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OPINIÓN

Guardando las distancias: Aragón, tierra de cultura ¿oxidada?

En su batalla por el relato, Pedro Olloqui insiste en minusvalorar todo lo demás

Pedro Olloqui, a la derecha, en la presentación de la programación 'Aragón, tierra de cultura'.

Pedro Olloqui, a la derecha, en la presentación de la programación 'Aragón, tierra de cultura'. / GOBIERNO DE ARAGÓN

Daniel Monserrat

Daniel Monserrat

ZARAGOZA

El Gobierno de Aragón acaba de anunciar su programación cultural para este último trimestre del año y principio de curso. No voy a detallarla (ya la publicamos en este diario esta semana) ni voy a expresar una opinión sobre ella. Parto de la premisa incontestable de que cada gobierno por el mero hecho de ser elegido tiene todo el derecho del mundo (otorgado por las urnas) de decidir hacia dónde quiere dirigir su política cultural y a programar los ciclos que considere de la misma forma que uno puede estar de acuerdo o no, pero puede decidir cancelar proyectos anteriores por muy valiosos que fueran. Del mismo modo, el que gobierna debe saber que está expuesto a la crítica inherente a su cargo. Esas reglas del juego, aunque a veces se olviden, llevan estando ahí desde, por lo menos, que hay democracia en nuestro país. 

Dicho esto, en la presentación de la programación cultural, el director general de Cultura del Gobierno de Aragón, Pedro Olloqui aseguró que «la programación cultural en Aragón estaba oxidada». Confieso que cuando lo leí escrito por algún compañero, me pareció tan increíble que alguien en su cargo fuera capaz de decir eso que fui a ver la grabación de la rueda de prensa. Y, en efecto, eso afirmó al mismo tiempo que situaba a referentes aragoneses de primer nivel.

¿Todas las programaciones?

No sé muy bien a qué se refiere Pedro Olloqui con esa acusación (ni siquiera me quedan claras las explicaciones que dio sobre esto ya que aludía a buscar nuevas dinámicas y creadoras, que por más que busco no veo en su programación). Si su intención era echar por tierra la labor no solo del Gobierno anterior sino de, por acotar un poco, todo lo que se había hecho en los últimos diez años, me parece que se ha pasado, hablando en plata, tres pueblos. Porque la realidad es que puedes estar de acuerdo en lo que se hiciera antes o no pero de lo que estoy seguro es que en Aragón la programación no estaba oxidada. Y lo que es más grave cuando dice «en Aragón» desconozco si lo que está considerando es que en la comunidad todo lo que se hace es lo que programa su departamento o que puestos a acusar también considera que están oxidadas todas las programaciones de ayuntamientos, instituciones, comarcas... 

El problema no es que diga lo diga. Entiendo que lo hace para ganar el discurso del relato en el que están inmersos desde que han llegado al poder minusvalorando lo realizado hasta la fecha y apropiándose, en algunos caso, sin rubor de proyectos que provienen de otras etapas. Pero lo que digo, eso no me parece lo más grave. Lo peor es que me da la sensación de que es un discurso que se cree y que cuando alude a que han venido a poner patas arriba todo lo que hay, se erige en una especie de salvador de la cultura aragonesa. Y entonces uno mira la programación y ve que de todos esos referentes que nombra en su intervención anterior, no hay ni uno programado. Y es cuando a uno le explota la cabeza porque preferiría no entender que darle vueltas al asunto.

No tiene dueño

Que a estas alturas tengamos que defender que la cultura no es de nadie y mucho menos de un ente político, que haya que explicar que cada Gobierno tiene el derecho de programar lo que considere, y que haya que defender que Aragón lleva muchos años con una programación trabajada y no solo desde las instituciones (es más, me temo que desconoce las programaciones alternativas o al menos preferiría que así fuera y no que las despreciara como si no existieran), me parece un retroceso en todo pero, fundamentalmente, como sociedad. 

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