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El Periódico de Aragón

El visor de Chus Tudelilla: 1865, encuentros en el Balneario de Panticosa

Los croquis de Eugenio Hartzenbusch e Hiriart y las fotografías de Fernando Guerrero Scholtz aportan información suficiente para conocer cómo era el establecimiento en aquella época

Fernando Guerrero Scholtz, 'Baños de Panticosa. Casa de la Princesa', c. 1865. Biblioteca Nacional, Madrid.

'La Memoria acerca de las aguas y baños minerales' del doctor José Herrera y Ruiz, director-médico del Balneario de Panticosa, editada en Madrid en 1864, dos croquis que Eugenio Hartzenbusch e Hiriart dibujó en 1865 y las fotografías de Fernando Guerrero Scholtz aportan información suficiente para conocer cómo era el establecimiento en aquella época, inmerso en el ambicioso proceso de ampliación y mejora de las instalaciones que la «Sociedad Guallart y Compañía» impulsó tras la fama que los Baños habían alcanzado con la gestión de Nicolás Guallart, iniciada en 1828.

Entre quienes acudieron a tomar las aguas de Panticosa en la temporada de 1865 figuran el filólogo, dramaturgo, poeta, traductor, editor y crítico literario, por entonces director de la Biblioteca Nacional de Madrid, Juan Eugenio Hartzenbusch (Madrid, 1806-1880), autor de Los amantes de Teruel; su hijo Eugenio Hartzenbuch e Hiriart (Madrid, 1840-1910), bibliógrafo; el pintor Eduardo Rosales (Madrid, 1836-1873), tristemente asiduo al Balneario por razones médicas, desde 1859 hasta el año de su muerte; el pintor y coleccionista Manuel Castellano (Madrid, 1826-1880). Y, quizás también, Fernando Guerrero Scholtz (Marsella, c. 1840-París, 18??), miembro de la acaudalada familia de los Guerrero, dueños de fundiciones de plomo en Adra (Almería), y autor de la secuencia de fotografías de Panticosa fechadas en torno a 1865, que son las primeras que se conocen del Balneario.

Tres de esas albúminas se conservan en el Álbum de vistas de España de la Colección de Manuel Castellano en la Biblioteca Nacional, y seis en el «Álbum de Adra de la Colección Fernández Rivero, una de ellas, la de la Casa de Buena Vista, coincidente con la del álbum de Castellano, lo que permitió a Fernández Rivero informar a la Biblioteca Nacional sobre la identidad del autor que, sin ser profesional, disponía de los mejores aparatos y materiales, y tenía conocimientos suficientes para realizar fotografías de gran calidad.

La muestra 'Elogio del agua. Los Baños de Panticosa'

Del encuentro en 1865 poco se sabe más allá de los días en los que pudieron coincidir. Eduardo Rosales permaneció del 2 al 26 de julio, por las mismas fechas que los Hartzenbusch, ya que Maxiriart, seudónimo del hijo, fechó uno de sus dibujos el 13 de julio; Manuel Castellano estuvo en los Baños del 26 de agosto al 6 de septiembre; y nada sé de las fechas de la estancia de Guerrero, si es que viajó aquel año. De hacerlo existen dos posibilidades: que llegara al mismo tiempo que el primer grupo y Hartzenbusch se comprometiera a comprarle las fotografías para regalárselas a su amigo Castellano, o que coincidiera con este. En cualquier caso, las fotografías de Guerrero y los dibujos de Maxiriart abren la exposición 'Elogio del agua. Los Baños de Panticosa' que puede visitarse en las salas de la Diputación de Huesca hasta fines de julio.

Diferentes croquis y planos de los Baños de Panticosa.

Ante la falta de certezas cabe imaginar que mientras Harzenbusch padre compartiría conversaciones con Rosales –que por aquellos años le pintó el retrato que se encuentra en el Museo de Zaragoza–, Maxiriart y Fernando Guerrero, de la misma edad, acudieran al Balneario, entonces todavía lugar de cura y reposo, y no de recreo, para acompañar el primero a su padre, y Guerrero, quizás sea mucho suponer a su hermana Emilia, fallecida en 1876 de neumonía, o quizás por temas de empresa. En el Álbum de Adra configurado por el propio Fernando Guerrero, además de las fotografías de Panticosa hay otras de los balnearios franceses de Eaux-Bonnes y Eaux-Chaudes, y de Pau.

