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El Periódico de Aragón

OPINIÓN

Guardando las distancias: No se olviden de la Cultura

Los hábitos cambian y es el momento de alumbrar también otro tipo de manifestaciones

Un músico toca en las calles del centro de Zaragoza. EL PERIÓDICO

Somos una sociedad que amamos la contundencia del lenguaje y que no dudamos en pontificar a menudo sobre lo que va a suceder en el futuro. Sin embargo, en muchas ocasiones, nos equivocamos (pongo la primera persona por delante porque nadie esté exento de ello). Quizá, para un optimista suicida como yo, es lo que me permite seguir confiando en que otra cultura es posible. Mejor dicho, otra Cultura. Sí, con mayúsculas.

Hace unos años (no demasiados) nadie apostaba nada porque una plataforma como Netflix que acababa de aterrizar en España tuviera ningún futuro. Bueno, pues un tiempo después resulta que no solo ella tiene mucho presente sino que unas cuantas más que funcionan en paralelo y diversifican la oferta lo tienen. ¿A qué viene esto? Evidentemente, la irrupción de las plataformas han modificado sin ninguna duda los hábitos culturales y de consumo de la población. Por un lado, diría que ha ensanchado la base a la que llegan determinados productos, aunque, por otro, habría que debatir sobre si no se ha resentido la calidad de la oferta audiovisual equiparando plataformas con salas de cine y no son la programación de las cadenas generalistas. No es baladí la diferenciación.

Las descargas imposibles

Nadie (o casi nadie, no se me vayan a soliviantar algunos) confiaba en que se le pudiera dar la vuelta al incremento desaforado de la piratería pese a todas las trabas legales y administrativas que se le estaban poniendo. Y ha pasado. Ahora, resulta hasta complicado intentar descargar según qué productos porque el compartir los archivos ha pasado a un plano casi residual.

Ver que la sociedad sí cambia y evoluciona es un soplo de esperanza

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No sé si es un ejemplo muy acertado pero sí me quiero agarrar a él como prueba de que las cosas cambian, de que a veces solo hace falta un chispazo que las incendien para que renazcan y se reconfiguren de otra manera. Para alguien que entiende la cultura como una manifestación artística en la que todo el mundo tiene cabida como forma de expresarse más que de rentabilizarla, ver que la sociedad sí cambia y evoluciona es un soplo de esperanza.

Y, aunque parezca de perogrullo, quiero aclarar que no estoy tratando de decir que la cultura haya que practicarla de un modo amateur y de manera altruista. Todo lo contrario. Lo que defiendo y lo que debería calarnos de una vez ya como sociedad es que las manifestaciones culturales nos llevan a ser mejores personas. A los que las realizan y a los que las recibimos. Creo que nadie debe tener el poder de decidir lo que vale y lo que no vale y que se debe defender por encima de todo la existencia de un ecosistema cultural más allá de nombres y de apuestas concretas. Por supuesto, que defiendo que exista una industria cultural con todas sus letras a la que las instituciones ayuden a volar, pero por encima de eso creo que tampoco deben dejar de lado a esa otra cultura que es el inicio y la generación de todo lo que puede venir después.

Las manifestaciones culturales nos llevan a ser mejores personas. A los que las realizan y a los que las recibimos

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Es verano, hace mucho calor y los festivales impregnan prácticamente toda la actividad cultural aragonesa, pero en apenas un mes se iniciará un nuevo curso político y conviene no olvidar que hay elecciones prevista en el año 2023. ¿Apostaremos de una vez realmente por la Cultura o lo haremos por unos fuegos artificiales que asombran por la espectacularidad del momento pero que quizá están escondiendo un modelo de precariedad y plagado de dificultades para conseguir asomar la cabeza en el grupo de los elegidos?

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