Diego Garisa (el aragonés estrena 'Subsuelo'): "Mis padres van al hospital a trabajar y yo al set, no hay que mitificar este oficio"
El joven actor zaragozano estrena este viernes una película dirigida por Fernando Franco

El actor zaragozano Diego Garisa, que estrena este viernes 'Subsuelo'. / CARCELÉN

El joven actor zaragozano Diego Garisa irrumpió en escena con la serie 'Bienvenidos a Edén', rodada en parte en el Matarraña, y formó parte de 'Cariñena, vino del mar', de Javier Calvo. Ahora estrena este viernes 'Subsuelo' con Fernando Franco. En ella, Eva y Fabián son dos hermanos mellizos a punto de cumplir la mayoría de edad. Una noche de verano se verán involucrados en un trágico accidente. Las circunstancias concretas son, sin embargo, opacas y tan sólo parecen conocerlas ambos hermanos y Mabel, su madre.
¿Cómo es su aterrizaje en esta película?
El cásting fue un proceso largo, pero súper disfrutable porque por primera vez yo sentí que además de un casting estaba haciendo como sesiones de trabajo. Eran pruebas muy largas en las que ya estábamos con Fernando (Franco, el director) ya trabajando mucho con intenciones, hacíamos muchas tomas, entonces ya se sentía un poco como si estuvieras en rodaje y te estuviera dirigiendo. Salías de allí con la sensación de haber currado y de haber hecho una buena prueba. Luego ya lo que pasara ya... Pero mira, al final salió bien la cosa.
¿Qué piensa cuando alguien como Fernando Franco se fija en alguien sin mucha experiencia como usted?
Me quedé tieso. Y cuando recibí las separatas vi que era el guión mejor escrito que había visto nunca. Estaba tan claro que no tenías ni siquiera que hacer muchas elucubraciones. El personaje a nivel psicológico estaba súper bien dibujado, entonces el acercamiento y la aproximación al personaje fue muchísimo más fácil de lo que yo pensaba. Aunque los ensayos, el rodaje y luego ver la película ha sido vivir tres sensaciones bastante distintas. En los ensayos construimos una cosa, pero luego en rodaje se construye otra porque Fernando utiliza mucho el plano secuencia. Y eso al final te permite viajar mucho por la escena y estar muy conectado con lo que está sucediendo. Y luego cuando la hemos visto ya en el cine y montada, ha sido como otra sensación nueva, porque claro, de repente es una película que han jugado mucho con los cortes cronológicos, entonces de repente salta mucho de pasado, presente, futuro y está muy desordenada con respecto a cómo nosotros la leímos en guión y cómo la rodamos. Entonces de repente siento que he hecho como el mismo ejercicio que van a hacer los espectadores, haciendo el puzle de la peli, entendiendo y tirando poquito a poco las fichas.
Supongo que tanto uso del plano secuencia para alguien que ha hecho teatro como es su caso es una ventaja.
Es como teatro grabado y a mí es lo que más me gusta, la verdad, porque yo creo que la labor de los actores ahí es bastante principal. Sostenemos una conversación bastante larga y tenemos que pasar por muchos picos lo que te permite recorrer un arco más complejo y sobre todo vivir más. Siento que te da la oportunidad de vivir las cosas con una mayor libertad.
'Subsuelo' tiene una temática compleja, el sentimiento de culpa, la empatía, la familia... ¿cómo la ve?
La peli es compleja porque yo siento que que dentro de este cajón del género del 'thriller', Fernando ha aprovechado para tocar muchos temas de los que a él le interesaba hablar. Para mí el tema principal es el de la familia y todo lo que pueden abarcar. Habla de las cosas que en una institución como la familia, algo que está muy arraigado socialmente, que parece que es algo como intocable e intachable, nos callamos, todo lo que no decimos, todo lo que aguantamos, todo lo que sostenemos por no fracturar eso, porque parece que no se puede, que hay algo ahí como intachable y eso genera mucha tensión.
