FESTIVAL FLAMENCO ZARAGOZA
Crítica de Javier Losilla del concierto de María Terremoto: Bulerías para Richter y Gutenberg
María, jovencísima diva flamenca a la antigua usanza (abanico en ristre, cambio de atuendo, cante a micrófono quitado) llegó a Delicias y tembló el misterio y los adentros con esa voz

María Terremoto, en su actuación de este viernes en el Centro Cívico Delicias de Zaragoza. / JAL LUX

El físico y sismólogo Charles Francis Richter, nacido en Ohio en 1900, estableció una escala para medir los terremotos. No lo hizo solo, pues el germano-americano Beno Gutenberg, también sismólogo, tuvo mucho que ver en el asunto, aunque este último nunca se menciona cuando se informa de qué nivel ha alcanzado un seísmo. Por ejemplo, el viernes en el festival Flamenco Zaragoza (Centro Cívico Delicias), en la actuación de la cantaora jerezana María Terremoto, hija de Fernando Terremoto y nieta de Terremoto de Jerez. Escuchándola, todos pensamos en Richter, pero nos olvidamos del bueno de Gutenberg, y es que, como imaginan, su apellido suena más a imprenta que temblor de tierra.
María, jovencísima diva flamenca a la antigua usanza (abanico en ristre, cambio de atuendo, cante a micrófono quitado) llegó a Delicias y tembló el misterio y los adentros con esa voz, la suya, poderosa como un tsunami, larga como río y alta como una montaña. María Terremoto, haciendo honor a su nombre artístico. Pero no crean que lo suyo es solo poderío desbocado, no; María gestiona su arte con el mismo detalle que su presencia en el escenario, controlando los tiempos, gobernando los melismas, manejando con tino las cadencias, pisando fuerte en las subidas, bajando sinuosamente y, en fin, aderezando cada cante con las especias pertinentes, sin dejar que se abrase con el fuego de su fuerza vocal.
También hubo caña, tangos, cantiñas, fandangos y generosas bulerías de cierre. Brilló especialmente en alguno de esos cantes, pero convenció en todos
Abrió por bulerías recordando a Lole y Manuel (Todo es de color) y se explicó después por cartagenera, murciana y levantina. También hubo caña, tangos, cantiñas, fandangos y generosas bulerías de cierre. Brilló especialmente en alguno de esos cantes, pero convenció en todos. Montó un fiestón de padre y muy señor mío, alejándose, eso sí, de los terrenos del flamenco más sobrio, intenso y menos revoltoso. Es lo único que podemos anotar en el debe de su actuación. María, reventando la escala Richter-Gutenberg, acompañada por los magos del compás (nunca se destaca a los palmeros, pero es de justicia hacerlo hoy) Manuel Valencia y Manuel Cantarote (¡esos Manolos!) y por el guitarrista Nono Jero, de toque alegre y sueltísimo, pero, a la vez, técnico y medido.
Quién les iba a decir a Francis y a Beno que una jerezana terremotera les iba a hacer polvo su famosa invento. ¡Para que te fíes de los flamencos, oye!
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