OPINIÓN

Guardando las distancias: ¿Adiós a una ventana contra la uniformidad cultural?

El Slap! Festival, cancelado este año, es una manera de hacer las cosas diferente

El Slap! Festival se celebraba en el campin de Zaragoza.

El Slap! Festival se celebraba en el campin de Zaragoza. / El Periódico

Daniel Monserrat

Daniel Monserrat

Hace cuatro años, en 2019, por estas fechas, el Slap! Festival estaba a punto de cumplir su décimo aniversario y su creador, Víctor Domínguez, decía en una entrevista en este periódico que Zaragoza era la ciudad para que este festival naciera, que no podía haberse dado en otra. Cinco años después, cuando la cita (asociada inseparablemente al campin de Zaragoza) iba a celebrar su décimo tercera edición, acaba de anunciar que la propuesta se cancela.... al menos durante un año. La idea de su responsable es volver el año que viene. En realidad, a poco que se conozca a Víctor uno sabe que la idea es que no se vaya nunca el festival, seguir apostando por descubrir nuevos grupos como sello único del evento y seguir ahondando en la tradición de música negra que siempre ha tenido la ciudad... pero, a estas alturas, uno ya sabe, y Víctor Domínguez el primero, que hasta la creatividad está supeditada demasiado a la rentabilidad. Cosas del mundo en el que habitamos.

El Slap! no es un festival de fácil rentabilidad y durante este tiempo sus responsables han tenido que pelear contra todo para poder mantenerlo en pie, pero, al mismo tiempo, hacía de Zaragoza una ciudad única por la simple presencia de un festival que escapaba de todos los cánones y aportaba frescura a un cada vez más saturado mercado de eventos culturales (aunque muchos de ellos sean puro fuego de artificio).

El entusiasmo de sus gestores hizo que el Slap! llegara a contar hasta con una edición de invierno, pero, desgraciadamente, los números no acababan de cuadrar como se merece una propuesta de este tipo. Y aun así llegó con vida hasta este 2024 en el que también se había anunciado edición en un campin renovado porque, en principio, se confiaba en contar con los mismos (y exiguos, todo hay que decirlo) apoyos económicos y de infraestructura en forma de patrocinadores con los que se contaba hasta ahora. No ha sido así y el festival, este año, por las circunstancias creadas, tenía menos apoyos externos que nunca y, así, no se puede mantener. Así de sencillo y así de triste.

La intención es tratar de reflotarlo de cara al 2025. El trabajo generoso (es un festival que apenas se puede rentabilizar) del equipo organizador va a estar ahí. La cuestión es si como sociedad y como ciudad queremos dejar morir una propuesta que nos hacía diferentes y que, por cierto, nos unía a una tradición de ciudad que nos ha unido con la música negra desde que la base americana estuvo en la ciudad. ¿O es que esa tradición no nos interesa potenciarla?

Al Slap! le faltan apoyos, probablemente institucionales y de empresas privadas que quieran contribuir a sostener un proyecto tan bonito como este. Pero, tampoco hay que engañarse, también necesita el apoyo del público. Todo el que ha estado en el festival y lo ha conocido ha hablado bien de él. Si queremos que perviva, si es que vuelve a celebrarse, hay que ir, comprar una entrada y disfrutar. Lamentarse cuando se anuncian decisiones trágicas no es suficiente.

Por mi parte, yo tengo claro que si en esta ciudad no existiera alguien como Víctor Domínguez (de su mente y alguna más ha salido también El bosque sonoro en Mozota, que no es poca cosa) sería un lugar mucho más pobre culturalmente y, lo que es casi peor, mucho más tendente a la uniformidad comercial de la cultura que nos quieren imponer. Zaragoza no puede quedarse sin Slap! ¿Será el momento de que lo entendamos por fin?