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NOVEDAD EDITORIAL

Máximo Huerta: "El amor es el gran tema literario, los demás desembocan en él"

El escritor valenciano presenta en Zaragoza su última novela, 'Adiós, pequeño' (Premio Fernando Lara 2022)

El escritor Máximo Huerta, esta tarde en Zaragoza. ÁNGEL DE CASTRO

El escritor y periodista Máximo Huerta ha presentado este miércoles en el Ámbito Cultural de El Corte Inglés de Zaragoza su última novela, 'Adiós, pequeño', con la que ha ganado el premio Fernando Lara de este año. El exministro de Cultura atendió a este diario y habló sobre su infancia, el olvido o la memoria, tan presentes en su obra.

El libro empieza con una frase muy dura, en la que afirma que su madre hubiese sido más feliz si usted no hubiera nacido.

Es una forma de decir: qué habría sido de nuestra madre antes de serlo, cuando solo era mujer. Qué fue de ella, de sus frustraciones, dónde fueron a parar sus sueños. Es una manera de mirar a los padres como hombres y mujeres, independientes, antes de nosotros.

En la novela habla sobre ella con una mezcla de amor, admiración e incluso culpa.

En una familia circulan todos los sentimientos, no tienen un manual de instrucciones y no sirven los consejos de una familia para otra. Por una familia pasan todos los sentimientos y algunos se conjugan mejor que otros.

¿Qué ha supuesto para usted escribir este libro, con el que ha ganado el premio Fernando Lara?

El premio ha sido un reconocimiento a la labor que más me gusta de mí, la de contar historias. Un reconocimiento a una parte de mí que me gusta mucho, la de novelista. Escribir esta novela ha sido un punto clave en mi trayectoria, porque es una novela que no podré volver a escribir por el contenido que tiene. Es una obra de madurez, mi mejor novela.

La mejor, ¿y la más difícil de escribir?

Al contrario. Es una novela que lleva mucho tiempo dentro de mí cocinándose. Tengo 51 años, y hay novelas que están dentro de uno y lo único que tienes que hacer, como decía Proust, es traducirlas y sacarlas. Me he dejado invadir por esta novela, y lo único que he hecho es compartirla. No he tenido que ir a buscarla lejos, la tenía cerca.

¿Cuándo decidió publicarla?

Nunca pensé en publicar Adiós, pequeño. Ni en publicarla, ni en presentarla a ningún premio, ni siquiera que la leyera nadie. Es una novela que está a medio camino con la memoria, absolutamente sincera. Se la envié a una amiga y me preguntó si era consciente de lo que había escrito. Entonces, fui consciente de ello.

El título tiene una fuerte carga simbólica. ¿Es una forma de enterrar su infancia?

Jamás enterramos al niño, porque el niño debe estar vivo siempre, entendiéndolo como sorpresa, capacidad de ilusionarte ante las cosas... que es algo que tienes de pequeño de forma innata y con la edad lo vas perdiendo. Pero sí que es una manera de decir adiós a una época muy importante de una vida en la que te pasan cosas, porque de niño eres inmortal. Todos los días nos despedimos de algo: de un piso, de un amigo, de un familiar, de un viaje, de tu habitación. La vida es una constante despedida, y esta es una despedida a la etapa más importante de la vida, la infancia.

"La vida es una constante despedida, y este libro es una despedida de la infancia"

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¿Le ha dado vértigo madurar?

Hay que seguir madurando, poquito a poco. La palabra me suena un poco a fruta madura, a frutas pochas que nadie se come. Prefiero que la vejez me sorprenda siendo niño todavía.

La historia se construye en torno a dos pueblos, Utiel y Buñol. ¿Qué significan para usted?

Los pueblos tienen memoria, son tu lugar. En el caso de las ciudades, los barrios. El lugar donde has crecido, donde has ido al horno, donde te has enamorado, te has tropezado, donde te equivocaste. Las casas tienen memoria, y regresar a esos lugares es un ejercicio de ternura.

Nació en 1971, y en los pueblos no todas las heridas habían cerrado.

La guerra civil duró mucho más de lo que fue la batalla. Hay que imaginar cómo fueron esos padres y esas madres que nacieron en la guerra, que aguantaron una posguerra, y para los que lo único importante era vivir. En los pueblos, esa herida continuó presente mucho tiempo, incluso sin nombrarse. El silencio como solución, como cicatriz.

"Los pueblos y las casas tienen memoria, y regresar a esos lugares es un ejercicio de ternura"

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¿Cuándo sintió la necesidad de expresar todo esto?

No lo sé, es algo que te arroya. Me he sentido invadido por el texto, y no hay un porqué a la novela.

El silencio y la memoria están muy presentes en el libro junto a otros grandes temas.

Toda la literatura habla de vida, de muerte, de amor y de viaje. Alrededor de esos temas, lo único que cambia es la forma de mirar, y en ellos el lector se encuentra, porque forman parte de su vida.

¿Cuál destacaría?

El amor. Empapa cualquier novela, hasta en las bélicas el amor es fundamental. Es el gran tema universal, ya sea en familia, pareja, amigos... Es el principal y único gran tema literario, y los demás desembocan en él.

¿Qué le ha dicho su gente más cercana sobre esta obra tan personal?

Ya no es mía, ya no es personal. Los libros, en cuanto están escritos, ya son uno más. Da igual de donde venga tu inspiración, pertenece a los lectores.

¿Alguno de estos sentimientos se podrían extrapolar a su experiencia en la política?

No, ese es un libro que todavía no he escrito. Pero me preguntáis tanto por el Ministerio, que creo que tendré que escribirlo.

¿Siente que estos reconocimientos suponen cierta reivindicación?

No, no me reivindico, solo escribo. Eso es de pedantes. Soy un tipo de pueblo, hijo de camionero y de ama de casa, que lo que ha hecho le ha costado mucho y que estoy orgulloso de todos los pasos que he dado, hasta de los errores. No tengo que reivindicar, tengo que trabajar.

¿Se fue injusto con usted?

Eso lo decidirá la historia.

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