Su personaje tiene una guerra interior muy fuerte y a priori muy alejado de usted. ¿Ha sido muy complicado entrar en él?
He tenido que bucear mucho las oscuridades del personaje y desde luego en ese viaje también me he encontrado y me he topado con las mías, que afortunadamente están muy alejadas del personaje de Fabián, pero bueno, todos las tenemos y ahí están. Lo que pasa que en el caso de Fabián creo que son unas oscuridades muy mal gestionadas hasta el punto de acabar haciendo cosas absolutamente deplorables y delictivas, ¿Sabes? Pero sí, al principio sí que fue un poco difícil porque encontrarte con todo ese material de golpe abruma un poco.
¿Les ha ayudado mucho Fernando Franco a entrar?
Fernando ha planteado todo el rodaje como un juego en el que podíamos entrar y salir de una forma muy segura, ¿Sabes? Julia (Martínez, la otra protagonista, melliza suya en la película) y yo todo el rato estábamos muy arropados y todo el rato entendíamos que en el momento en que eso nos sobrepasara emocionalmente a nosotros como personajes, teníamos que salir, resetear y volver a entrar. Porque al final actuar no deja de ser eso, pues jugar a hacer cosas que no somos y hacer cosas que no haríamos. Hemos jugado mucho a tratarlo con mucha cotidianidad. Queríamos que pudiera pasar perfectamente desapercibido, porque en la vida real es así, o sea, tú no sabes si tu vecina, tu primo o el del quinto es una persona que hace cosas deprobables o no, porque no lo ves en su intimidad. Aquí hay un retrato de su intimidad en la que sí que lo ves, pero luego en la vida real y con su familia es una persona perfectamente normal. Entonces teníamos que jugar también a eso y construir esas dos partes. Ha sido muy interesante.

Diego Garisa y Julia Martínez en una escena de 'Subsuelo'. / EL PERIÓDICO
¿Ha sentido presión?
Sí, al principio obviamente te lo planteas, te planteas que es una peli de Fernando Franco y es un nombre propio que da un poco de miedo al principio, de no saber si vas a estar a esa altura. Pero también te digo que nos ha dado mucha confianza todo el rato y nos ha hecho sentir muy importantes en el proceso creativo, que ha sido muy participativo. Nos decía que cualquier cosa de guion que no nos viniera bien, que sintiéramos que no nos lo terminábamos de creer, la podíamos cambiar. Era aportar nuestra verdad al texto de estos personajes. Hemos trabajado con un sentimiento de facilidad que yo no me había encontrado en ningún otro rodaje, se lo agradeceré siempre.
Estudió en la Escuela de Teatro de Zaragoza, ¿en algún momento se le pasó llegar a protagonizar una película de Fernando Franco?
Lo sueñas, lo sueñas mucho y muy grande. Pero yo no termino de creérmelo aún ahora. Todavía lo sigo viviendo con la ilusión de aquel niño que empezaba a estudiar teatro y yo espero conservarla porque desde aquí tengo como un motor interno que me ayuda mucho a seguir currándomelo y a seguir ilusionándome cada vez que me llega un proyecto nuevo y cogerlo con todas las ganas.
¿Siempre tuvo claro que quería ser actor?
No, no soy de los que desde siempre lo han dicho. A mí me gustaba el teatro pero también tenía un pánico escénico terrible. Me acuerdo que además iba al grupo dentro del instituto y me desapunté porque me encantaba ensayar y me encantaban los procesos creativos, pero luego mostrarlo al público me daba mucha vergüenza, entonces lo pasaba fatal. Solo quería la parte de estar escondido ensayando mis cosas. Pero luego es verdad que en bachiller tuve una crisis existencial de qué estaba haciendo, no me veía en el bachiller de ciencias que estaba haciendo. La parte artística siempre ha sido algo que me palpitaba mucho y siempre estaba ahí muy presente y dije venga, ¿por qué no? ¿porque no profesionalizar esto? Y ahí fue cuando pegué el salto, pero fue bastante tarde, ya con 17 o 18 años.
