Muere el escultor de una de las obras icónicas de la Expo de Zaragoza
La escultura, parte del acompañamiento artístico de la muestra, está entre el Puente de Hierro y el Puente de la Unión


Con la llegada de la Expo 2008 a Zaragoza, se ejecutó un plan de acompañanmiento artístico, en colaboración con el Ministerio de Medio Ambiente como parte de un programa de arte público concebido para revitalizar las orillas del Ebro antes, durante y después de la Expo Zaragoza y cuyos trabajos se ejecutaro entre 2007 y 2008.
Este conjunto constituye aproximadamente 20 intervenciones artísticas que se distribuyen a lo largo de unos 10 kilómetros de riberas y parques en el eje fluvial urbano, marcando así un paseo artístico continuo entre diversos puentes, espacios verdes y zonas de paseo que ahora son parte del paisaje urbano de Zaragoza.
Una de estas esculturas que ya se ha convertido en incónica está situada en el parque que hay entre el Puente de Hierro y el Puente de la Unión y tiene un significado muy simbólico con respecto al tema central de aquella Exposición Internacional, el agua. Su autor fue el artista sevillano Federico Guzmán, que ha fallecido hace unos días repentinamente a los 62 años, según ha anunciado la asociación Legado Expo Zaragoza.
La escultura de seis metros del altura
La obra que lleva su sello y que aún se luce en Zaragoza (con un estado de conservación mejor que la que presentan otras del mismo programa) es 'Manantial'. Es una escultura de gran formato (unos 6 metros de altura) realizada en cemento acrílico policromado, material elaborado parcialmente a partir de reciclaje. Representa una enorme botella de agua arrugada (como las botellas de plástico comunes) que “emerge” del suelo.

'Manantial', de Federico Guzmán, ubicada entre el Puente de Hierro y el Puente de la Unión en Zaragoza. / LEGADO EXPO ZARAGOZA
El agua mana continuamente por su parte superior y resbala por los pliegues de la superficie, creando un estanque alrededor y un efecto visual y sonoro de fluidez. El sistema funciona en circuito cerrado, reciclando el agua bombeada desde el propio estanque. Junto a la escultura hay un “tapón” (también escultórico) con la inscripción 'Nunc semper fluit' ('Ahora siempre fluye'), alrededor del dibujo de la cuenca del río Ebro.
La obra combina una estética contemporánea con un mensaje ecológico y de sostenibilidad. Utiliza la forma de una botella de plástico —símbolo cotidiano de consumo y residuos— para reflexionar sobre el agua como recurso vital y su ciclo continuo. El agua que fluye literalmente desde una “botella” sugiere el carácter constante y compartido del agua en la naturaleza y la responsabilidad colectiva de cuidarla
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