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NOVEDAD EDITORIAL

Leonardo Padura (presenta 'Personas decentes'): "La censura no es revolucionaria, es un ejercicio despótico del poder"

El escritor cubano acaba de publicar su última novela policíaca, novena de la saga de Mario Conde

Leonardo Padura, este miércoles en su visita a Zaragoza. JOSE MIGUEL CALVO

Leonardo Padura ha presentado esta tarde en Zaragoza su última novela, 'Personas decentes' (Tusquets Editores), novena de la serie policíaca de Mario Conde. El escritor cubano, Premio Princesa de Asturias de las Letras en 2015, ha atendido previamente a este diario para compartir varias reflexiones sobre su nueva obra y la actualidad de su país.

Este nuevo libro parte de 2016, un año histórico para Cuba con la visita de Obama, el concierto de los Rolling Stones o la muerte de Fidel Castro.

Fue un momento en el que culminó un proceso que había empezado dos años antes. El 17 de diciembre de 2014 termina mi novela anterior de Mario Conde, 'La transparencia del tiempo', y se anunció que Cuba y EEUU comenzaban a conversar para restablecer relaciones. Hubo esperanza de que las cosas pudieran cambiar gracias a una relación no agresiva con los Estados Unidos, algo muy beneficioso para Cuba. Obama no levantó el bloqueo, pero facilitó muchas relaciones de distinto tipo: cultural, académico, religioso, deportivo e incluso algunas cosas en el terreno económico. Luego, llegó a la presidencia Trump, cuya política esencial fue desmontar las políticas de Obama, incluidas las referidas a Cuba. Endureció el bloqueo, prácticamente cerró la embajada de La Habana y las relaciones llegaron a su punto más bajo. Todo ello, sumado a la pandemia y a la ineficiencia económica tradicional de Cuba, hace que ahora se estén viviendo momentos muy críticos.

En este contexto, crea una novela policíaca en la que el pasado tiene un papel clave. ¿Unir diferentes épocas es más complicado o enriquecedor?

Las dos cosas. Alguien me preguntaba el otro día si era más difícil escribir del presente o del pasado, pero escribir siempre es difícil, todo depende de las condiciones que tengas. En este caso, ese pasado me sirve para entender algunas cosas del presente. Hay un personaje que al final de la novela dice: ‘El pasado nunca se acaba’. Es evidente en todas las sociedades, pero en la cubana y en esta novela de forma particular. Existe una reflexión sobre tres momentos diferentes: 1909–1910, en la que se desarrolla toda la historia sobre un personaje real, Alberto Yarini y Ponce de León, el proxeneta más famoso de la historia de Cuba; un segundo momento, en la década de los 70, con toda la represión a los intelectuales, lo que llamábamos 'parametración'; y el presente, en 2016, con ese contexto del que hablábamos antes. Se crean espejos en los que las épocas se reflejan y complementan. Saber de donde venimos nos ayuda a entender mejor donde estamos.

Define su obra como "la más policíaca y habanera" de la serie.

Habitualmente, resuelvo mis novelas policíacas con un crimen, pero en esta hay dos en el presente, dos muy cruentos en el pasado y otras que suceden después. Hay dos investigaciones policiales, una pasada y otra presente, que se desarrollan en dos momentos muy especiales para La Habana, viendo la ciudad no solo como un espacio físico, sino en un contexto cultural y espiritual. Esa es la forma que tengo de entender la ciudad, algo que comparto con Mario Conde, y a través del que intento transmitirlo.

"Siempre tengo una conciencia de que puedo utilizar la Historia, pero no debo tergiversarla"

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¿Cuánto hay de real en ‘Personas decentes’ y cuánto de ficción?

Esa es la pregunta que nunca puedo responder. Cuando hay novelas con un peso importante de la Historia, en la misma selección de acontecimientos hay una mirada de novelista. Me alimento de toda la información que pueda complementarse con la imaginación y con las necesidades dramáticas del texto. Es algo que sé en el momento que investigo, pero cuando escribo ya no sé lo que es totalmente real. Lo que siempre tengo es una conciencia de que yo puedo utilizar la Historia, pero no debo tergiversarla. Hay que respetar la inteligencia del lector y su confianza en la letra impresa, que todavía hoy le da cierto prestigio a lo que uno dice.

Uno de los crímenes concierne a un exdirigente del Gobierno cubano, un censor de artistas. ¿Este libro se va a publicar en Cuba?

No lo sé. En 2010, cuando presenté en la Feria del Libro de La Habana 'El hombre que amaba los perros', dije públicamente que estaba asistiendo a un momento al que nunca pensé que asistiría. Después no circuló bien, pero el caso es que se publicó. Además, hay problemas en todo el mundo con el papel, y en Cuba es una crisis total. No hay papel. Puede ser que sea censurada por lo que dice o por esta realidad, o puede ser que a pesar de todo salga publicado. La gran diferencia entre Cuba y lo que fue el socialismo y la política cultural en la Unión Soviética, es que a veces ocurren hechos que salen de la lógica y cambian las lecturas posibles que uno pueda tener. Esas peculiaridades cubanas a veces cambian las cosas.

"Los poetas pertenecen a la lengua y los novelistas, a la ciudad"

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Usted está en primera línea cultural. ¿Ha notado cambios en estos últimos años?

La sociedad cubana, para bien o para mal, tiene un cierto movimiento que no sé si es evolución o involución, pero algo de 'volución' tiene. Las personas y la sociedad cambian, pero existe la sensación de que nada se mueve porque la estructura económico–política del sistema es la misma. Para hacer cultura no solo hace falta talento y creatividad, también hace falta dinero, y no lo hay para imprimir libros, para hacer cine o teatro, muchos artistas plásticos están fuera, se censura a músicos... Siento que el mundo cultural cubano está muy descentrado por la falta de posibilidades económicas. En mi caso particular, se complica mucho más por una política de invisibilización y censura en la televisión, en la radio o en los periódicos.

¿Nunca se ha planteado dejar Cuba?

No, no. Esa pregunta ya la he respondido millones de veces. Tengo una relación de pertenencia muy fuerte con respecto a Cuba y mi casa, el lugar donde nací y donde he vivido toda mi vida. Tengo una relación muy visceral con su cultura, en el sentido más amplio de la palabra. Los poetas pertenecen a la lengua y los novelistas pertenecen a la ciudad, y yo soy, como Conde, una lapa pegada a mi ciudad.

¿No cree que esa censura va en contra de los ideales de la Revolución cubana?

El ejercicio del arte debe tener el máximo de libertad. Por supuesto, un arte que promueva actitudes racistas, xenófobas, homófobas o fascistas supone un límite que no se debe transgredir. El resto de censuras no son ni revolucionarias, ni socialistas, ni comunistas, ni progresistas. Son ejercicios despóticos del poder.

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