Autor de 'La bibliotecaria de Auschwitz', publicada en cuarenta países y ganador del Biblioteca Breve con 'A cielo abierto', el escritor aragonés Antonio Iturbe (Zaragoza, 1967) debuta ahora en la literatura juvenil con 'La teniente Farah', una 'novela de anticipación' que transcurre en varios planetas del sistema solar del siglo XXII.

En una entrevista con Efe, Iturbe aclara que más que haber creado este artefacto literario para los más jóvenes, quiere dirigirse al "joven que todos hemos sido y que no quiere perder ese impulso libertario de ese momento juvenil en el que crees que puedes cambiar el mundo, como le ocurre a Farah, que se rebela contra su destino".

Publicada por Edebé, se trata del primer título de una saga en la que mezcla la ciencia ficción con el género negro y el de aventuras, protagonizado por la agente policial más prometedora de Marte, quien un día decide exiliarse a la Tierra, convertida en un refugio de parias, ante el hecho de que todos los policías del planeta rojo serán sustituidos por robots.

"Entrar en la colonización del sistema solar no es fantasear con nada y, por tanto, es ver si somos capaces de hacerlo medianamente bien"

A juicio de Iturbe, la 'novela de anticipación' "invita a la reflexión y a ver si lo podemos hacer todo un poco mejor que ahora. Entrar en la colonización del sistema solar no es fantasear con nada y, por tanto, es ver si somos capaces de hacerlo medianamente bien".

Confiesa que, como cree mucho en la 'literatura de revelación', "me lancé, en un momento de dudas, cuando se me presentó el personaje de Farah", sin olvidar que se están preparando nuevas misiones para la Luna y para Marte y que "ya se habla de paseos espaciales para ricos, oliendo los tiburones la sangre del dinero que hay allí". "De repente -continúa- han llegado unos empresarios y han sacado sus hojas de cálculo, con lo que tiene eso de malo y también de cosas buenas, porque eso significa que habrá proyectos que se harán y, al final, iremos hacia esos planetas porque alguien va a poner dinero".

En su nueva novela, después del viaje al pasado que supuso 'La playa infinita' (Seix Barral), dibuja una Tierra oscura y tóxica, "de segunda división, suburbial", a la que regresa Farah, que "sería un poco como mi bisnieta, porque en la novela aparecen sus abuelos de 120 años, que son mis hijos". Frente a esta Tierra "en la que solo viven los que no pueden ir a otra parte" está Marte "un planeta moderno, chic, con un gobierno de puritanos tecnológicos, en el que todo es perfecto y rutilante, aunque ha perdido ese punto de vidilla que todavía conserva esa Tierra más tóxica y desordenada".

"Ya se habla de paseos espaciales para ricos, oliendo los tiburones la sangre del dinero que hay allí"

La teniente Farah, nacida en la Tierra pero que con su familia emigró a Marte después de la gran explosión nuclear, no recibe nada bien ser sustituida por robots y, como se niega a aceptar un cargo burocrático en la base lunar, decide volver a la Tierra de la lluvia ácida y de la droga llamada ferro. Debido a una serie de circunstancias, al final su jefe la escogerá para dirigir un pequeño y variopinto equipo de intervención rápida, con carta blanca para resolver situaciones anormales y excepcionales. El primero de los casos a los que se enfrentará el grupo ha ocurrido en Venus, en una base botánica que hay allí, donde ha habido un asesinato, que deberán resolver.

No rehúye que el hecho de ser padre ha marcado mucho esta escritura, porque "yo acompañaré a mis hijos unos años, pero llegará un momento en el que navegarán solos y luego tendrán unos hijos que también lo harán".

Para Iturbe, "la literatura te permite llegar donde la vida no, es un regalo que hace la imaginación, ver cómo podría ser mi bisnieta"

Para Iturbe, "la literatura te permite llegar donde la vida no, es un regalo que hace la imaginación, ver cómo podría ser mi bisnieta, en cierta forma, ver cómo me gustaría que fuera, llámale juego o ese poder de medium que tiene la imaginación".

Además de pensar en nuevas historias protagonizadas por Farah, Antonio Iturbe está metido de lleno en otra novela, cuyo "trampolín es mi abuelo, un hombre de campo, muy sencillo, que apenas sabía leer y escribir, sin ninguna inquietud cultural, pero que en los años treinta tocó el saxofón para dejarlo luego con la guerra". Aunque él nunca lo vio tocar, ha podido reconstruir lo que ocurrió en el barrio rural de Casetas, al lado de Zaragoza, su ciudad natal, con un músico de carrera, con voluntad republicana, llamado Mariano Lozano, que acabó fusilado.