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El Periódico de Aragón

FESTIVAL EN EL CAMINO DE SANTIAGO

Crítica de Javier Losilla del concierto de Josetxu Obregón: Un chelo barroco sin pica y con altura

Instrumentista inspiradísimo, el artista es partidario de eso que se ha convenido en llamar en la música antigua 'versión históricamente informada'

Josetxu Obregón durante el concierto que ofreció el lunes en Castiello de Jaca. FECS

Escribo esta crónica desde Huesca, en pleno subidón callejero del comienzo de las fiestas, y mientras reviso el repertorio que el violonchelista Josetxu Obregón ofreció el lunes en la iglesia parroquial de Castiello de Jaca, el bum-bum del sarao de los vecinos (¡viva el vino!) se cuela inmisericorde en la estancia que habito. Así, que aquí me tienen: intentando no enredar a Bach con Ixo Rai! y Seguidad Social. No les auguro por mi parte un resultado brillante.

Obregón fue fundador hace casi 15 años del grupo La Ritirata y con esa formación facturó el 3 de agosto en Hecho una actuación formidable. Pero el músico, que recientemente decidió debutar como solista con el álbum 'CelloEvolution. From Bologna To Cöthen', volvió el lunes al festival En el Camino de Santiago para, con chelo barroco (sin pica de apoyo y con cuerdas de tripa entorchada) en ristre revisar las piezas del disco que les comentaba. Josetxu, instrumentista inspiradísimo, es partidario de eso que se ha convenido en llamar en la música antigua 'versión históricamente informada', o lo que es lo mismo: la interpretación de las obras de la forma más aproximada a la que fueron concebidas y mostradas en su tiempo. Bien, hechas las presentaciones, al lío.

Organizó el concierto sin solución de continuidad para mostrar tanto los elementos comunes a los compositores como la evolución y la consecuente complejidad de las obras

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Sabido es que Bach, a través de las seis suites que escribió para violonchelo, llevó el instrumento a su expresión máxima; pero antes del genio de Eisenach hubo otros creadores que rompieron con la dinámica de otorgar al chelo el papel de bajo continuo para elevarlo a categoría de protagonista. Fueron compositores como Domenico Gabrielli y Giovani Batusta Vitalli, entre otros. Y eso es lo que Obregón quiere resaltar. Así, organizó el concierto sin solución de continuidad (salvo una pausa a mitad de programa para afinar y dar algunas explicaciones sobre el repertorio) para mostrar tanto los elementos comunes a los compositores como la evolución y la consecuente complejidad de las obras.

En la primera parte, la maestría de Josetxu para trasladar a emociones sonoras el lenguaje de las piezas y especialmente las sutilezas tonales brilló especialmente en 'Ricercar Sesto', de Domenico Gabrielli, y en el movimiento 'courante', de la 'Suite nº 1 en sol mayor', de Bach. No obstante, no quitamos oído al 'prélude y al 'allemande' de la también bachtiana 'Suite nº2 en re menor y a la 'Sonata IX', de Domenico Galli, así como al 'Capriccio Quarto', de Giuseppe Maria Dall’ Abaco, y a la 'Romanella en re menor', de Gulio Ruvo que completaron ese tramo de la actuación.

La respuesta del público a esa interpretación y al resto del programa fueron varias tandas de aplausos prolongados. Se imponía, por lo tanto, un bis. O dos

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Ya en la segunda mitad, tras una deliciosa 'sarabande' de la 'Suite nº5', de Bach, y una evocadora 'Tocata V', de Francesco Paolo Supriano, la 'Romanella en la menor', de Giulio Ruvo, me llevó (no sé muy bien por qué) a los territorios musicales del violagambista Marin Marais. Fue eso antes de que Obregón abordase y bordase las 'bourrées I y II' de la 'Suite nº4 en mi mayor', de Bach, cuya complementariedad ofrece detalles de oposición en un hermoso juego rítmico. Y de camino hacia el hipotético final, una 'gigue' de Giuseppe Colombi y 'Capritio', de Giovani Battista Vitali prepararon el camino para la espectacular 'gigue' de la 'Suite nº3' de Bach, en la que el virtuosismo de Obregón hizo honor a las exigencias de Johann Sebastian. La respuesta del público a esa interpretación y al resto del programa fueron varias tandas de aplausos prolongados. Se imponía, por lo tanto, un bis. O dos: 'Ricercar Primo', del ya mencionado Domenico Gabrielli, y otra 'gigue', del muy admirado Bach.

Tras lo cual volvieron los aplausos porque Obregón había dado un concierto con altura (aprovecho que Rosalía entra por mi ventana). Con mucha altura. 

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