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De viaje a la En Bruto, la sala de Zaragoza que catapultó a Héroes del Silencio y en la que tocó Green Day: "Se juntaban rockabillys, punkis, mods... Allí cabíamos todos"

La sala revolucionó la escena local entre 1986 y 1997 y se erigió en un gran altavoz de las bandas aragonesas. El próximo septiembre se cumplen 40 años de su inauguración

De viaje a la En Bruto, la sala de Zaragoza que catapultó a Héroes del Silencio y en la que tocó Green Day

Rubén López

Rubén López

Zaragoza

Apenas fueron once años, pero cundieron de lo lindo. La En Bruto, abierta de 1986 a 1997, ha pasado a la historia como la sala de conciertos más emblemática de la ciudad de Zaragoza. Su fama traspasó fronteras y atrajo muchos fines de semana a gente de otras comunidades que venía a escuchar a sus ídolos. No en vano, por el local de la calle Comandante Santa Pau (actualmente calle Héroes del Silencio) pasaron grandes bandas internacionales como Primal Scream, Green Day, Sonic Youth, New Model Army, The Fleshtones o Johnny Thunders de los New York Dolls.

Pero por encima de todo, la sala se convirtió durante esos años en el mejor altavoz de los grupos aragoneses. Allí dieron algunos de sus primeros conciertos Más Birras, Mestizos, Ferrobós, John Landis Fans, Tako, Proscritos, Niños del Brasil, Días de Vino y Rosas, El Regalo de Silvia o El Niño Gusano, por nombrar solo unos cuantos. Por supuesto, determinante fue la En Bruto para Héroes del Silencio. La banda zaragozana más internacional de todos los tiempos celebró allí en enero de 1987 el concierto que le catapultó gracias al conocido 'fichaje' por parte del guitarrista de Olé Olé Gustavo Montesano.

"La necesidad de dar voz"

«Obviamente esa actuación fue clave para la eclosión posterior de los Héroes, pero es que la sala visibilizó el trabajo de todas las bandas aragonesas del momento. De hecho, yo creo que la En Bruto abrió por esa necesidad de dar voz a todos esos grupos», subraya Ignacio Cristóbal 'Coco', parroquiano fiel de la sala en esos años y una especie de biógrafo de la misma a través de la web y el libro 'Perdidos en los 80'.

Un jovencísimo Enrique Bunbury en el concierto que Héroes del Silencio ofrecieron en la En Bruto en enero de 1987.

Un jovencísimo Enrique Bunbury en el concierto que Héroes del Silencio ofrecieron en la En Bruto en enero de 1987. / Javier Clos

Sin duda, algo empezó a bullir en esa época en las calles de Zaragoza. La Muestra de pop, rock y otros rollos, celebrada en marzo de 1984 en la antigua Feria de Muestras, había creado un caldo de cultivo que pronto comenzó a dar frutos. Las conexiones que se generaron en aquel Pabellón Francés dieron lugar a grupos ya históricos como Héroes del Silencio, Más Birras, Niños del Brasil o Los Especialistas. Todos ellos y otras bandas emergentes demandaban un espacio en el que actuar y la ciudad, en esos años, era un páramo en cuanto a salas de conciertos.

«A principios de los 80 no había ninguna. Recuerdo que algunas bandas tocaban en el pub El Escaparate o en la discoteca Astorga’s, pero el circuito era bastante pobre», rememora Chema Fernández (Antípodas Producciones), que por esa época daba sus primeros pasos como mánager y promotor de conciertos.

Impulso de Nacho Royo

La primera en abrir en medio de ese páramo a principios de 1986 fue la sala M-TRO y tan solo unos meses más tarde, el 4 de septiembre, la En Bruto redobló la apuesta. Fue gracias a la iniciativa de un jovencísimo Nacho Royo, actual promotor del Vive Latino Zaragoza. «Entre los 18 y los 19 años hice la mili en Valencia y allí ya empecé a montar mis primeros conciertos porque me gustaba mucho la música. En esa época ya conseguí varios contactos y volví a Zaragoza con la idea muy clara de abrir mi propia sala», recuerda Royo.

