Guardando las distancias: Más allá de la supervivencia
Se necesita una radiografía que sea capaz de determinar los verdaderos problemas

El Teatro Principal en una representación.

No creo que haya que tener medias tintas, el sector cultural no ha muerto. A pesar del covid, a pesar de los zarandeos administrativos que tiene que soportar en determinadas ocasiones y a pesar de una realidad económica cada vez más complicada para uno de los sustentos del mismo, el público. Ha tenido que atravesar años durísimos a consecuencia de la pandemia cuando todavía no había recuperado los niveles previos a la crisis económica que estalló en 2008 pero ahí está, con más o menos vigor, resiste. A costa de muchos esfuerzos empresariales y personales, no lo pongo en duda, pero la realidad es que, una vez más, ha dado un ejemplo de adaptación al medio.
Pero... a pesar de todo, sigue necesitando (y ahora más que nunca) el apoyo del público. Cuando la actividad cultural retornó aunque fuera a medio gas por las restricciones sanitarias se vivió un fenómeno bonito ya que el público respondió en masa y la asistencia a un teatro, por ejemplo, se convirtió prácticamente en un ejercicio de militancia y de apoyo a un sector que tanto aporta y que tan mal lo estaba pasando. Han pasado los meses y la radiografía ha variado. Desde los programadores han empezado a dar señales de alarma ya que la afluencia de público ha empezado a caer, en algunos casos casi en picado. Es un fenómeno que se está dando en casi todos los lugares, fundamentalmente en Madrid y Barcelona, pero que también ha llegado a Zaragoza.
En la capital aragonesa, ya lo hemos contado en otras ocasiones, se está formando un fenómeno que puede que esté provocando una difícil digestión al público. Ahora mismo, la agenda cultura está congestionada y dudo de que haya tanto público (no solo hablo de ganas sino también de disponibilidad económica) para poder responder a tan alta oferta de calidad, dicho sea de paso.
A ello probablemente haya que sumar que la actividad se ha recuperado ya al 100% en todos los sectores, especialmente en el de la hostelería. Y no deja de ser una percepción así a bote pronto, pero el buen tiempo y las terrazas de los bares quizá empieza a ser una llamada tentadora por encima de los reclamos culturales.
¿Oferta saturada?
Lo cual, si es así, no de ja de ser un problema. Y no hablo de que sea un problema para el sector cultural sino para nosotros como sociedad. Podemos pensar que estamos ante un problema de oferta demasiado saturada (que creo que es una cuestión que está ahí). Podemos pensar que quizá se está programando sin pensar en un determinado tipo de público que corre el peligro de quedar excluido del circuito (también podría comprar el argumento) o incluso podemos pensar que se trata de un problema de precios elevados (es verdad que determinados conciertos se han disparado). Pero, la realidad es que (tampoco es nuevo) lo que se necesita es una radiografía exhaustiva del sector que sea capaz de determinar los verdaderos problemas que sufre la cultura y que compruebe también su relación con el público.
Estamos en un momento en el que tengo claro que la cultura no ha muerto ni probablemente desaparezca nunca pero no hay que perder de vista que estamos ante una necesidad del ser humano de confrontarse consigo mismo y de socializar en base a unas características especiales que nos hacen ser mejores personas. Mientras tanto, podemos aplaudir porque el sector siga vivo, lo que no será un pasillo hacia la eternidad de la precariedad del mismo.
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