La crítica de Javier Losilla del concierto de Kenny Garrett Sextet: La noche de los ancestros revueltos
El legendario saxofonista estadounidense actuó este sábado en la sala Multiusos en el marco del Festival de Jazz de Zaragoza

Kenny Garrett, este sábado en la sala Multiusos. / MIGUEL áNGEL GRACIA

Kenny Garrett, saxofonista brillante cuya atemporalidad reside en que transita por los límites del jazz, acostumbra a cerrar sus conciertos con Happy People. Es una canción de corte funky-soul que dio título a su disco de 2002, y que en directo estira y estira, repitiendo hasta la saciedad el sencillo pero eficaz riff de un acorde en La mayor (La, Do#, Mi y La), organizando un fin de fiesta en el que el público baila, los músicos se desmadran y Kenny, habitualmente comedido en escena, hasta rapea y motiva a los espectadores al grito de “yeah”.
El sábado, en la Multiusos, repitió el ritual y casi nos dan las del alba con ese riff pegajoso de solo tres notas. Cerraba así Garrett una actuación de dos horas en las que apenas dejó de soplar, demostrando, tanto su excelente forma (65 años), como los trucos que ha ido desarrollando a lo largo de su fructífera carrera. Con él al saxo alto y esporádicamente a los teclados, Rudy Bird a la percusión, Keith Brown al piano y teclados, Jason Clotter al contrabajo, Michael Ode a la batería, y Melvis Santa a la voz y percusiones menores, la segunda jornada de Jazz Zaragoza, que prácticamente llenó la sala, transcurrió entre piezas ejecutadas con brillantez y pasajes perfectamente prescindibles; improvisaciones punzantes y solos para epatar.
Conviene anotar el barullo sonoro que prácticamente atravesó toda la actuación (la batería, altísima; el contrabajo, como su nombre indica; los micrófonos de las voces, casi de adorno, y la mezcla, en general, chapucera). ¿Motivo? El técnico de sonido de Kenny pareció no aclararse con una sala no apta para desconocedores de su complejidad a la hora de ecualizar una banda. Así las cosas, salvo en It’s Time To Come, las palabras (o el scat, según la pieza) de Melvis Santa apenas se escucharon. El piano, vibrante, sonó algo raro; las percusiones, en su punto; el contrabajo, ya saben, y el batería, mucha pegada, pero poco sentido de la medida musical. Y sobre todo eso, Garrett, sopla que te soplará.

Garrett actuó en la segunda jornada del Festival de Jazz de Zaragoza. / MIGUEL ANGEL GRACIA
Notable en Hargrove, con su ya clásica interpolación de A Love Supreme, de Coltrane; sugerente en el blues-gospel When The Days Were Different; poderoso en For Art’s Sake, rondador del free en Chasing The Wind… El repertorio lo completó con Haynes Here, Wayne’s Thang (un tributo a Wayne Shorter) y Do Your Dance, pieza de 2016 con la que inició la actuación a todo trapo. Parte del programa está recogido en el que por ahora es su último disco (Sounds From The Ancestors, 2021), que nunca ofrece completo en los conciertos.
Siempre es agradable escuchar a Kenny Garrett, aunque haga años que no cambia el listado de piezas a interpretar. El sábado también lo fue. Pero intermitentemente. Diríase que los ancestros estaban, por lo que sea, un tanto revueltos.
- Confirmado por el Estatuto de los Trabajadores: si te pones malo durante las vacaciones tienes derecho a recuperar los días
- Los planes de Txema Indias para enero. Cuatro objetivos y un buen número de salidas
- Un joven de 22 años, 'en estado crítico' al ser arrollado por un tren en la estación de Casetas
- ¿Una discoteca en el pulmón de Zaragoza? Denuncian 'los incumplimientos' de uno de los quioscos del Parque Grande
- La izquierda aspira a unirse por primera vez en las elecciones autonómicas de Aragón
- La futurista zona infantil que desconcierta a los zaragozanos: 'Lo lógico es que esté en una zona verde
- Conmoción en el equipo de baloncesto de Nicolás, el joven atropellado por un tren en Casetas
- El exzaragocista que levanta un título en Malasia estando lesionado