MÚSICA

Crítica de Javier Losilla del concierto de Mick Harvey: Cuando éramos hermosos y jóvenes

Este escriba salió del concierto con la sensación de que el músico no pasa por su mejor momento artístico

Mick Harvey durante su actuación del domingo en Zaragoza dentro del ciclo Bombo y platillo.

Mick Harvey durante su actuación del domingo en Zaragoza dentro del ciclo Bombo y platillo. / PEDRO ANGUILA

Javier Losilla

Javier Losilla

No podemos juzgar a Mick Harvey por sus gozosas colaboraciones con Nick Cave y PJ Harvey, sin duda una gran marca en su carrera como músico, sino por su trabajo en solitario como artista que ha transitado por los caminos periféricos del rock, escribiendo e interpretando un puñado de certeras y perturbadoras canciones, además de hacer suyas grandes piezas ajenas. Harvey actuó el domingo en el zaragozano Centro Cívico Salvador Allende, dentro del ciclo Bombo y platillo. Llegó acompañado por un circunstancial cuarteto de cuerdas (contratado para su gira española) y por la discreta cantante mexicana Amanda Acevedo, pareja artística con la que editó el año pasado el álbum 'Phantasmagoria in Blue'.

De ese disco ofreció cinco piezas, y de 'Five Ways to Say Goodbye', su grabación más reciente, seis. El resto del repertorio lo rescató de álbumes anteriores. En unos y en otros, Mick recrea canciones ajenas, y de esas ofreció unas cuantas el domingo. Objetivamente, la presencia de Amanda Acevedo no aporta gran cosa al universo de Harvey, más allá de la apañada interpretación bilingüe (español e inglés) de una versión de 'Unicornio', de Silvio Rodríguez, y otra de 'Al Alba', de Aute. El cuarteto de cuerdas (dos violines, viola y chelo), por otra parte, hizo lo que pudo con unas músicas que apenas conocía y a las que no pudo extraer todo su potencial.

El carisma de Mick

Así las cosas, toda la atención estaba puesta en la voz, la guitarra y el carisma de Mick. Con esas armas pasó sin profundidad por canciones como 'At Hevaven’s Gate', 'When We Were Beautiful & Young', 'Photograph' (las cuerdas vocales le jugaron una mala pasada en los agudos), 'Milk & Honey' y 'Dirnap Stories'. Con 'Phantasmagoria in Two', de Tim Buckley, rompió la rutina. Pero el cambio no duró mucho: con 'Love Is Battlefield', una composición de Pat Benatar, 'I Wish That I Were Stone', 'Suitcase In Berlin' (de Marlene Dietrich) y 'The Art of Darkness' volvió a la tónica de la normalidad. Mas, como Harvey aprieta, pero no ahoga, regresó a la intensidad con 'We Have an Island' y 'Setting You Free', la canción del primer adiós. De vuelta al escenario sorprendió con una notable revisión de 'Out of Time Man', composición de Mano Negra que el grupo grabó en su álbum 'King of Bongo', y salvó bien los muebles con dos aproximaciones a Serge Gainsbourg: 'Prévert’s Song' y 'Bonnie & Clyde'. Los aplausos le obligaron a regresar para despedirse a lo Tim Buckley con 'Song to the Siren'. 

Más allá de la devoción que se pueda sentir por Mick Harvey y su trabajo (los espectadores que llenaron el salón de actos del Salvador Allende la demostraron creces), este escriba salió del concierto con la sensación de que el músico no pasa por su mejor momento artístico. Puede que el tiempo haya tomado decisiones por él y los años no esperados hayan llegado veloces. "Las décadas futuras no formaban parte de ningún plan / Con mil versos aún no cantados / Cuando éramos hermosos y jóvenes", dice una de sus letras. 

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