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El Devizio, el garaje en el que tocó Mano Negra y donde nació la leyenda de Kase.O: "No ha vuelto a haber un garito igual"

El mítico local de El Rollo fue una referencia musical para multitud de jóvenes que llenaban la sala cada fin de semana

El Devizio, el garaje en el que tocó Mano Negra y donde nació la leyenda de Kase.O

Daniel Monserrat

Daniel Monserrat

ZARAGOZA

"Ya me había cansado de trabajar para otros y yo lo que quería era ser roquero así que monté un bar". Era el año 1990 y Juan Ignacio Pajares (para todos Ignacio Devizio), a sus 25 años, acaba de comenzar las andanzas de una de las salas míticas de Zaragoza ubicada en la calle Doctor Lozano, en la zona de Moncasi, El Rollo.

Contado casi todo parece muy sencillo pero la realidad, tal y como relata el propio Ignacio Devizio, es que fue él junto a un socio el que se puso a acondicionar el local (que hasta entonces había sido un taller de coches) en el que tuvieron que levantar hasta las propias barras.

"El objetivo era poner la música que me gustaba, rock duro, heavy, punk... y que la gente estuviera a gusto", recuerda el que fue su propietario hasta el 2000. Y desde muy pronto la sala (tuvo que funcionar como asociación cultural para poder acoger conciertos debido al complicado sistema de licencias que estaba vigente y al estar en una zona saturada) se convirtió en un lugar de peregrinación como recuerda Sho-Hai, el rapero miembro de Violadores del Verso que por aquellos años era cliente y luego acabaría siendo camarero: "Era mi bar preferido a mí que me gustan los guitarreos,allí íbamos todos, los heavys, los raperos, los siniestros, los punkis... y todos de muy buen rollo, en paz y armonía. Yo cuando iba a El Rollo prácticamente solo iba ahí".

"Éramos todos amigos"

"Éramos todos amigos", recuerda Ignacio Devizio, "donde en otros bares siempre había follones, los porteros de mi bar nunca tenían que echar a nadie, estábamos todo pasándolo bien y ya está", rememora el entonces propietario, que también tenía claro que, desde el principio, quería que fuera una sala de conciertos.

En ese sentido, recuerda Diana Smith, pluriempleada en el bar donde ejercía de camarera, pinchadiscos y lo que surgiera, "era una sala que ejercía también como educadora musical porque en aquel tiempo la música que poníamos ahí era donde la oían los chavales, no había Spotify ni otras cosas. Y éramos un bar para los chavales de barrio, para gente más joven, esa fue la clave, no éramos nada elitistas. Apostábamos por poner una música muy diversa que no ponían en ningún otro garito, no ha habido otro igual". De hecho, recuerda, "venía hasta gente de Francia porque les gustaba lo que pinchábamos".

Algo que no fue sencillo, "nos freían a multas y denuncias pero no nos prohibieron hacer conciertos hasta poco después del de Mano Negra"). El concierto de la banda de Manu Chao es, precisamente, uno de los grandes momentos del Devizio, que se recuerda por toda la ciudad. Fue el 22 de diciembre de 1994 y fue el día en el que, probablemente, más gente hubo en la sala. El bar estaba tan lleno que la batería de Mano Negra, recuerda con humor Ignacio Devizio, "hubo que pasarla por la barra lateral y pasándonosla por encima de las cabezas". Y es que una avería en una de las furgonetas que traía al grupo desde Madrid se averió lo que hizo que llegara más de dos horas tarde. "Si no hay concierto no sé qué hubiera pasado", asegura Ignacio Devizio.

GBH, Def con dos...

El directo se hizo (aunque le costó una multa al local por el ruido ya que "compramos algo mejor para ese concierto") y todo el mundo salió contento porque Manu Chao tomó una decisión sorprendente al acabar. "Como se había recaudado más dinero del que se había hablado con él e iba a taquilla, él no quiso más que lo firmado y el resto nos lo repartió entre el promotor y la sala", explica Ignacio Devizio. Una cosa más, esa noche (un jueves, por cierto) cuenta con el honor de ser la que mayor caja hizo en la historia del bar, 1.500.000 de pesetas (en torno a 9.000 euros).

