En Amazon Prime
'Menem', la serie sobre el ex presidente que puede verse como un telediario del presente argentino
La serie está protagonizada por un sorprendente Leonardo Sbaraglia, quien encarna al hombre que gobernó el país sudamericano entre 1989 y 1999, en plena era neoliberal

Leo Sbaraglia y Griselda Siciliani en la serie sobre el ex presidente argentino Carlos Menem que acaba de estrenar Amazon Prime. / EPC

El apellido Menem es un palíndromo: se lee igual del derecho al revés. Como si no se pudiera escapar de los efectos de su invocación. El "Turco", hijo de sirios, fue el presidente de la Argentina neoliberal de los años noventa, años de desparpajo e insensibilidad social, consumo y fantasías de pertenencia a la elite mundial sobre la base de una paridad también fantasiosa entre el peso, la moneda local, y el dólar. Para el ultraderechista Javier Milei, aquella época fue la mejor de este país por entonces tan sufrido y a la vez excéntrico.
Los tiempos de la "pizza con champagne" acaban de volver a través de la pantalla de Amazon Prime. Menem, la serie de Ariel Winograd se ha convertido por estas horas en un breviario carnavalesco de aquel período. El reconocido actor Leonardo Sbaraglia encarna al protagonista de este viaje al pasado. Sus esfuerzos por mimetizarse con los ademanes y la voz de Menem son notables y a la vez curiosos. El "Turco" real era petiso y enclenque. Al ver a su encarnación, cuyo cuerpo ha pasado por los rigores del gimnasio, y cuya altura es mayor a la de otros protagonistas, se produce cierto efecto distorsivo. Como si Winograd hubiera querido resaltar en esa figura agigantada los males de una época.
Menem fue un pícaro. Simpatizó en los años setenta con la guerrilla peronista, purgó la cárcel durante la última dictadura militar, condenó a Ronald Reagan por sus bombardeos a Libia, flirteó con el mundo árabe para hacer honor a su descendencia. Pero cuando cayó el Muro de Berlín, en 1989, abandonó toda insinuación nacionalista para abrazarse a Estados Unidos y formar parte de la coalición de George Bush contra Irak, en 1991. Se inició lo que su ministro de Exteriores, Guido Di Tella, llamó la era de las "relaciones carnales".
La serie de Amazon no se detiene demasiado en las piruetas políticas de Menem. La cámara se interna en las delicias de una vida familiar disfuncional y los hábitos de bribones que se salpican de manera incesante de los dólares de la corrupción. Por tratarse de una serie de aspiraciones globales puede considerarse un atributo de la ficción el hecho que Menem hubiera designado a un excoronel sirio que no hablaba español como director de la Aduana. Pero fue lo que ocurrió con Ibrahim al Ibrahim, el entonces marido de la cuñada presidencial. A lo largo de los capítulos se suceden escándalos, privatizaciones, episodios de fuerte contenido simbólico y algunos de los despropósitos que definieron al menemismo como el uso por su líder de una Ferrari roja con la que viajó a 200 kilómetros por hora violando de manera despreocupada las leyes de tránsito. La transgresión sin límite.
Amoríos
Winograd recupera algunas de las percepciones que un sector de los argentinos tenía de Menem: nombrarlo traía mala suerte. Desfilan videntes, tarotistas, ídolos del deporte, actrices, modelos y prostitutas a lo largo de los capítulos. La serie no puede ser observada sin el asombró o la ironía. Una de las protagonistas es la Amalia "Yuyito" González, una vedete de los años ochenta que es presentada como Sandra Silvestre quien abandona el escenario de su verbena erótica para sentarse en la falda de Menem cuando era gobernador de la provincia de La Rioja. El amorío entre ambos estuvo en boca de los argentinos. Muchos de ellos debieron sonreír o sonrojarse cuando, 35 años más tarde, Milei inició una relación sentimental con Yuyito. Los excesos de los noventa volvían a introducirse en el corazón del Estado. Zulema Yoma era entonces la esposa de Menem. Toleró su doble vida por razones de pragmatismo. Cuando intentó terciar en las decisiones de Gobierno fue echada de la residencia presidencial junto con los dos hijos del matrimonio, Zulema y Carlitos, quien fallecería años más tarde en un accidente aéreo. Para su madre, fue una vendetta contra el presidente.
Durante su mandato se privatizaron empresas estales como la petrolera YPF, en litigio por la expropiación del 51% de sus acciones en 2012, Aerolíneas Argentinas y la Empresa Nacional de Telecomunicaciones (Entel). Gas del Estado pasó a manos privadas en medio de una votación en el Congreso que la desempató el vendedor de café, obligado a sentarse en un curul por un astuto diputado peronista. La cultura granuja estaba a flor de piel e incluso era festejada. Winograd recomienda al espectador desprenderse de prejuicios. Antes de que comience el tercer capítulo se lee: "lo invitamos a desprenderse de todo dedo acusador y a ahorrarse análisis tales como: ‘Esto pasó en tal fecha’, ‘Esa persona no era así’ o ‘eso no fue lo que pasó’. Recuerde que usted está viendo una ficción".
Menem propagó la narrativa de "Argentina, país del Primer Mundo" que se asentaba en el dinero de las privatizaciones y un nuevo ciclo de endeudamiento. Los viajes al exterior de la clase media, las compras de objetos suntuarios, tenían como contracara un ciclo de pobreza y pérdida de empleo sin precedentes. Menem fue sin embargo reelecto en 1995. Entre el consumo y los escándalos, una mayoría optó por lo primero. Cuando fue imposible mantener la paridad con el dólar, conocida como la "convertibilidad", el país estalló por los aires. Sucedió en diciembre de 2001 y le tocó al sucesor de Menem, Fernando de la Rúa, pagar el precio de haber sostenido un esquema cambiario imposible.
Peleas familiares
"La serie habla fundamentalmente de cómo poder gestionar eso tan monstruoso como el poder y cómo te puede comer", sostuvo Sbaraglia. "Me cambió la perspectiva haber interpretado a Menem". Carlitos, como lo llamaban, conoció la gloria y el desaire. Al abandonar el poder estuvo semanas preso por un caso de contrabando de armas a Croacia y Ecuador. Fue senador entre 2005 y 2021. La inmunidad parlamentaria le evitó la cárcel por los juicios en su contra, entre estos uno por encubrimiento del atentado contra la mutual judía AMIA en 1994, que causó 85 muertos y 300 heridos, y otro por peculado. Antes de morir avaló la realización de una serie que ha dividido a la familia. Su hija Zulemita cree que Winograd que su padre es presentado como un sexópata desembozado cuando era un "mujeriego prolijo". Menem tuvo un hijo extramatrimonial y volvió a casarse con la ex Miss Mundo chilena, Cecilia Bolloco, con quien tuvo otra descendencia: Máximo.
El pasado y el presente se dan la mano a través de la pantalla. Domingo Cavallo, el artífice del plan económico de Menem, pasó a la historia por haber llorado ante las cámaras cuando debe explicar por qué no otorga un mínimo aumento a las pensiones. "No llore, no llore", le pide Norma Plá, la abuela que lideraba las protestas. Décadas después, los ancianos han vuelto a las calles a protestar. La policía los zarandea o recibe con palazos. En un punto, la serie puede verse como un telediario del presente.
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