RESEÑA LITERARIA

Crítica de 'La voz de los valientes': Dioses y monstruos

La novela de Rafael Tarradas Bultó tiene un ritmo trepidante que invita al lector a ser cómplice

El escritor de ‘La voz de los valientes’, Rafael Tarradas Bultó.

El escritor de ‘La voz de los valientes’, Rafael Tarradas Bultó. / GIANMARCO PANAREA

Javier Lahoz

El primer libro del escritor Rafael Tarradas llegó a las librerías, igualando la velocidad de un torbellino, dispuesto a cautivar. Y lo logró, ganándose de inmediato el aplauso como heredero. Desde entonces su recorrido ha sido siempre ascendente, sin importar esas leyendas urbanas que anuncian incertidumbres cuando se tiende a comparar las sucesivas obras de un mismo autor. Olvídense. Recientemente ha aparecido, mostrando mayor ímpetu si cabe, su tercera novela, 'La voz de los valientes', y resulta imposible desentenderse de los elementos que la componen. Hay aventura para los aventureros; hay abundancia de detalles para los observadores; hay intrigas y ardides para los temerosos; hay entresijos familiares para los nostálgicos; hay lujo para los exquisitos y hay tramas ocultas para los sórdidos. Existen novelas que lo tienen todo como si del mejor menú se tratara, pues contienen los mejores ingredientes y se han cocinado con amor infinito. Existen épocas repletas de historias que forman parte de un imaginario común a las que, quizás con un sentimiento deudor, conviene regresar a menudo.

A veces parece que cada uno de los capítulos de esta obra comienza al grito de acción, con personajes que no dejan de maquinar maldades o bondades, según se mire, absortos en el proceso de desaparición de un mundo que fulmina el orden establecido y a quienes lo habitan. El ambiente apesta a guerra y parece imposible adivinar, tal y como deviene el desarrollo de los acontecimientos, por dónde van a ir los tiros. Las fronteras delimitan el territorio comanche y quien avance en la dirección equivocada se arriesga, en el mejor de los casos, a que le exijan mil y una explicaciones. De ahí que haya quien prefiera simular que un paseo al aire libre, un encuentro inocente o una conversación familiar se ciñen a lo que bien podrían considerarse planes sensatos y sencillos. El contrapunto lo componen todos los que, en su atroz desvarío, celebran una fiesta salvaje u organizan una cruel cacería, actividad que puede surgir de pronto como broche final a esa noche regada con champán y avivada con caviar. El nazismo enseña sus afiladas garras y parece imparable. No hay quien lo detenga, ni siquiera aquellos que han optado por permanecer encerrados en su castillo. O incluso los encerrados fuera de su castillo. Las fortalezas han dejado de ser inexpugnables y se venden a precio de saldo.

Cómplice de los despropósitos

Es una escritura trepidante que invita al lector a ser cómplice de numerosos despropósitos. Es fácil sentirse perseguido cuando los demás obran a través de la fuerza, sin recurrir al diálogo ni entrar en contemplaciones. Hay que tomar partido. Y para ello nada mejor que empezar por ellas, dos grandes que responden a los nombres de Inés y Hilda, primas para más señas, que se arman de valor para desarmar a quienes carecen de él. Cada una en su país, y dentro de sus posibilidades, intentan darle un sentido al horror que les rodea. Tipos malísimos, minas de wolframio, espías implacables, amantes a deshora, muertes inesperadas, sospechas infundadas, discursos temibles, escenarios desasosegantes y trampas diseñadas para la supervivencia son recursos de los que Rafael Tarradas se sirve para poner en pie una época fascinante que otros se obstinaron en derruir a cada paso. Queda clara su desmedida pasión por la historia, sus amplios conocimientos, su afán documentalista, los datos concretos de fechas y lugares, la precisa descripción de sus protagonistas, el homenaje constante a sus antepasados.

Como si se tratara de un mecanismo de relojería, las piezas encajan a la perfección. Estructurada en capítulos cortos que alternan las distintas tramas, la obra concentra atención e interés, porque entrar en sus páginas es como elevarse hasta alcanzar cumbres inesperadas para a continuación descender hasta transitar por profundos valles, como podría haber sido el de los arcángeles, un lugar que el autor bien conoce y que nos legó a los lectores en su trabajo anterior. En 'La voz de los valientes', publicada, al igual que sus dos predecesoras, por la editorial Espasa, no se admite tibieza. Quedarse impasible frente a la injusticia no entra en la cabeza de estos personajes que buscan darle importante repercusión a sus actos. El mundo puede cambiar de la noche a la mañana aunque nunca se da un primer paso si antes no se han dado cientos, y no es extraño que lo que parezca improvisado lleve largo tiempo cociéndose a fuego lento. Quizás así le ocurra a la literatura misma.

Esta es también una novela de larga proyección que habrá de aunar miradas y opiniones entre quienes se reúnen en torno a los libros con el objetivo de sacarles toda la miga posible. Lean y escuchen a Rafael Tarradas, y siéntanse parte del torbellino.