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Crítica de Javier Losilla: La guitarra libérrima de Yerai Cortés

El artista alicantino actuó el miércoles en el Teatro Principal de Zaragoza

Yerai Cortés en su concierto del Teatro Principal de Zaragoza.

Yerai Cortés en su concierto del Teatro Principal de Zaragoza. / JOSEMA MOLINA

Javier Losilla

Javier Losilla

ZARAGOZA

Toca Yerai Cortés (gloriosos 30 años) y toda la sabiduría flamenca sale a borbotones de una guitarra tan flamenca como libre. Toca Yerai Cortés en solitario, en el centro de la escena iluminado cenitalmente, en una apabullante demostración de audacia y talento. Solo ante el peligro de que el público se levante sus asientos, pero el riesgo es gozo y los espectadores se elevan de la butaca no para abandonar el recinto, sino para aplaudir como pocas veces se ve a ese fenómeno que con poco más de media docena de toques ha colmado de magia la noche zaragozana. Toca Yerai Cortés… ¡Y cómo!

¿Cómo contarles que estamos ante un fenómeno de prodigiosa técnica, brillante imaginación y una concepción de lo jondo que combina la fuerza del sonido canónico con una extraordinaria espontaneidad interpretativa? Aborda una malagueña para abrir boca, pero durante el tránsito de la pieza ha entrado y salido por los pliegues del flamenco con la perspicacia y el conocimiento de un geólogo. Y lo mismo por tarantos. Y por farruca, que una vez atravesadas las primeras falsetas viaja imparable con inusitada fuerza. Y por romance, con guiño a Lorca incluido. Y por seguirilla abierta en canal. Y por alegrías, con memoria de Diego del Gastor, con sinuoso y delicado recuerdo a su prima la jota y estribaciones hacia el rock y el jazz, con esos bajos poderosos que arranca de las cuerdas bordonas, antes de llegar a una festiva despedida.

Yerai Cortés es tan flamenco que asusta; pero maneja ese patrimonio con la capacidad improvisadora de un gran músico de jazz. No es solo un intérprete privilegiado; es, sobre todo, un creador de emociones que arrebatan cuando salen torrenciales de su guitarra libérrima. ¡Inconmensurable!

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