La escritora Marta Jiménez Serrano presenta 'Oxígeno' en Zaragoza: "Conocer la fecha de tu muerte sería algo terrorífico"
La autora madrileña, una de las grandes revelaciones literarias de los últimos años, presenta este martes en la librería Cálamo (19.00 horas) su nueva novela: 'Oxígeno'

Marta Jiménez Serrano, este martes en Zaragoza. / Pablo Ibáñez

El 7 de noviembre de 2020, poco antes de publicar su primera novela ('Los nombres propios'), Marta Jiménez Serrano y su pareja sufrieron una intoxicación por monóxido de carbono en su casa debido a una fuga en la caldera. Cinco años ha necesitado la autora madrileña para poder contar esta experiencia tan cercana a la muerte. El resultado es 'Oxígeno' (Alfaguara), una historia que conjuga la tensión narrativa, la ansiedad y la esperanza.
Tras sufrir ese episodio tan traumático decidió buscar la ayuda de un profesional. ¿Su psicólogo sabía que estaba intentando escribir este libro?
Sí, sí, se lo dije. Él ya sabía que yo escribía y creo que asumía que lo iba a contar. También le hablé de las dificultades que estaba encontrando para narrar la historia. Tanto la terapia como la novela me ayudaron mucho a digerir lo ocurrido. Al final hay algo cómun entre las dos cosas, que es verbalizarlo. La terapia son las sesiones en sí mismas, pero también lo que ocurre entre una y otra. Y lo que yo hacía entre ellas era escribir el libro. Ha sido parte de un mismo proceso muy terapéutico para mí. Incluso la promoción lo está siendo, porque hablo de ello como si fuera una historia ajena.
Cuenta que cuando era niña su abuela siempre le decía: ‘Hasta mañana, si Dios quiere’. ¿Antes se era más consciente de la muerte?
Creo que vivimos en una sociedad que está muy de espaldas a la muerte. En parte porque hemos perdido la religión de manera mayoritaria y en parte porque estamos obsesionados con la juventud. Parece que estamos todo el rato rechazando la idea de acercanos al final. Y yo creo que lo que me pasó, y el propio libro, me han obligado a hacerme una serie de preguntas que esquivamos muchas veces. Ahora tenemos otros valores. Y como además hemos perdido determinados ritos y formas de espiritualidad, creo que estamos buscando una nueva manera de relacionarnos con la muerte desde otro sitio.
Ahora que se intenta controlar todo hasta el extremo, ¿cuesta más aceptar el final?
Totalmente. El progreso tecnológico y científico nos hace pensar que lo podemos controlar todo. Lo veo también en lo mal que llevamos las catástrofes naturales o los accidentes en general. Nos decimos, ‘¿en un país del primer mundo cómo puede pasar esto? Pues pasa, porque hay cosas que exceden a nosotros. Somos falibles y en la concepción que tiene ahora el ser humano de sí mismo, nos cuesta mucho asimilar eso.
Manuel Vilas parafraseaba hace unos días a Kafka al decir que el conocimiento más terrible de un ser humano sería saber la fecha de su muerte...
Totalmente de acuerdo. Sería horrible. Es un poco paradójico, porque creo que tenemos que vivir conscientes de que esto acabará, pero también con el sosiego de que hay tiempo suficiente y que podemos disfrutar. Por eso, conocer la fecha de tu muerte sería algo terrorífico.
Cuenta en la novela que su primer contacto con la muerte fue su madre desmayada cuando usted tenía nueve años. ¿Este gran tema universal ya rumiaba en su interior antes de su traumático episodio?
Es muy probable. Creo que todos configuramos nuestra mirada de las cosas en la infancia. Y como de la muerte se habla poco, las experiencias en torno a ella se quedan ahí como descolocadas porque nadie nos las explica. Seguro que lo de mi madre me marcó, pero todos hemos tenido alguna.
"Me he permitido no perdonar a mi casera; no lo necesito"
¿Está en proceso de perdonar a su casera? ¿Cree que algún día la podrá perdonar?
Creo que me he permitido no perdonarla. No lo necesito, y te lo digo desde un lugar de calma. Ya no me esquece, pero no creo que nunca piense en ella desde el perdón. Hay algo entre el resquemor y el perdón. No la exculpo y ya no siento enfado, pero tampoco tengo ganas de mirarla con buenos ojos.
Todos los personajes que aparecen en la novela la unen a usted con la muerte. ¿Por eso los eligió?
Supongo que sí. Eran todas las personas que de un modo u otro me habían transmitido ese sentido de la finitud. Luego hay otros personajes inevitables, como Juan, que era entonces mi pareja y estaba ahí cuando todo ocurrió.
Ha explicado que probó a escribir esta novela en tercera persona y que no funcionó.
Me costó mucho encontrar el tono e hice muchas pruebas, pero creo que este libro estaba hecho para ser contado así. En mi novela anterior había jugado con diferentes narradores y tramas, pero aquí sucumbí porque era lo que pedía la historia. Tenía sentido contarlo desde el yo.
En ‘Oxígeno’ también está presente el problema de la vivienda. ¿Quería hablar de ello a modo de denuncia?
Me salió de forma natural. No fue algo buscado, pero con contar la historia salía solo. Esa parte de denuncia social, de la precariedad e irresponsabilidad de algunos caseros se veía reflejada de forma nítida solo con narrar lo ocurrido. En lo que sí me esforcé es en elevar esa reflexión a lo que es el hogar en sí mismo. En cómo nos relacionamos con nuestra casa y cómo eso configura también nuestra intimidad.
Es una historia dura, pero el humor también aflora entre esas baldosas grises.
Sí. Es algo que no tenía planeado, pero me salió solo. Yo lo agradecí durante el proceso de escritura y creo que a la novela también le viene bien. Al final pienso que el humor es una de las formas más interesantes que tenemos de relacionarnos con la muerte.
Lo que le ocurrió sucedió poco antes de publicarse ‘Los nombres propios’, una novela que el año pasado tuvo como una segunda vida en redes.
Sí, tiene muchas vidas. Es como un gato (ríe). Ahora sigue yendo muy bien y conecta de forma muy intensa con sus lectores. Me ha creado ese canal de comunicación con ellos y estoy feliz.
¿Siempre quiso dedicarse a esto de la literatura?
Sí, yo creo que incluso desde antes de saber que esto podía ser una profesión. A los ocho años jugaba a hacer libros ilustrándolos y encuadernándolos; también hacía poemas... Era mi sueño y sabía que era muy difícil de cumplir, pero todos los pasos que he ido dando iban encaminados a esto. El primer escalón era publicar y luego poder dedicar casi todo mi tiempo a esto, así que lo estoy viviendo como un privilegio y como la suerte que es.
¿Ya tiene otro proyecto entre manos?
Estoy tomando notas para dos proyectos de narrativa que tengo en el ordenador, pero aún no sé cuál ganará. Y he vuelto a escribir poesía.
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