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TOROS

Manuel Escribano y Sergio Galán a hombros en Calatayud

El Fandi corta una oreja en una tarde de calor asfixiante y con las peñas al mando

El rejoneador Sergio Galán ha salido por la Puerta Grande este lunes en Calatayud.

El rejoneador Sergio Galán ha salido por la Puerta Grande este lunes en Calatayud. / JOSÉ LUIS PINILLA

Carmelo Moya

Carmelo Moya

CALATAYUD

La baja de Manuel Díaz 'El Cordobés', herido de gravedad el sábado en Huesca, sobrevolaba el coso que llaman de Margarita, en Calatayud. La corrida con el hierro de Orive, de procedencia Salvador Domecq, estaba prevista muy a modo para la gira de despedida del popular torero: cuerpos menguados, caras brevísimas y escasamente ofensivas, mínimas exigencias.

A ella se habían apuntado El Fandi y Sergio Galán, a caballo. Manuel Escribano, fue recurso de última hora para cuadrar el cartel.

Los tendidos, colonizados por las peñas que por San Roque son el motor de la fiesta, se distinguen por colores y por sectores. Rosa, naranja, verde, azul, morado y amarillo en bloques próximos pero no mezclados. Llueven bocadillos y helados de hielo, suenan las charangas mientras que lo del ruedo es una excusa para su movida.

Por eso les da igual que la corrida no dé de sí, algunos toros se caigan durante la lidia y haya que colearlos para devolverlos a la vida. No hay exigencia y el palco se contagia fácilmente.

Orejas excesivas

Las dos orejas con las que fue agasajado el rejoneador Sergio Galán se antojan excesivas. Nadie las pidió. Cierto que el caballista de Tarancón se distingue por un toreo sobrio, elegante, académico y alejado de los acostumbrados guiños a los tendidos. Pero la cosa, con ser lucida no fue para tanto.

En su otro lo tuvo imposible. El canijo burraco echó el ancla y todo fue a toro parado.

En esa mezcla despistante para ojos no entrenados, se alternaron los matadores a pie. El Fandi, ese todoterreno a piñón fijo no se salta ni un día el guión: cambiando de rodillas, luego a la verónica y media de tirón poco templada. El toreo a latigazos.

Compartió banderillas con Escribano antes de andarle ratoneando a un toro cuya embestida tuvo que interceptar una y otra vez. Prohibido cruzarse. Como mucho al hilo del pitón.

Imposible por parado el quinto, el más aparente por fuera pero que acabó por derrumbarse.

Mientras, Escribano se topó con el toro de la tarde. Sus hechuras no eran homologables con las del resto. Su cara redondona, más acarnerada, el perfil más lleno y el lomo tendido, no quebrado como el de los cinco anteriores, delataba otra línea genética. Sea como fuere fue un toro superior desde el principio. Que vio al picador fugazmente pero que apretó con alegría en banderillas y llegó a la muleta con cien mil embestidas siempre por abajo.

Escribano lo saboreó tanto que tuvo la tentación de forzar el indulto (no contemplado en una plaza de tercera categoría). Alargó tantísimo la faena que esa primera explosión fue diluyéndose hasta la hora de cazarlo, a regañadientes, de estocada baja que no bastó de inmediato.

Pasó pues del éxito rotundo e incontestable al final vulgar y menos relevante. Mientras, el sobresaliente Enrique Martínez ‘Chapurra’ pasó inadvertido. Su consuelo es que hoy también se viste para el mano a mano Perera/Jorge Isiegas. Aquí la cosa es cortar el cupón.

LA FICHA

Corrida mixta. Seis toros de Orive. El rejoneador Sergio Galán dos orejas y silencio; los matadores El Fandi (oreja y silencio); Manuel Escribano, que sustituía a El Cordobés, oreja en ambos. Buena entrada.

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