Ambiente previo al concierto de The Lords of the New Church en 1986.

Ambiente previo al concierto de The Lords of the New Church en 1986. / Suso Fustero / Perdidos en los 80

Comenzó a buscar locales y en la calle Comandante Santa Pau encontró una vieja imprenta cerrada. Reformó e insonorizó el local y ese 4 de septiembre de 1986 abrió la En Bruto. Royo tenía 21 años. «Fue una etapa intensa pero maravillosa. Recuerdo que al principio el ayuntamiento nos cerró varias veces porque en Urbanismo no existía el epígrafe de salas de conciertos y no me podían dar la licencia. Así estaban las cosas entonces. Por suerte, el recibimiento de la gente fue muy bueno y eso nos ayudó. Me acuerdo que en un solo fin de semana llegamos a recoger 30.000 firmas para su reapertura», rememora Royo.

Reconocimiento desde Barcelona

Y es que, como destaca Chema Fernández, en esa época ya se había empezado a crear «el hábito» de ir a conciertos entre los jóvenes zaragozanos. «Allí nos juntábamos todos los 'pintas' de la ciudad. Se convirtió en el garito de moda, el sitio en el que había que estar», apunta 'Coco', que recuerda que a la sala «también venía gente de fuera; sobre todo de Barcelona, País Vasco y Navarra».

Su fama comenzó a crecer muy rápido y, solo cuatro meses después de abrir, el Ayuntamiento de Barcelona (sí, han leído bien) le otorgó el premio a la sala española con la mejor programación del año.

En las sesiones nocturnas (también funcionaba por supuesto a modo de discoteca), Nacho Royo y los suyos apostaban sobre todo por ese rock gótico tan propio de mediados de los 80, con bandas como The Lords of the New Church, Killing Joke o The Cult (esta última de referencia en la En Bruto). Mucho más ecléctica era la programación de las actuaciones en directo. «Lo que primábamos era la calidad, pero llevábamos bandas de diversos estilos. De hecho, allí se juntaban rockabillys, punkis, mods, heavies... Cabíamos todos», subraya Royo, que apunta que a muchos de los grupos los conocían pocos zaragozanos en un principio.

Ángel Altolaguirre, de la banda Ángel y las Güais, en la sala En Bruto.

Ángel Altolaguirre, de la banda Ángel y las Güais, en la sala En Bruto. / Perdidos en los 80

En este sentido, la sala también ejerció de prescriptor musical educando el oído de muchos jóvenes. «En esos años las bandas estaban más dispuestas, pero también era complicado convencer a según cuáles. Recuerdo por ejemplo que para poder traer a Johnny Thunders le tuve que montar una pequeña gira por España para que le saliera rentable venir y que pudiera tocar en la En Bruto», rememora Royo.

Además de a grupos internacionales, la sala programó en esa década a casi todas las bandas de la escena aragonesa. Lo corrobora Luis Linacero, que presentó allí todos los discos que editó con su sello Interferencias: Más Birras, Ferrobós, John Landis Fans, Tako, Proscritos, Ángel y las Güais, Desechables... «La En Bruto ayudó a que todos esos grupos se dieran a conocer y por eso todos querían tocar allí», recuerda Linacero.

La sala y esas bandas impulsaron además el espíritu creativo de muchos jóvenes aragoneses. Y eso es precisamente lo que más llena a Royo después de tantos años. «De lo que más satisfecho me siento es de que mucha gente agarró una guitarra tras venir a la En Bruto. Eva y Juan (Amaral), por ejemplo, eran asiduos», destaca Royo, que explica con claridad por qué, tras once años de existosa andadura, la sala llegó a su fin: «La noche es dura y todo tiene su época». La En Bruto, sin duda, marcó una de las más doradas para la música en directo en Zaragoza.

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