¿Qué recuerda de aquellos años de formación aquí en Zaragoza, en la Escuela de Teatro?
Siempre me viene a la cabeza la palabra 'familia', porque es una escuela muy pequeñita, muy modesta, pero muy buena y que lo que genera es un sentimiento de pertenencia y de grupo, porque al final somos muy pocos por curso y yo a mis compañeros y a mis profesores los siento como si fueran mis hermanos y mi familia. Tengo un recuerdo precioso de aquellos años. Siento que como persona crecí mucho porque de repente entrar en una escuela de teatro implica siempre abrir muchos melones emocionales, vitales, y siento que crecí mucho y maduré mucho emocionalmente. Me ayudaron mucho a hacer ese viaje y a reconocer también mis oscuridades, mis duelos, mis dramas, pero también mis luces, a conocerme mucho para poder tener una base desde la que poder trabajar desde un sitio sano, libre y conectado. Mis compañeros siguen siendo mi familia. Yo ahora en Madrid sigo viviendo con mis compañeros de la escuela que nos mudamos cuando acabamos, siguen siendo mi presente y espero que lo sigan siendo porque son mi cable a tierra.
El trabajo que se hace en la escuela es espectacular.
Sí, sí, sí. Yo creo que se debería hacer mucha más publicidad de lo que se hace, deberíamos hablar mejor de nosotros mismos, parece que tenemos un poco de complejo a veces, de valorarnos las cosas y el curro que hacemos. En Aragón hay grandes profesionales del terreno audiovisual y el terreno teatral delante y detrás de las cámaras, los equipos técnicos también son increíbles y yo siempre reivindico mucho allá donde voy la tierra. Hay que reivindicarnos más.
Me decía que vive en Madrid por cuestiones laborales, ¿vuelve a menudo a Zaragoza?
Sí, sí, siempre que puedo y que me lo permite el trabajo. La ventaja que tenemos es que nuestro trabajo es un poco irregular, entonces hay temporadas que tenemos mucho trabajo y temporadas que menos. Entonces cuando vienen las vacas flacas, a mí siempre me sana mucho el corazón volver a casa y sentirme ahí cuidado, querido y en tierra firme. No olvidarme de que ahí siempre habrá un lugar para recogerme y abrazarme cuando las cosas no vayan todo lo bien que puedan ir.
¿En una profesión como la de actor en la que te expones tanto es clave tener una raíz a la que volver?
Yo tengo la suerte de que tengo una familia muy normal y que no se dedica nadie a esto y mis padres, que son sanitarios los dos, me ayudan mucho a ver este oficio como un oficio más. Igual que ellos van a trabajar al hospital, yo voy a trabajar a un set o a una sala de ensayos y tengo mis horas donde curro y mis horas de descanso y yo intento siempre normalizarlo mucho. Es un trabajo tan expuesto y tan relacionado con algo tan peligroso como los conceptos de fama, de exposición, que creo que no hay que entrar mucho a alimentar todo eso, porque creo que no tiene que ver con el oficio, con el verdadero oficio de llegar a un sitio y trabajar el texto, los personajes y contar historias, que es a lo que nos dedicamos realmente. Intento siempre recordarme eso, tus padres trabajan en eso, pues tú trabajas en esto y ya está, y luego haces tu vida igual que la hacen ellos.
Acabemos con otra gran noticia, va a a debutar con la Joven Compañía Nacional de Teatro Clásico...
Ha sido la gran noticia de este año, tenía muchas ganas de volver al teatro y hacerlo de la mano de la Compañía Nacional, pues imagínate, me parece como un privilegio tremendo y una suerte enorme. Y ahí estamos revisando los clásicos del Siglo de Oro, del barroco español y estrenaremos el 12 de marzo en el Teatro de la Comedia en Madrid para quien quiera pasarse. Lo tomo como un retazo, la verdad, porque es un material muy delicado, muy frágil y muy bello y quiero tratarlo con el respeto que se merece.
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