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Novedad editorial sobre un personaje único

Juan Manuel de Prada reconstruye la vida de la poeta y atleta Ana María Martínez Sagi

El escritor publica una extensa biografía que recupera el legado de la poeta catalana

Juan Manuel de Prada, el pasado miércoles en el antiguo Casino Mercantil de Zaragoza, actual sede de Caja Rural de Aragón. Jaime Galindo.

Ana María Martínez Sagi es una de tantas poetas olvidadas por la historia. Personajes que, en algún momento de su vida, gozaron de un gran reconocimiento a su labor, pero que por una u otra circunstancia acabaron desterrados en el más profundo anonimato. Pero la catalana no era una más. Además de poeta, Ana María Martínez Sagi fue periodista, deportista –fue campeona nacional de jabalina en 1931– y la primera directiva de un club de fútbol europeo, el FC Barcelona, en 1934. Precisamente, los años 30 fueron ese momento álgido en la vida profesional de Martínez Sagi.

Entonces, ¿cómo es posible que una figura de tal magnitud sea una auténtica desconocida para la mayoría? Esa misma pregunta se hizo el historiador Juan Manuel de Prada hace más de 25 años, momento en el que empezó su obsesión por recuperar su memoria tras descubrirla por casualidad. «En los años 90 era una persona muy inquieta, muy preocupada por los escritores malditos que no habían logrado el éxito. Un día descubrí una entrevista que le hace César González Ruano, periodista reconocido de la época, en la que habla de una chica que viene a presentar su primer libro de versos a Madrid», explica De Prada, y prosigue: «Una mujer que lanza jabalina, que era sindicalista, republicana... Me resulta un personaje fascinante, pero al preguntar, me doy cuenta de que nadie la conoce, y me lanzo a descubrirla». Ahora, más de dos décadas después, el escritor publica una completa biografía de 2.000 páginas sobre su figura, 'El derecho a soñar' (Planeta), la cual presentó en Zaragoza el miércoles de la pasada semana.

«En esencia, fue una poeta catalana, coetánea de la generación del 27, pero que además fue una mujer muy activa en la vida cultural, periodística y deportiva de los años 30», cuenta Juan Manuel de Prada a este diario. Una vida que pudo conocer de primera mano, ya que, al poco de saber de su existencia, llegó su segundo descubrimiento: Ana María Martínez Sagi seguía viva, con 90 años, en la localidad barcelonesa de Moyá, recluida en el más absoluto anonimato. «Cuando la conocí ya era una mujer muy desengañada, había sufrido muchos varapalos en su vida. Pero, al mismo tiempo, guardaba un tesoro de vivencias y episodios increíbles», asegura el autor.

Ana María Martínez Sagi, en una de sus facetas: el lanzamiento de jabalina.

Además de sus hazañas deportivas, y tras una primera aproximación al catalanismo, Martínez Sagi quedó prendada del ideario anarquista, algo que choca con sus orígenes burgueses. En 1937, tras el estallido de la guerra civil marchó al Frente de Aragón junto a las columnas lideradas por Joaquín Ascaso. «La experiencia anarquista en Aragón le marca muy profundamente», detalla De Prada. Tras la guerra, la entonces reportera se vio obligada a exiliarse a Francia, donde vivió en primera persona la ocupación nazi. «Pese a esa vida tan dura, aún guardaba un rescoldo de sensibilidad y delicadeza», recuerda el escritor. Y es que sus duras vivencias contrastaban con su espíritu poético, «su vocación más verdadera», algo que fascina sobremanera al historiador vasco: «Esa sensibilidad lírica en una mujer tan curtida me emociona».

Su obra poética, de hecho, es la parte más atractiva de Ana María Martínez Sagi, según el propio Juan Manuel de Prada. «Ser una mujer a la contra de los tiempos (lesbiana, anarquista de orígenes burgueses, catalanista pero que escribe en castellano, feminista pero que se enfrenta a otras feministas), la convierte en un personaje mucho más atractivo. Pero si por algo merece ser recordada es porque tiene un talento poético fuera de lo común». Dicha poesía, mucha de ella inédita, fue cedida por la propia autora catalana al escritor, con la promesa de publicarla 20 años después de su muerte. «Y en eso estoy ahora», señala De Prada.

La complejidad humana

En términos del historiador, Ana María Martínez Sagi representa a la perfección dos realidades. Por una parte, la tremenda complejidad humana. Lo hace, por ejemplo, con sus tendencias sexuales. «Su tendencia más arraigada es hacia las mujeres –expone–, y de hecho la gran relación de su vida es con la escritora Elizabeth Mulder. Pero también se acostaba con hombres, en las que el elemento desencadenante fue su deseo de ser madre». Un deseo del que el autor prefiere no revelar si llegó a buen término, ya que es «uno de los secretos que se desvelan en el libro». Por otra parte, la poeta catalana fue la perfecta reencarnación de lo que fue el siglo XX en España y Europa: «Hay una serie de tensiones internas que la convierten en un personaje muy ilustrativo de lo que fue esa época».

«Hoy en día, tenemos una concepción humana demasiado esquemática y estereotipada. Nos gusta crear antagonismos, pero cualquier persona es un mundo mucho más complejo», sostiene De Prada, algo que es la base de esta obra. «La moraleja que se desprende, también en el título, es que no somos de una pieza. Cometemos errores, y a través del sueño nos redimimos. Ana María tuvo una vida muy dura, y llegó el momento en el que necesitó dulcificarlo a través del sueño», concluye. Una vida que, sin lugar a dudas, merece la pena reivindicar. 

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