Festival de San Sebastián
Juliette Binoche, de profesión bailarina y cineasta
La artista presenta en el Festival de San Sebastián ‘In-I in motion’, su ópera prima como directora
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La actriz y realizadora francesa, Juliette Binoche, posa durante la presentación de su documental 'In-I In Motion', que compite en la Sección Oficial de la 73 edición del Festival de cine de San Sebastián. / Juan Herrero/EFE / EFE
Nando Salvà
En 2007, Juliette Binoche y el coreógrafo británico Akram Khan decidieron crear una obra que sumara lo mejor del mundo del teatro con lo mejor del de la danza; ella iba a atreverse a bailar, y él ejercería de actor. Al año siguiente, después de seis meses de ensayos y arropados por la escenografía de Anish Kapoor y la música de Philip Sheppard, ofrecieron por todo el mundo 100 representaciones tituladas ‘In-I’, y por entonces nadie esperaba que casi dos décadas después existiría una película, la ópera prima como directora de Binoche, que mostraría tanto el tortuoso proceso de creación de aquel espectáculo como su deslumbrante resultado íntegro. Pero el caso es que existe, se titula ‘In-I in motion’ y hoy ha sido presentada en el Festival de San Sebastián.
“Nosotros habíamos filmado los ensayos como material de trabajo, y él luego me insistió en que filmara el espectáculo”, explica la francesa acerca de Robert Redford, que asistió a una de las representaciones en Nueva York. “Entonces le pedí a mi hermana que filmara nuestras últimas siete funciones. Luego guardé las cintas en un cajón y allí criaron polvo durante 15 años, hasta que un productor me preguntó si tenía algún proyecto y me acordé de ellas”.
A lo largo de su metraje, 'In-I in motion' desvela los mecanismos que sustentan ambas disciplinas artísticas. “Akram cuidó de mi cuerpo renunciando al suyo, sabiendo que yo no podía igualar su velocidad ni su resistencia, y yo tuve que ayudarle a conectar con sus voces internas. ¿Cómo podía yo, una actriz, encontrar la fuerza y el valor para ejercer de bailarina sin poseer el cuerpo adecuado? ¿Y cómo podía un bailarín como Akram exponerse emocionalmente en escenas románticas con una actriz francesa a pesar de que, en cuanto que musulmán, su educación y su fe se lo prohibían?”. En la película, ambos aparecen hablando de experiencias personales violentas de manera muy directa, dispuestos a exorcizarlas sobre el escenario. “Él fue atacado en una mezquita, y yo tenía solo 14 años cuando me enamoré de un chico que acabó agrediéndome de forma brutal. Esos traumas acabaron siendo nuestro motor narrativo”.
El anhelo de crear, explica la actriz, la obligó a adaptarse a la visión, los límites y las capacidades de Khan. “Tuve que crear dentro de mí una tolerancia que nunca había creído tener. Aprendí a convertir mis emociones en pasos de baile, y para ello tuve que pasar por un proceso increíblemente exigente a nivel físico pero, sobre todo, a nivel emocional. Nunca antes había vivido algo así y, desde entonces, nunca más lo he vuelto a vivir”.
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Fuente: El Periódico
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