El escritor Víctor del Árbol visita Zaragoza: "La literatura también puede servir para movilizar conciencias"
El autor barcelonés, premio Nadal de 2016, presenta este jueves (19.00 horas) en la Fnac plaza de España su última novela: 'Las buenas intenciones'

Víctor del Árbol, este jueves en Zaragoza. / Jaime Galindo

Víctor del Árbol (Barcelona, 1968) presenta este jueves en la Fnac plaza de España 'Las buenas intenciones' (Ediciones Destino), la novela con la que cierra la trilogía que inició con 'Nadie en esta tierra' (2023) y continuó en 'El tiempo de las fieras' (2024). El premio Nadal de 2016 vuelve a recurrir al personaje del sicario sin nombre para reflexionar sobre el sentido de la culpa y la redención en un libro que lo reafirma como uno de los grandes maestros del género negro. Sus novelas se han traducido a numerosos idiomas y gozan de gran éxito en países como Francia o Estados Unidos.
¿Qué retos se planteó a la hora de abordar esta trilogía?
Lo que más me interesaba era ver hasta dónde podían llegar estos personajes en circunstancias distintas. Para eso necesitaba de tres historias diferentes que plantearan diversos matices a cada personaje, matices que son precisamente los que les hacen cambiar y evolucionar.
El personaje del sicario intenta redimirse en esta última novela.
'Las buenas intenciones' es una novela que está llena de malas decisiones. Quería abordar las consecuencias que tienen para ellos mismos y para el resto. Y sobre todo reflexionar sobre si existe o no la posibiliad de redención. Si una vez que cometemos un error, lo podemos corregir con una buena acción o no.
¿La novela negra es el género idóneo para reflexionar sobre la psique humana?
El 'noir' tiene una cualidad maravillosa, porque hace de lo anecdótico algo universal. Un crimen común puede acabar convirtiéndose en una reflexión mucho más amplia. De hecho, lo que me gusta del género es que no se centra en el individuo, sino en lo colectivo. Y a mí siempre me ha interesado más lo que somos como sociedad que lo que somos individualmente.
El personaje del sicario se presenta en un principio como un nihilista, pero aun así no puede dejar de pensar en su familia, en el sentido de la justicia, el amor... ¿No se puede escapar de eso?
Claro, porque el nihilismo puro no puede existir. El ser humano necesita interactuar a través de sus emociones con el entorno. Es como la teoría del erizo. Necesitamos herirnos, pero al mismo tiempo necesitamos la cohabitación. El sicario no escapa a todo eso y lo que he intentado es quitarle toda esa máscara de frialdad para entrar en su interior y ver que es igual que el resto de los personajes, con sus filias y fobias.
En esta novela vuelve a reivindicar el valor de la ética.
Sí, yo he basado toda mi carrera literaria en entender lo que somos como colectivo. Y eso solo se puede comprender desde la ética. Entender los límites de la libertad y qué precio estamos dispuestos a pagar para defenderla o que pasa si renunciamos a ella... En ese sentido, la ética es mucho más interesante que la moral. La moral es lo que tú crees, pero eso a mí no me importa siempre y cuando respetes el marco ético del que nos hemos dotado para convivir.
En 'Las buenas intenciones' aborda por ejemplo el tema de la corrupción urbanística. ¿Tenía un afán de crítica social?
Bueno, es un marchamo que me ha acompañado desde que escribí ‘El peso de los muertos’ hace 20 años. Siempre he interpretado la literatura como una herramienta. Más allá del entretenimiento hay un porqué y un para qué. Y mi objetivo es denunciar la injusticia. Puede parecer hasta naif, pero cuando no se denuncia la injusticia se normaliza, y eso no nos lo podemos permitir. A veces es la corrupción urbanística, otras la hipocresía política, el crimen organizado, las infancias robadas... Creo que la literatura puede crear comunidad. Tú puedes pensar que algo está mal, pero si te sientes solo y aislado no te vas a mover. En cambio, si ves que forma parte de una corriente común, la cosa cambia. Por eso siempre he tenido muy claro que el arte y la literatura pueden servir también para movilizar conciencias.
En su anterior novela, 'El tiempo de las fieras', trató los safaris humanos de Sarajevo meses antes de que en Italia se abriese una investigación al respecto.
El interés que tengo en las historias del pasado es que no se mueran. Lamentablemente, siempre hay tragedias que pasan de moda porque vienen otras nuevas. Lo que intento es dar voz a esas víctimas, porque mientras haya un lector que la lea no se olvida. Sobre lo que me comentabas de Sarajevo, yo siempre planteo la misma pregunta: ‘¿qué tipo de justicia es una que se aplica 30 años después?’
¿Con esta trilogía quería demostrar de alguna forma que la novela negra también puede ser literaria?
Yo me hice escritor porque me encantaba leer. Soy un enamorado del lenguaje y creo que tenemos uno de los idiomas más bonitos del mundo por todos sus matices. Y cuando se usa de manera adecuada puedes llegar a dimensionar la realidad de una manera impresionante. En este sentido, siempre he pensado que la poética y la belleza tienen cabida en la narrativa. Tú puedes explicar las cosas más terribles de la manera más hermosa, porque el contraste hace que tenga un mayor efecto.
En sus novelas construye personajes con muchas capas, tramas densas, saltos en el tiempo... ¿Le pide un esfuerzo extra al lector?
Se lo pongo difícil, sí. Pero es lo que te decía. Yo nunca me he conformado con la superficie de las cosas y lo que he ido buscando son técnicas narrativas que me permitieran profundizar en lo que quiero contar. Si al final los lectores me siguen leyendo es porque comparten esa visión de no quedarse en la epidermis. Pero sí, para eso se necesita un mayor esfuerzo. Yo no soy un escritor fácil.
En ese sentido, ¿piensa alguna vez en no pasarse de frenada para de esa forma llegar a un público más amplio?
En realidad no. Porque cuando estoy escribiendo el primero que necesita entender soy yo. Y mi manera de pensar es olística. Cuando me planteo un problema tengo que verlo desde un prisma unificado. Primero lo entiendo yo y luego intento trasladárselo al lector. En esta novela, por ejemplo, he aprendido a equilibrar el ritmo y la tensión narrativa con la profundidad, a compensar las técnicas del 'thriller' con la novela más intimista. Y creo que eso es algo bueno.
Un escritor siempre sigue aprendiendo...
Por supuesto. Es lo que te decía. Yo en los últimos años he aprendido que al lector hay que darle pausa. No le puedes ahogar con las emociones, tienes que darle tiempo para que respire y sus emociones se resitúen. Eso lo hacen muy bien Dolores Redondo, Juan Gómez–Jurado o César Pérez Gellida, y yo lo he aprendido de ellos.
¿Ya está con otro proyecto entre manos?
Si, mi cabeza no se para nunca. Aún es pronto, pero lo que tengo claro es que no va a ser novela negra. Creo que funciono bien por ciclos. Escribí tres o cuatro sobre la memoria histórica, luego esta trilogía y ahora me apetece otro territorio que empiezo a intuir pero aún no sé cuál será exactamente.
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