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50 años del 'Canto a la libertad', el éxito de un "cantautor atípico"

Labordeta incluyó su canción más popular en su segundo disco, ‘Tiempo de espera’, publicado en marzo de 1975, aunque el tema desató su popularidad en ‘Labordeta en directo’

José Antonio Labordeta en un concierto de 1978 en Barcelona.

José Antonio Labordeta en un concierto de 1978 en Barcelona. / ÁNGEL VICIÉN

ZARAGOZA

En la Navidad de 1974 a 1975, José Antonio Labordeta, acabó la composición de su canción más popular, 'Canto a la libertad', aunque en aquel momento ni se imaginaba hasta dónde podían llegar los ecos de la misma. Solo unos meses después, en marzo, el tema estaba incluido cerrando (sí, no tenía un papel predominante ni mucho menos) su segundo disco, 'Tiempo de espera'.

Con el paso del tiempo mirar a aquella grabación es hacerlo a un proceso nada sencillo ya que «no había muchos medios», explica el productor de aquel trabajo, Plácido Serrano, que tuvo como aliado a Alberto Gambino, responsable de los arreglos. Ambos expresan algunos detalles de aquella grabación: «Recuerdo», cuenta Serrano, «que nos dimos cuenta que había que meter percursión y Gambino se la inventó con un cenicero, ¡y sonaba de puta madre!», explica el productor, que aún da un detalle más sobre aquellos días: «Cuando estábamos con esa primera versión registrada en 1975 tanto Gambino como yo vimos que había que meter un coro, ¿y cómo lo hicimos? Pues con la gente que pasaba por allí, recuerdo que lo hicieron la mujer de Gambino, la mía, que era entonces la mánager de Labordeta, Carlos Cano, y creo que un cantante flamenco que había por allí». Por cierto, aquel disco fue el primero publicado por el sello aragonés Chinchecle, que luego también trabajaría con La bullonera o daría salida a música antigua aragonesa. 

Ambos resaltan que, en realidad, la versión buena del 'Canto a la libertad' es la que se grabaría en el disco 'Labordeta en directo', en 1977: «Ahí es cuando la canción toma todo su esplendor y coge esa fuerza que le hace coger impulso para el futuro. No digo que no fuera conocida esa canción hasta entonces porque la gente en esa grabación ya la cantaba, pero aquí es donde coge valor por el gran poder comunicativo que tenía Labordeta», explican.

"Era un cantautor atípico"

La grabación de 'Tiempo de espera' no siguió las reglas canónicas de un proceso así, relata Serrano: «Siempre lo primero que se graba es la sección rítmica y, a partir de ahí, entra el cantante, eso va a misa... Con Labordeta no se podía hacer así, primero cantaba él y luego la sección rítmica se ajustaba». ¿Por qué? «Era un cantautor atípico, no sabía cantar sin la guitarra, pero tampoco la tocaba con destreza absoluta. Alberto Gambino siempre trabajaba en los arreglos pensando en facilitar los directos de José Antonio que, por otro lado, era donde él podía desarrollar toda su fortaleza», relata Plácido Serrano.

El manuscrito del 'Canto a la libertad', que se puede ver en la Fundación Labordeta.

El manuscrito del 'Canto a la libertad', que se puede ver en la Fundación Labordeta. / FUNDACIÓN LABORDETA

Con todo, la importancia de este 'Tiempo de espera' está fuera de toda duda, más allá del simbolismo de que incluya un tema como el Canto a la libertad. Se vendieron cerca de 100.000 ejemplares y le abrió la puerta a Labordeta a exigir mejores condiciones para sus siguientes trabajos. En aquel 'Tiempo de espera' vieron la luz temas como 'Ya ves', 'Homenaje a Víctor Jara', 'Canción de cuna sobre la tierra estéril' y 'Meditaciones de Severino el Sordo', entre otras.

Trascendencia "fuera de dudas"

Medio siglo después, la trascendencia del 'Canto a la libertad' está «fuera de dudas» según indica el catedrático de la Universidad de Zaragoza, José Carlos Mainer. El entorno de su creación estaba en el grupo de intelectuales aragonesistas que formaban Andalán como «remoción general de ideas» y como afirmación de una generación de personas con una voluntad de «organizar las cosas de otra manera», especialmente todo lo relacionado con la llegada de las libertades. «Labordeta supo poner en palabras un sentimiento un tanto indefinido que anhelaba cambios que todavía se veían muy lejanos», recuerda. 

Ese periodo del tardofranquismo es clave para abordar la trascendencia popular de la melodía y su significado. Un buen conocedor de la obra de Labordeta, el periodista Luis Alegre, evidencia que muchos hispanistas, al estudiar la Transición «han reparado en la grandeza, la energía y el simbolismo» de esta creación, considerándola un elemento clave del periodo. «De algún modo, la gente aguardaba una canción así, que sirviera de himno de aquellos días tan ilusionantes y llenos de esperanza», asegura.

Las hijas del cantautor, Paula y Ángela, recuerdan que aunque la canción era una de las que más le gustaba cantar a Labordeta, durante un tiempo dejó de interpretarla al considerar que hablaba de un tiempo pasado. Sin embargo, las circunstancias la volvieron a colocar en el primer plano. «En cada lugar, en cada plaza y contexto, siempre la entonó con una enorme emoción», evocan.

 «Labordeta no podía imaginar en el momento de su composición que iba a significar tanto para tantas personas, así como tampoco que supuso un cambio en la percepción de Aragón y de lo aragonés», concluye Mainer. 

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