Magallanes, en La Aljafería
El explorador portugués Fernando Magallanes pasó parte del verano de 1518 en Zaragoza

Fernando de Magallanes, Museo Naval de Madrid. / SERGIO Martínez Gil HISTORIADOR Y CO-DIRECTOR DE HISTORIA DE ARAGÓN
Estos últimos años, entre 2019 y 2022, se ha conmemorado con diferentes iniciativas culturales a todos los niveles el quinto centenario de la primera vuelta al mundo de la historia de la humanidad. Un proyecto ideado por el navegante portugués Fernando de Magallanes y que costeó la Monarquía Hispánica del emperador Carlos de Habsburgo.
Una historia que tuvo muchos escenarios, y uno de ellos y en los pasos iniciales del proyecto nos lleva hasta Aragón y, más concretamente, hasta la ciudad de Zaragoza y al palacio real de La Aljafería.
Todo comenzó en las primeras décadas del siglo XV, cuando el reino de Portugal, volcado hacia el Océano Atlántico, inició sus exploraciones de la costa africana para intentar sacar beneficio comercial e incluso también para buscar una ruta con la que rodear África y poder comerciar de forma directa con la India. Una ruta todavía más necesaria si cabe cuando Constantinopla (actual Estambul), el gran nudo de las lucrativas rutas comerciales que venían de Asia y que la unían con el resto de Europa, fue conquistada por los turcos otomanos en 1453.
Fue ya hacia finales de ese siglo cuando Cristóbal Colón planteó una alternativa para viajar hacia Asia con un proyecto que consistía en llegar hasta allí pero viajando hacia el oeste. Sin embargo, los datos que él tenía sobre el diámetro del planeta Tierra eran erróneos, pues pensaba que era más pequeño, de modo que más o menos donde pensaba que iba a encontrarse con las islas de lo que hoy es Japón, se encontró con las islas Bahamas como antesala a América. Aun así, y conforme se fue explorando el continente americano en las décadas siguientes, siguió buscándose un paso marítimo gracias al cual poder sortear ese nuevo mundo y poder llegar igualmente a Asia viajando hacia el oeste desde Europa, tal y como había planteado Colón a Fernando II de Aragóny a Isabel I de Castilla.
Y es en este momento de la historia cuando aparece el portugués Fernando Magallanes, un navegante que también buscaba riqueza y fama en esta nueva era de las exploraciones y que presentó su proyecto para encontrar y abrir un paso viable al rey Manuel I de Portugal. Sin embargo, este rechazó el financiarlo ya que los portugueses ya habían conseguido por fin llegar y abrir una ruta hacia la India y al lucrativo comercio de las especias rodeando África, así que no veía la necesidad de financiar otro costoso viaje. Magallanes no se desanimó y siguió la misma ruta que había hecho Cristóbal Colón años atrás, llegando a la corte de un jovencísimo Carlos de Habsburgo que, en enero de 1516, y tras la muerte de su abuelo Fernando el Católico, heredó los Estados de la Corona de Aragón y también comenzó a gobernar en Castilla.
Magallanes fue siguiendo los pasos de un Carlos de Habsburgo que llegó a sus nuevos dominios hispánicos en 1517 y que necesitaba ser reconocido y jurado como rey en los distintos Estados, además de recaudar una cuantiosa cantidad de dinero que se hacía más que necesaria para sus proyectos, especialmente para pagar su futura candidatura a ser el emperador del Sacro Imperio Romano Germánico y suceder así a su abuelo Maximiliano. La primera parada fue Castilla, donde a inicios de 1518 convocó sus Cortes y donde por fin Magallanes pudo presentar al monarca su ambicioso proyecto. El rey Carlos aceptó financiarle, y el 22 de marzo de ese mismo año se firmaron las Capitulaciones de Valladolid, quedando así estipuladas las condiciones de ambas partes.
Sin embargo, todavía podían acabar siendo papel mojado, ya que el embajador portugués, Álvaro de Costa, estaba ejerciendo una enorme presión para que el viaje no se llevara a cabo. Oficialmente se encontraba allí para negociar la boda del rey Manuel I con la infanta Leonor, hermana del rey Carlos. Pero el embajador también tenía la misión de hacer fracasar la expedición por los medios que fuera. Así fue como tras abandonar Valladolid, el rey y toda la corte marcharon a Zaragoza, a donde llegaron el 7 de mayo de 1518 alojándose en el palacio real de la Aljafería en los ocho meses siguientes.
El embajador trató de convencer primero a Magallanes, que a pesar de haber firmado ya las capitulaciones en Valladolid, tuvo que acompañar a la corte hasta Zaragoza debido a todas esas presiones que estaba ejerciendo Álvaro de Costa. Este intentó también convencer al rey, e incluso llegaron hasta la capital aragonesa rumores de que los portugueses podían llegar a asesinar al propio Magallanes. Todo esto convenció al rey Carlos de que si los portugueses estaban tan desesperados, es que el proyecto de Magallanes podía ser muy rentable para la corona. Así, el monarca dio por fin la orden a Magallanes para que partiera hacia Sevilla y empezara a organizar una expedición que, aunque no estaba previsto, acabó dando la primera vuelta al mundo de la historia y que tuvo también parte de su origen en Zaragoza. Un viaje, eso sí, que no completaría el navegante portugués, pues murió en las Filipinas y fue completado por Juan Sebastián Elcano.
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