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Guardando las distancias: ¿Hay dinero para las transfusiones culturales?

El proyecto de presupuestos de Aragón para 2026 ni deja millones en cultura

El presidente Jorge Azcón, en la presentación de los presupuestos.

El presidente Jorge Azcón, en la presentación de los presupuestos. / Pablo Ibáñez

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Daniel Monserrat

Daniel Monserrat

La noticia de esta semana llegó casi por sorpresa, sin avisar y con un olor a promesa electoral que ni los propios protagonistas se esforzaron mucho en ocultar. El presidente de Aragón, Jorge Azcón, y el consejero Roberto Bermúdez de Castro presentaron el viernes su proyecto de presupuestos para Aragón para 2026 en un acto convocado apenas unas horas antes, y en el que anunciaron a bombo y platillo que iba a ser un presupuesto récord con lluvia de millones incluida.

Uno que sigue siendo ingenuo (lo es de nacimiento aunque con los años va aprendiendo qué es esto de vivir) se interesó con una gran curiosidad por el anuncio y por el proyecto pensando que, entre tanta lluvia de millones, algo le correspondería a Cultura. Obviamente, porque ya he adelantado que fue un acto ingenuo, la cultura no aparece en las grandes subidas proyectadas en algunos departamentos y de lo poco que se habló en esa presentación fue de la inversión (para algunos gasto, ya saben los matices que siempre hay cuando hay dinero público por en medio) para abrir el Centro Goya en los Antiguos Juzgados. Un dinero que ya estaba anunciado. En la nota de prensa mandada posteriormente ni se hacía mención a esta obra ¿cultural?

Sobre el esto del sector, silencio absoluto. No sabemos si hay previsto ampliar las ayudas al sector (si estamos ante un presupuesto récord, ¿por qué no?), si se va a implementar algún otro proyecto cultural que facilite el trabajo de los creadores, de los artistas, de los músicos,... Por supuesto, no hubo ni una mención a los derechos culturales, a lo que pueden esperar algunos aragoneses más allá de llamar gasto cultural a infraestructuras,... Nada de nada.

Y lo peor no es que no se hiciera ni una sola mención a la cultura (ya no sorprende nada después de que año tras año parece que da pudor pronunciar la palabra en los debates sobre el estado de la comunidad, por unos y por otros), sino que ni se le ha nombrado (lo que lleva claramente a la conclusión de que no habrá grandes cambios en la política del departamento) en un anuncio de presupuestos con claro tufo electoral. Ese es el momento en el que queda reflejado la importancia de la cultura para los gobernantes que consideran que ni les va a dar votos ni nadie se va a dar cuenta de que hace muchos años (no es de ahora el problema)no hay ni una sola idea imaginativa en la cultura ni siquiera unas ayudas que puedan tener el cartel de dignas para unos creadores que, año tras año, luchan, la mayoría de ellos, por sobrevivir. Necesitan una transfusión urgentemente porque la precariedad no inspira, agota.

Uno entiende los argumentos cuando le dicen que no es necesaria una consejería de Cultura porque sería incrementar los gastos administrativos y que con una dirección general fuerte e independiente se puede incluso hacer un trabajo mejor. Tiene muchos matices la cuestión porque para empezar los gestos cuentan y una consejería de Cultura pondría sobre la mesa el asunto de las prioridades de un gobierno. Pero, bueno, aceptemos el argumento, lo que no podemos aceptar es que no se tenga una consejería y tampoco una dirección general fuerte en la que apenas hay dinero que gestionar. No hace falta ser muy listo para ver que esto es el gran engaño. Sobre todo cuando desde la crisis de 2008 se agarran todos los que han pasado por el Pignatelli al mantra de que no hay dinero y lo que resulta que lo que pasa es que hay dinero solo para lo que interesa y nunca es la cultura. Esa es la realidad de Aragón en un anuncio de proyecto de presupuestos de récord para el año que viene.

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