NOVEDAD EDITORIAL

Elvira Navarro: "La sociedad actual permite muchas menos reflexiones personales"

La escritora onubense acaba de publicar la novela 'Las voces de Adriana'

Elvira Navarro, el pasado martes en Zaragoza.

Elvira Navarro, el pasado martes en Zaragoza. / Jaime Galindo.

Álvaro Jordán

Álvaro Jordán

Lo único que el ser humano sabe con certeza es que la muerte resulta inevitable, tanto para sí mismo como para sus seres queridos. ¿Pero cómo puede una persona reordenar su mundo interno mientras afronta la pérdida de alguien preciado? Esa es la premisa que la escritora andaluza Elvira Navarro aborda en su nuevo libro: 'Las voces de Adriana', el cual presentó el pasado martes en la librería Cálamo de Zaragoza.

Adriana, la protagonista de la historia, ha sufrido la pérdida de su madre. Su mundo se ha desmoronado y debe cuidar a su padre, el último familiar vivo que le queda. A pesar de haber sufrido un ictus y encontrarse en una silla de ruedas, el padre de Adriana se niega a recibir los cuidados de su hija y se dedica a ver la televisión mientras fuma dos paquetes de tabaco al día.

Mientras tanto, Adriana se ha convertido en una voraz espectadora de la vida de los demás a través de las redes sociales y una tímida consumidora de una 'app' de citas, lo que acrecienta su sensación de estancamiento ante un mundo «lleno de voces». Es ahí donde Navarro plantea la cuestión sobre si una persona debe romper con la inercia y los fantasmas del pasado, o debe rendirse ante las voluntades de los fallecidos y cumplir el rol que dejaron atrás.

La inspiración de Navarro para escribir el libro viene de varias partes según detalla: «Hubo un detonante personal que fue la muerte de mi madre en 2011. A partir de ahí, comencé a redactar sobre el tema sin intención de publicar una obra. Solo quería reflexionar conmigo misma». Sin embargo, en 2015, tras visualizar la aclamada película 'Cría Cuervos' (1976), del difunto director Carlos Saura, «se me encendió la bombilla y escribí casi del tirón la última parte del libro, la cual dejé enfriar en un cajón durante bastante tiempo. El libro final tomó mucha inspiración de la película de Saura, y tardé bastante en publicarlo. Era un texto muy corto y necesitaba un contexto previo, construir una atmósfera que le diera sentido», comentó Navarro.

Se trata de un libro creado a partir del final, una costumbre bastante típica en varias obras de la autora. Dentro del libro, una de las temáticas principales en las que la escritora incide es la interdependencia y ese cambio de roles de padre e hija: «En el caso habitual, los padres cuidan del hijo hasta que crece. Pero cuando un padre o una madre necesitan ser cuidados, hay un conflicto de autoridad. El padre de Adriana no quiere cuidarse y, por supuesto, él está en su derecho para decidir lo que quiera con su cuerpo. Pero eso provoca un conflicto de intereses en Adriana», indica la autora.

Asimismo, Navarro explica que el estancamiento de la protagonista se debe a varios motivos: «El primero es el laboral. Se encuentra terminando una tesis doctoral que le aburre. Por otro lado, ella es muy solitaria y no le gusta cómo está construida su vida porque no tiene ningún lazo fuerte de amistad. El único lazo fuerte que conserva es el de su padre, por lo que teme por su muerte y que se quede verdaderamente sola». Entre esa insatisfacción, la protagonista se evade con las redes sociales. Elvira Navarro quiso incidir sobre todo en la adicción actual a las redes y en la pérdida de la intimidad a causa de internet: «Estamos perdiendo nuestro flujo de conciencia. Nos encontramos ante una sociedad que permite muchas menos reflexiones personales. Siempre estamos conectados al ruido de fuera».

El "postureo" de las redes

En su opinión, «siempre ha habido postureo y afán de querer aparentar, mucho antes de internet. Pero ahora todo ocurre en las redes, de una manera supuestamente más libre pero superando los límites». «Ahora nos lo juzgan todo: cómo comemos, vestimos, si vamos al gimansio o, incluso, si somos más guapos o feos. Son un montón de parcelas codificadas de manera muy sutil. Hoy en día, se supone que somos libres de seguir una costumbre o no; pero, sutilmente, tenemos muchos modelos de cómo se debe vivir: qué debemos consumir, qué aspecto se debe tener o qué estado de ánimo tenemos que mostrar», continúa.

Como pequeña reflexión hacia la muerte, la autora admite que ésta, en la mayoría de los casos, solo se asimila pero no se suele aceptar: «La aceptación es mucho más complicada, así que entiendo que casi nunca suceda. Necesitas de un entrenamiento y concienciación espiritual para poder aceptar que un ser querido se ha marchado para siempre». 

En este sentido, su novela trata sobre todo «las lealtades que no se acaban de querer. Hay lealtades que no tenemos problema en cumplir, pero otras nos dañan y obligan a hacer cosas que antes criticábamos. Necesitamos tener un criterio en condiciones para valorar qué lealtades nos ayudan, y cuáles no».