La crítica de Javier Losilla de John Medeski’s Mad Skillet: Unas teclas voladoras y una batería hambrienta
El multitecladista americano y su banda se encargaron de abrir este viernes la cuadragésimo segunda edición del Festival de Jazz de Zaragoza

John Medeski’s Mad Skillet abrió este viernes el Festival de Jazz de Zaragoza.

Entra el piano con un inicio arpegiado, al que sigue una larga sucesión de notas y una serie de acordes de corte funk. Cambio a los teclados y la guitarra entra en liza mientras el sousáfono y los tambores marcan el tempo. La cosa va bien hasta que...un solo de batería interrumpe la sinuosidad de la pieza. No estamos en la era del bebop, pero los solos de batería se suceden a lo largo del concierto. Por cierto: el volumen de ese instrumento está altísimo, mientras que el del sousáfono se sitúa por los suelos. Y será así durante toda la velada.
Es viernes noche, estamos en el comienzo de la cuadragésima segunda edición del festival Jazz Zaragoza, que inaugura John Medeski’s Mad Skillet, combo formado por el celebrado pianista y multitecladista John Mesdeski (Hammond B-3, Fender Rhodes, Mellotron, piano, melódica), dos miembros de la Dirty Dozen Band (el sousafonista Kirk Joseph y el batería Terrence Higgins) y el guitarrista Will Bernad. En el programa, gran parte de las canciones del álbum John Medeski’s Mad Skillet (2019) y otras composiciones. Un repertorio notable para un concierto de claroscuros, en el que, en general, se echó en falta algo más de ruptura de cánones, de locura instrumental. Pero bien, vaya.
La segunda pieza combinó una apertura blues, muy del estilo Nueva Orleans, con destellos de psicodelia, intermedios de piano con pasajes casi atonales y ataques finales de teclados jazz-rock. La psicodelia regresó en la canción siguiente, prólogo de una composición más distendida, más profunda, más ácida y más abierta estilísticamente. La cosa empezaba a subir el nivel. No fue extraño, pues, que la singular recreación de Golden Lady, de Sun Ra, elevase, y no poco, la temperatura del concierto. El piano se explica al inicio de la pieza en clave blues-gospel, y en el desarrollo, en tiempos medios, se van incorporando los ambientes de whisky-club, los modos de banda sonora, las cadencias latinas, los síncopas, los efluvios orientales, las cuerdas hawaianas… En fin, una soberbia construcción de ese estilo desarrollado durante los años 50 y principios del los 60 del siglo XX, una combinación de impresionismo, tribalismo y fantasía: Exotica (así, sin tilde). Un gozo.
Un tránsito entre Corea y el jazz-rock nos llevó a unos teclados muy sesenteros, con un brillante juego entre agudos y graves y una progresión rítmica en ostinato, con una guitarra que quiso emular a Robert Fripp, y breaks de batería que parecían sacados de Iron Butterfly. Entramos luego en una oferta algo mainstream, en patrón rhythm & blues, que Medeski remató con el piano y todo un guiño a Keith Jarret. Cercanos al final, un diálogo batería-sousáfono dio paso a una saludable ración de funk y… a otro puñetero solo de batería.
Si no se me escapó alguna pieza en el camino hacia la barra para pedir un vino, la actuación se desarrolló como les he contado. Bueno, faltaba el bis, que nos trasladó a Nueva Orleans, con Medeski soplando la melódica y el guitarrista estirando los sonidos, y donde por fin pudimos escuchar con más detalle el sousáfono, ese instrumento de la familia de la tuba y el helicón.
Uno tenía grandes esperanzas puestas en un músico de singular carrera, que ha grabado con intérpretes como Sun Ra, John Scofield, Marc Ribot y John Zorn. No defraudó. Pero lo dicho: me habría gustado que se hubiera despeinado, metafóricamente hablando, un poco más.
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