaces de responder porque eso significaría que tenemos ganas de defender una propuesta cultural variada y de calidad pero, me temo, que si esto no sucede, igual las causas no solo habría que buscarlas en los espectadores. 

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