Los conciertos en la sala eran una auténtica fiesta como atestiguan las imágenes que se pueden ver de entonces: "Es que la gente íbamos a oír música y a beber nuestras cosas, a pasarlo bien", recuerda Sho-Hai.

El de Mano Negra solo fue uno más de los grandes nombres que pasaron por allí, la banda de hardcore punk británica GBH (el "sueño cumplido" de su propietario), Barón Rojo, Def con dos, Los deltonos... y hasta un imberbe Kase.O que, con 14 años, se mostró con un desparpajo (hay vídeos de aquella fecha) que asombra. Ese mismo día también actuó Gangsta Squad, la banda de Lírico y Brutal.

"Era una sala única en cuanto a la acústica y la visibilidad. De hecho, nos lo decían todos los grupos que pasaban por aquí, que teníamos unas condiciones que no se veían en ningún lado", rememora Diana Smith.

Problemas con las licencias

La historia del Devizio fue la de un bar al que le ponían continuamente problemas con las licencias. De hecho, poco después del concierto de Mano Negra, le prohibieron las actuaciones en vivo... y después le precintaron el equipo de música. Empezaba entonces una de las etapas más rocambolescas de la sala que, en silencio porque no le dejaban poner música, llenaba noche tras noche el local de parroquianos. "No podía permitirme cerrar, estaba ya con el agua al cuello así que lo que hice fue poner precios populares y la gente venía aún más. Hasta venían los dueños de los otros bares de El rollo para ver que era verdad lo que se contaba". "Mirado con perspectiva era muy raro íbamos todos a un garaje sin música ni nada pero lo pasábamos muy bien", recuerda Alfredo, un asiduo en aquellos años.

Todo hasta que en 1997 consigue recuperar los permisos y también volvieron los conciertos, aunque la situación no era nada sencilla: "Teníamos a los Saxon programados y menos mal que antes nos cerraron el bar, porque era una locura meter a esa banda allí solo ya con las condiciones técnicas que nos pedían", explica. Ignacio Devizio ya no podía sostener la situación, "había bajado mucho el negocio" y decide traspasar el bar a un nuevo socio que se topó de nuevo con un problema histórico de la sala, el de las licencias, lo que acabó por echar el candado a la Devizio. Leyenda viva de Zaragoza.

Una decisión esperpéntica institucional dictó su final

Los últimos años de la sala también son parte de una historia un tanto esperpéntica. Ya con nuevos propietarios, desde Cultura del Ayuntamiento de Zaragoza no solo le autorizó a organizar conciertos sino que los promocionaba dentro de una campaña que se realizó con motivo de la candidatura a la capitalidad cultural europea de 2016, que contemplaba un programa ambicioso. Se concedieron permisos para realizar actuaciones musicales a lo bares que tuvieran licencia de cafetería. Sin embargo, poco duró la aventura ya que Urbanismo (del mismo ayuntamiento) le prohibió realizar conciertos alegando que carecía de licencia generándose una situación difícil de explicar. "Lo que Cultura nos da, Urbanismo nos lo quita", decía gráficamente en aquellos tiempos el propietario entonces del Devizio, Manuel Alonso. Ese esperpento acabó siendo la puntilla para la sala que, definitivamente, cerró en octubre de 2014 en un contexto también en el que la zona de El Rollo ya estaba de capa caída y sus mejores noches ya habían pasado. Cuatro años después, en 2018, el local tuvo una nueva vida, pero ya alejada de la música, ya que se instaló la iglesia evangélica Asamblea Apostólica de la Fe en Cristo Jesús. Sin embargo, este nuevo inquilino tampoco duró mucho tiempo y, ahora mismo, lo que era la sala Devizio es un local sin uso a la espera de que alguien se decida a darle vida con una nuevo proyecto de cualquier tipo.

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