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El Periódico de Aragón

Guardando las distancias: No desprecien al personaje

El género negro engancha y va a lo más hondo de las pulsiones del ser humano

Juan Bolea, en una escena de ‘Pálido monstruo’. EL PERIÓDICO

Lo anunciaron de refilón, sorpresivamente, en medio de la gala de clausura del festival de Aragón Negro. De repente, la pantalla se fundió a negro y apareció un Juan Bolea convertido en actor confesando algo inconfensable. Era el teaser del primer cortometraje que el equipo de la cita, de la mano de Infinity, estaba preparando. Una adaptación de 'Pálido monstruo', la novela de Juan Bolea, que a su vez era el director y el guionista de la producción audiovisual que anunciaba su estreno para septiembre.

Bolea, siempre obsesionado con hacer personajes creíbles, que se desarrollen en sus tramas, que vuelven con su vida propia al ritmo que el espectador los va desgranando, lleva años obsesionado con relanzar el género negro, con conseguir que poco a poco vuelva adquirir los vuelos que tenía antaño. O mejor dicho, que regrese a los lugares de la expectación y de los ritmos seriados. Así ideó su proyecto con la editorial Alrevés, siete novelas (una por año) que van viendo la luz y, como no podía ser de otra manera, desde ahí ha surgido este proyecto de 'Pálido monstruo'.

El resultado, que se estrenará al público la última semana de septiembre y que vendrá acompañado de algún anuncio sorpresa (ya les adelanto que ambicioso), es un cortometraje (de algo más de 12 minutos) en el que, en apenas unas escenas, la trama se desarrolla a un ritmo vertiginoso, se reconstruye en la mente del espectador y, lo que es más importante, crece en el interior del que lo está viendo para llegar a plantearse preguntas más elevadas.

Estamos hablando de una producción con medios modestos pero cuyo resultado (poniendo todo en la balanza) es asombroso, con una labor de montaje precisa que apunta a ser el comienzo de muchas más.

Los ideólogos del proyecto son ambiciosos y cuenta con un equipo joven con ganas de romper moldes. Creo que podemos estar ante el comienzo de una factoría que relance como decía al principio el género negro. Un género que ha superado ya esa etapa en la que desde la crítica especializada se le tachaba de literatura menor en la que no primaba la calidad de la propuesta.

Han sido los escritores del mismo los que se han encargado de elevarla a otro nivel y de reivindicar que el consumo de literatura no tiene por qué estar reñido con la calidad de la misma. Esta misma semana hemos tenido en Zaragoza a Leonardo Padura. Ya saben, el cubano que creó a Mario Conde (no el banquero) y que ha construido una serie con lectores en todo el mundo. Él lo tiene claro, el género negro engancha y va a lo más hondo de las pulsiones del ser humano. Y lo dice alguien que tiene que convivir en Cuba con muchas dificultades en muchos aspectos (no desvelamos nada nuevo).

Las noticias de sucesos son las más leídas en todos los medios de comunicación del mundo y, probablemente, de las más comentadas en las barras del bar. La novela negra, al fin y al cabo, tiene la misión también de llenar ese interés de la gente por las miserias del ser humano. Ahora bien, como en todo, hay novela negra buena y mala. Y quizá una de las carencias que últimamente se está apreciando más (y que esperemos que en algún momento vaya a menos) es el desprecio al desarrollo de los personajes. No conviene que la literatura deje de lado este aspecto porque el ser humano evoluciona y nada sucede sin ningún momento (real o aparente detrás). Y si no, para ir abriendo boca, lean o vean 'Pálido monstruo'.

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