Crítica de Javier Losilla del concierto de MusicaEterna: Currentzis enmudeció al público con un Wagner sin voces
La formación interpretó 'El anillo sin palabras' en la sala Mozart del Auditorio de Zaragoza el martes

MusicEterna, con Currentzis en el centro, en el concierto del martes en el Auditorio de Zaragoza. / AUDITORIO DE ZARAGOZA

¿Más de 14 horas de música, condensadas en 70 minutos? ¿A quién demonios se le ocurrió tamaña empresa? Pues al director Lorin Mazel (en colaboración con la Filarmónica de Berlín), quien concluyó el proyecto en 1987. Pero, ¿de qué 14 horas de música hablamos? Pues, ni más ni menos que de la tetralogía operística wagneriana 'El anillo de los Nibelungos', conformada por 'El oro del Rin', 'La valquiria', 'Sigfrido' y 'El ocaso de los dioses'. Maazel quiso capturar la esencia de esa obra titánica del compositor de Leipzig, pero de una forma puramente orquestal, eliminando los elementos vocales e intentando no desvirtuar la narrativa dramática del ciclo. Así, Maazel no aportó a su compendio modificaciones estilísticas ni de estructura; no añadió orquestaciones propias y colocó los pasajes siguiendo su secuencia original, asignando las líneas vocales a los instrumentos solo cuando era necesario. La música de cada ópera responde proporcionalmente al tiempo y al lugar que ocupa en la serie, y así los elementos sinfónicos más notables se engarzan sin tropiezos en el desarrollo general de la pieza. Maazel armó una suite soberbia y más: subió al escenario la música que habitualmente ocupaba el amortiguado foso de Bayreuth. Había nacido 'El anillo sin palabras'.
¿Un corte de mangas a la desbordante creatividad de Wagner, o una inteligente apuesta para disfrutar de una música que, liberada del texto, queda abierta a interpretaciones distintas, aunque la mitología que la sustenta continúe presente en ella? El músico, novelista y ensayista italiano Alessandro Baricco sostiene que “lo que ha condenado a la música clásica a un eterno complejo de culpa que es extraño a otras regiones del arte es que se teme constantemente traicionar al original porque se tiene el sentimiento de que es una manera de perderlo para siempre”. ¿Quiénes son aquí, entonces los traidores? Lorin Maazel, por supuesto, y el director Teodor Currentzis, creador y director de la orquesta MusicaEterna. Director y orquesta (120 músicos) abordaron el martes en el Auditorio de Zaragoza 'El anillo sin palabras', obra programada dentro del ciclo Temporada de Grandes Conciertos.
Excesivo y teatral
Currentzis, griego de nacimiento, ruso de adopción, es un director singular. Excesivo y teatral (¿hay algo más teatral que una ópera y más: que una ópera de Wagner?) para algunos; radical y talentoso para otros. Sin duda no deja indiferente. Hay obras que dirige con los intérpretes de violines y violas de pie en vez de sentados; el martes, una anécdota, eligió como vestuario una camisola sin mangas que dejaban al aire sus musculados brazos. Currentizs, en plan currante, dispuesto a enfrentarse a Wagner sin contemplaciones. Y así fue: con el inicio de 'El oro del Rin', y el cierre con 'El crepúsculo de los dioses'. Con unos músicos excepcionales que le adoran y una dirección que prima tanto los detalles como las texturas, que carga las tintas en los pasajes más vivos, pero no excluye la elegancia en las partes más suaves. Es un mago de la dinámica y un conductor que maneja las secciones de la orquesta como un marinero experto transita por las olas. Cuando una interpretación requiere potencia atronadora, la pide y se le da; pero Currentzis va más allá: no se abandona a lo penetrante y falsamente perturbador, sino que le imprime profundidad; la muy conocida sección de La valquiria, por ejemplo, arrolladora, no traslada por su empuje al espectador a la famosa secuencia de la película 'Apocalypse Now', sino que le obliga a participar del drama y del castigo de Wotan.
La expresividad de las percusiones, la brillantez de los metales y la enorme ductilidad de las cuerdas componen, bajo la mano experta del director un mosaico que es todo un vaivén de expresividad, tímbrica, atmósferas y contrastes, jugando elocuentemente con los leitmotiv del desarrollo wagneriano. ¿Una presentación teatral? Sin duda. Ahí estaban los chelos, por ejemplo, dibujando un amago de danza al compás del movimiento del arco sobre las cuerdas tras un inicio 'spiccato'. Teatrales las trompas, teatrales las 'coreografías' de los percusionistas… Más allá de esta música 'muda', todos tenemos tiene un Wagner en la cabeza y una preferencia de cómo plantear la marcha fúnebre de Sigfrido, o el sueño mágico en el que Brunilda es sumida. Currentzis, tiene en la suya (su cabeza, digo) un Wagner instrumentalmente provocador. Lorin suprimió la voz de los héroes del anillo; Teodor dejó el martes a los espectadores sin habla. Salvo a uno, que gritó un espontáneo y sentido ¡Bravo! Eso sí: todos aplaudieron como si no hubiera un mañana.
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