El concierto del año en Aragón

Un Bunbury infinito revienta la vieja Romareda

El cantante zaragozano ha abarrotado el viejo estadio municipal con casi 30.000 almas en una noche que pasará a la historia

La Romareda, que ha vibrado como hacía tiempo, ha vivido una despedida soñada antes del inicio de las obras

Rubén López

Rubén López

Será difícil superar lo que se ha vivido esta noche en la vieja Romareda. Podrán venir otros artistas y otros grupos al nuevo y multimillonario estadio, pero el listón quizá esté ya demasiado alto. Lo que está claro es que ninguno de ellos desembarcará con una maleta tan cargada de emociones como la que ha traído esta noche Enrique Bunbury.

La conexión del 'aragonés errante' con el público zaragozano viaja por vía rápida y la vinculación con la tierra es innegable. El autor de ‘De todo el mundo’ lleva desde 1985 construyendo nexos y admiraciones invisibles con varias generaciones de aragoneses; y eso se ha notado, y mucho, en una noche que pasará a la historia. Más si cabe, teniendo en cuenta el inminente derribo parcial del viejo estadio.

La apoteosis ha llegado pasadas las once y veinte, cuando un acorde de si menor de guitarra ha puesto patas arriba a La Romareda. El reconocible comienzo de 'Entre dos tierras' ha resonado hasta en Arcosur, revolucionando a un público enloquecido. No era para menos, porque, hasta esta 'minigira', Bunbury nunca había abrazado el emblemático tema de Héroes del Silencio en su trayectoria en solitario. La canción, por cierto, ha sonado prácticamente igual que la original.

Para entonces, la comunión con el público ya era total. "Hace dos años pensaba que esto no iba a volver a suceder. Uno no puede jurar nunca que va a ser el último concierto, pero vivimos cada uno de ellos como si lo fuera", ha dicho un empático Bunbury, que poco antes ya había dado la bienvenida a sus fieles seguidores: "Zaragoza, muy buenas noches; qué inmenso placer estar aquí sabiendo que estamos en un momento de iniciar nuevas etapas. Este estadio no será lo mismo a partir del lunes, es un honor hacer un concierto en esta Romareda. Han sido once 'shows' únicos y qué mejor que cerrarlos en la ciudad inmortal. Esperamos que sea de su agrado".

Como es habitual, Bunbury no se ha prodigado en discursos y, como debe ser, se ha concentrado en interpretar lo mejor posible sus canciones. La Romareda ha respondido y se ha rendido como se esperaba ante un Bunbury infinito; ante un artista en un estado de forma soberbio que ha demostrado que si él quiere, y su garganta se lo permite, le queda cuerda para rato.

El repertorio

Muy bien flanqueado como siempre por Los Santos Inocentes y la aragonesa Erin Memento, el autor de ‘Pequeño’ ha ofrecido el mismo repertorio que en los últimos cinco ‘shows’, cimentado sobre todo en su nuevo disco, ‘Greta Garbo’, y en ‘Expectativas’ (2017). Y todo con un sonido bastante rockero.

Así, el concierto ha arrancado con ‘Nuestros mundos no obedecen a tus mapas’, ‘Cuna de Caín’, y ‘Despierta’, para posteriormente interpretar otros de sus grandes temas como ‘El rescate’, ‘El extranjero’, ‘De todo el mundo’, ‘Lady blue’ o ‘Infinito’. Tampoco se ha querido olvidar de otros dos grandes clásicos de Héroes como ‘Maldito duende’ o esa joya versionada de Más Birras titulada ‘Apuesta por el rock and roll’. 

Las cerca de 30.000 gargantas que ha congregado el aragonés en el retorno a su ciudad tras siete años de ausencia se han dejado notar desde mucho antes de que empezara a sonar el primer acorde. El estadio y sus aledaños se han convertido en una auténtica fiesta en los prolegómenos, con muchos asistentes coreando de vez en cuando el nombre de su ídolo. De hecho, para cuando a las 22.06 horas han comenzado a escucharse las primeras notas de ‘Los términos de mi rendición’ (la ‘intro’ instrumental que está utilizando Bunbury en esta ‘minigira’), La Romareda ya era una hervidero de emociones.

«Estoy hasta nerviosa; llevo toda la semana esperando a que llegara este momento y seguro que va a ser muy especial», ha subrayado la zaragozana Begoña Fuentes mientras se dirigía al estadio. Sin duda, la actuación de esta noche no ha sido una más, y todo lo que la rodeaba la ha elevado a la categoría de acontecimiento. El último concierto de la gira, la vuelta de Bunbury a La Romareda tras 17 años y la despedida del viejo estadio eran ingredientes más que jugosos para que esta noche fuera histórica.

Bunbury no ha atraído solo a seguidores de Zaragoza, ya que un 60% del público ha llegado de fuera. Así, han viajado desde Madrid, Barcelona, Bilbao, Valencia o Sevilla e incluso del extranjero (principalmente de Latinoamérica y Francia). Muchos se han reunido desde horas antes del comienzo de la actuación en los aledaños de La Romareda para hacer fila, siempre en un ambiente festivo. 

La 'fan zone' instalada en Los Porches del Audiorama también ha congregado durante la tarde a algunos seguidores, pero la mayoría merodeaban cerca del estadio. "Ya hemos ido calentando motores en una terraza y ahora ya hemos venido a la fila para coger buen sitio", ha indicado Tomás mientras se echaba una cerveza.

Eso sí, los fans más acérrimos llevaban horas haciendo cola. Los más fieles la hacían en la puerta del ‘front stage’, como la zaragozana Mónica ‘Bendecida’ Carreras, que llegó el viernes por la noche a la fila. «Como vinimos y ya había gente decidimos quedarnos. Aquí estamos los más locos por Bunbury y como encima hemos pagado 140 euros queremos estar lo más cerca posible del escenario», ha explicado la conocida fan del zaragozano al mediodía de este sábado.

Por suerte, la lluvia no se ha cebado en exceso con los seguidores, aunque los chaparrones se han sucedido en varios momentos del día. Ya dentro de La Romareda, la amenaza de tormenta se ha disipado y los asistentes se han podido entregar de lleno a la causa, rindiéndose a un intenso directo que ha concluido hasta con fuegos artificiales.

Sí, quizá no haya nada para siempre, pero las 30.000 personas que han acudido este sábado a La Romareda recordarán esta noche por mucho tiempo.