El concierto del año en Zaragoza

"Este año ya estuve en México y Nueva York, pero no me quería perder el concierto de Zaragoza"

Cientos de fans expectantes se concentraron en las afueras de La Romareda horas antes del inicio del concierto de Bunbury

Cientos de fans se congregan en La Romareda horas antes del concierto

Cientos de fans se congregan en La Romareda horas antes del concierto / Alba Ortubia

Alba Ortubia

Los sombreros vaqueros, las cazadoras de cuero y todo tipo de atuendos rockabilly se multiplican en los aledaños de La Romareda. El dicho popular dice que las tendencias siempre vuelven, aunque Enrique Bunbury, causante de dichas reminiscencias ochenteras, nunca pasó de moda.

La capital aragonesa ha vivido en sus propias calles la vigencia del exvocalista de Héroes del Silencio. Este sábado por la noche, Bunbury cerrerará su última gira con un concierto en su ciudad natal, donde interpretará las canciones de su último disco, 'Greta Garbo', junto a algunos de los temás más destacados de su extensa discografía. La expectación es máxima, pues el cantante zaragozano no actúaba en su tierra desde 2017.

Nada puede fallar esta velada. Para asegurarse una experiencia perfecta, algunos fans han empezado a hacer fila con más de 24 horas de antelación. El objetivo: ocupar los mejores lugares del front stage. Los primeros seguidores llegaron a la fila a las 12 de la mañana del viernes. Derrick, Jairo, Ivonne y Balam cruzaron el Atlántico para vibrar con Bunbury en Zaragoza. Estos admiradores cargaban a sus espaldas con travesías de más de diez horas desde México y Colombia, pero no sabían que el mayor desafío les aguardaba en la espera hasta el concierto. “Hemos pasado toda la noche en la cola y lo peor ha sido la lluvia. Teníamos mucho frío, pero hasta dormir bajo la lluvia merecerá la pena”, ha confesado el mexicano Balam.

Este grupo de admiradores latinoamericanos no son los únicos fans que, con tal de ver a Bunbury, han dejado a Phileas Fogg como un simple turista. El protagonista de 'La vuelta al mundo el ochenta días' tendría poco que hacer contra Carla Andújar, mexicana que ha viajado a Zaragoza a pesar de haber asistido ya a los conciertos que Bunbury ofreció en Ciudad de México, Guadalajara y Nueva York. "No podía perderme el concierto de Zaragoza", ha subrayado Andújar. Gracias a vagar con el aragonés errante, conoció a su compañera, Bice Luévano, otra asidua a los espectáculos de Bunbury. En su caso, se ha trasladado a la capital aragonesa desde Chicago para disfrutar del último ‘show’ del cantante zaragozano.

Una pasión compartida

Los seguidores de Bunbury también provenían de distintos puntos de la geografía española. La valenciana Rosa llegó al viejo estadio a las 13.00 del viernes. Sus hijos Lucía, Celia y Chente le acompañaban. Preparados con provisiones y sacos de dormir, la familia ha hecho frente a la tormenta nocturna sin abandonar su lugar privilegiado en la fila. Para los más pequeños, la cita de Zaragoza será su primer concierto del artista, aunque la pasión de su madre les ha llevado a conocer buena parte del repertorio del aragonés: confiesan que su canción más esperada es 'Sí', tema lanzado en 2002.

La familia valenciana no era el único ejemplo de cómo el amor por Bunbury se transmite de generación en generación. El poeta zaragozano Omar Fonollosa esperaba en una de las filas de entrada al graderío. Hace un año, Bunbury recomendó en su cuenta de Instagram su poemario 'Los niños no ven féretros', ganador del Premio Hiperión en 2022. “Me emociona mucho que justamente la primera vez que vaya a verlo sea después de que me haya recomendado”, ha confesado. Compartía dicha ilusión con su padre, culpable de su predilección por el artista aragonés. “Hemos escuchado mucho a Bunbury en casa y en el coche desde que era pequeño”, ha explicado Manuel Fonollosa.

Además de los complementos rockeros, otra prenda de ropa abundaba entre los miles de fans que rodeaban La Romareda: las camisetas de 'merchandising'. El rostro de Bunbury lucía en colores vibrantes en el pecho de cientos de asistentes. Los empleados de los puntos de venta de las afueras del estadio vivían en su propia piel la gran demanda de los productos conmemorativos: “No damos a basto, estamos sin parar”, ha declarado una empleada. 

Sin embargo, otros grupos de fans decidieron confeccionar sus propias prendas promocionales. Siete valencianos vestían unas camisetas únicas: cada una de ellas tenía estampada en la parte delantera una de las letras que forman el nombre 'Bunbury'. “Hace diez años decidimos ir todos juntos a un concierto al año con estas camisetas”, ha aclarado la cuadrilla. En la espalda, los distintos miembros del grupo lucían el título y parte de la letra de los temas más destacados de su ídolo. “Yo soy 'El extranjero', y él, 'Maldito duende'' ”, se recordaban entre ellos. Cada fan murciano personificaba uno de las canciones de Bunbury, al igual que los personajes de 'Fahrenheit 451' encarnaban los clásicos de la literatura universal tras la destrucción de los libros. 

La obra de Ray Bradbury y los admiradores de La Romareda transmiten la misma enseñanza: los recuerdos nunca desaparecen mientras alguien los rememore. Quizá por ello una de las expectativas más frecuentes entre los asistentes al concierto es escuchar “más de Héroes del Silencio”, sin importar que su disolución se produjera hace casi tres décadas, en 1996. Lo que está claro es que el espectáculo ofrecido el sábado por Bunbury en Zaragoza se convertirá en otro hito histórico más del héroe de leyenda de la ciudad.