La crítica de Javier Losilla del concierto de Kiki Morente: Morente canta (gozosamente) a Morente
El cantante ofreció un concierto en el Teatro de las Esquinas de Zaragoza

El cantante Kiki Morente actuó este sábado en el Teatro de las Esquinas. / Teatro de las Esquinas

Canta Kiki Morente, arrebatado por alegrías, y entonces, como en 'Hamlet', aparece el espíritu de su padre, el gran Enrique: “A dibujar esa rosa ayudadme caballero / que estoy solito y no puedo dibujarla tan hermosa”. Y más: fragmentos de “Si mi voz muriera en tierra”, el poema de Rafael Alberti que Enrique metió también en compás de alegrías. Pero no termina ahí la cosa, pues luego llegaron los tangos, también de factura paterna: la lorquiana 'El lenguaje de las flores', unida a 'Aunque es de noche', fragmento del poema 'Cantar del alma', del místico Juan de la cruz. Pero no se vayan que aún quedan en el repertorio La caña y Ciudad sin sueño, claro homenaje, esta última, al disco 'Omega'.
Kiki Morente, que el sábado venció y convenció en el Teatro de las esquinas, está en un momento feliz de su carrera (mejor en directo que en disco), en el que brilla su cante largo, sus giros marca de la casa y esa peculiar manera de llevar el flamenco a los límites sin que las fronteras se rompan. Kiki no es Enrique, obviamente, y traza su propio camino, de momento dentro de un canon amplio de lo jondo, sin buscar referencias externas, pero está gozosamente marcado por la impronta de quien fue uno de los mejores cantaores de todos los tiempos.
Llegó a Zaragoza acompañado por Joni Jiménez a la guitarra, brillante instrumentista que el año pasado se alzó con el Bordón minero en el Concurso de Cante de las minas, tejedor con las seis cuerdas de hermosos hallazgos, y notables referencias de compositores como Manuel de Falla. Curro Conde Morente se encargó de las percusiones, y Carlos Canela y Juany Judea marcaron el compás.
Todo empezó con un martinete (otro guiño morentiano), y además de lo anotado Kiki se explicó también con maestría por malagueñas rematadas por verdiales, y bulerías (las dos últimas piezas del concierto, la de cierre, de jolgorio y despedida). Y un solo de guitarra, para mayor gloria de Joni Jiménez, completó la propuesta. No muy larga, como suele ser habitual en las actuaciones de Kiki, y falta de algunos palos que debería plantearse incluir en sus presentaciones. Pero las ocho piezas que ofertó, tal vez alguna de ellas atravesada más por la excelencia de su voz que por la emoción, conformaron un espléndido y vibrante y paseo flamenco. Kiki, al despedirse, dijo que el arte y la cultura nos hacen avanzar. Alguien de la inmortal ciudad debería tomar buena nota.
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