Suyas son las de Panticosa y las de Eaux-Bonnes; las otras pudo adquirirlas, pues no están firmadas y su formato es diferente. Es fácil imaginar a Maxiriart dibujando los dos croquis de los Baños, tan adecuados para encajar los edificios que Guerrero fotografiaba, sin que en la secuencia falte la famosa Cascada del Pino: las vistas desde la entrada, y desde el ibón; la Casa del Reloj; la Casa de Buena Vista; el torrente Brazato que discurre desde la montaña hasta la pradera; la Casa de la Reina y la Casa de la Princesa, protagonistas del irónico poema que Juan Eugenio Hartzenbusch escribió en 1867.

Ramón y Cajal en el balneario

De las fotografías de Guerrero incluidas en el Álbum de Adra, la vista general del establecimiento desde el ibón, permite identificar el Hotel-Salón de Sociedad, edificado en 1857; justo detrás de la parte de la fachada de la Casa de la Princesa, tenía tres pisos: el entresuelo dedicado al Salón de Sociedad, del que Rosales fue suscriptor desde 1865; y los dos pisos para alojamiento. En una de las habitaciones se alojó en 1877 Santiago Ramón y Cajal, para recuperarse de su hemoptisis, quizás invitado por Ramón Ríos, administrador desde 1872 de la explotación económica de las aguas de Panticosa y farmacéutico del Balneario, amigo de su padre y uno de los profesores a los que acudió como alumno libre en la preparación de su graduación.

Junto al Hotel-Salón de Sociedad, la Casa de la Princesa y la Casa de la Reina desde la que se accedía al Templete del Hígado, que asoma al fondo. Sigue la Casa de Buena Vista, como se llamó a la Casa de los Herpes tras su renovación de 1854, delante de la que se observa una construcción alargada de un solo piso, que en realidad son dos: la Cocina general, coronada con una gran chimenea, y a su lado, la Casa Nueva o Casa de las Tiendas. A poca distancia, la Casa Primitiva o Antigua, más tarde conocida como Casa Belío, cuya construcción se inició en 1827 sobre los cimientos de una de las dos viejas casas de los Baños. Y delante de la Casa Antigua, la Casa Borda. 

En la vista de los Baños de Panticosa desde el camino de entrada, el primer edificio que recibe al viajero es la Casa de la Laguna, construida entre 1862 y 1863, y derruida por el alud de 1915. Entre las Casas de la Reina y de la Princesa, formando con ellas una pequeña plaza, asoma la Fonda Nueva, primer edificio construido por la Sociedad Guallart y Compañía en 1854. En lo alto de la ladera se atisba la Casa del Estómago que en otras fotografías, como en la de la Casa de la Princesa, se observa mejor. Se levantó sobre la fuente sulfurosa del Estómago entre 1829 y 1830, quizás en el solar de la vieja casa «de arriba», a una distancia de más de ochenta metros de altura del Templete del Hígado.

Las fotografías de Guerrero

En las fotografías que Guerrero hizo de los edificios principales se aprecian más detalles: en la de la Casa de la Princesa aparecen dos pequeñas construcciones que, siguiendo el croquis de Maxiriart, se corresponden con la Casa Matadero y Carnicería y la Casa del Tiro del pistola. Delante de la Casa de la Reina se observa una de las primeras farolas y el inicio del ajardinamiento y arbolado, que además de hacer más agradable la estancia facilitaba a los bañistas el ejercicio al que estaban obligados tras ingerir las aguas.

Debido al aumento de personas que acudían a beber el agua del famoso manantial del Hígado y a inspirar sus emanaciones gaseosas, en 1862 se decidió reemplazar el antiguo Templete levantado en 1939 a iniciativa del doctor Herrera y Ruiz por uno nuevo, diseño de los franceses Levis y Liaras, al que se adosó una pequeña dependencia para el embotellado y la venta de agua, que Maxiriart dibujó en julio de 1867. 

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