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La importancia de la prescripción contra la locura cultural

Iniciativas como La buena estrella y los Premios Cálamo defienden la esencia

La gala de los Premios Cálamo de 2024.

La gala de los Premios Cálamo de 2024. / EL PERIÓDICO

Daniel Monserrat

Daniel Monserrat

ZARAGOZA

Vivimos tiempos muy locos en los que lo complicado empieza a ser saber distinguir la verdad de la mentira, lo que merece la pena y lo que no. Y no me refiero a los tan temidos bulos (que ya están por todos los lados, incluso en las conversaciones a la salida de los colegios) ni siquiera a la proliferación de la inteligencia artificial (IA para todos). Me refiero a las propuestas culturales.

Obviamente, no hablo exactamente de verdad y de mentira, aunque en realidad sí. Quiero decir, no digo que haya cosas que existan y otras que no, pero sí que es necesario saber distinguir entre las que merecen la pena y las que no. O, por hilar más fino, las que me pueden interesar a mí y las que no.

Yo siempre parto del hecho de que cualquier hecho cultural por el hecho de existir tiene ya un público predeterminado y que su mayor problema puede ser en el mundo que vivimos encontrar ese destinatario.

Mercado cultural

Esto viene a cuenta de que el mercado cultural (utilizo la palabra mercado premeditadamente) está sobresaturado en todos los aspectos. Se publican libros por encima de las posibilidades lectoras, se producen películas muy probablemente por encima de lo que a día de hoy puede asumir el mercado y ni hablar del número de canciones que, ¡a diario!, se incorporan al catálogo de Spotify.

¿Cómo convivir con ese bombardeo constante? Fundamentalmente, creándote tu propio mercado de prescriptores. Por eso, además de los expertos en la materia que lanzan sus recomendaciones para ayudar a separar el grano de la paja, tiene vital importancia la celebración de encuentros entre creadores y públicos.

La buena estrella

Me refiero, por ejemplo, a La buena estrella, ese ciclo brillante de coloquios que organiza Luis Alegre con la Universidad de Zaragoza, que permite que directores, intérpretes y guionistas puedan compartir momentos con los espectadores que, por un lado, pueden conocer de cerca a gente que, en algunos casos, admira, y, por otro, pueden descubrir las claves de las películas. La buena estrella acaba de cumplir 30 años y, por ella, han pasado casi todas las grandes estrellas del cine patrio (exceptuando Pedro Almodóvar y Antonio Banderas). La última en hacerlo esta misma semana ha sido Mélani Olivares, un ejemplo de que en el cara a cara casi cualquier persona gana en interés.

Por eso, también es fundamental la labor de la las librerías aragonesas (no tengo rubor en decir que son de las mejores que hay en el país) trayendo a los más destacados escritores y ciclos como Martes de libros de la Fundación Ibercaja.

Los excelsos Premios Cálamo

Y, sobre todo, permítanme que resalte por encima de todas las iniciativas libreras de la comunidad los Premios Cálamo. Unos galardones que se celebran el próximo viernes 27 de febrero (Caja Rural de Aragón, 18.30 horas, entrada libre) y que, una vez, han medido la calidad literaria del año pasado y premiará a la estupenda 'Comerás flores', de Lucía Solla Sobral, a Leila Guerriero, a Dioni Porta y, de manera póstuma y necesaria, a Agustín Gómez Arcos.

Son unos premios cuya mayor valía ya no es tanto reconocer el estupendo trabajo de los escritores del año sino, precisamente, su labor de prescriptores entre todo lo que se ha publicado. De su palmarés, reconozco, han surgido algunas de las mejores lecturas que he tenido a lo largo de mi vida.

En este mundo loco que nos ha tocado habitar en la que lo que ayer eran certezas hoy son incertidumbres y mañana osadías o sueños, solo nos queda abrazarnos a las propuestas culturales de calidad para poder responder nuestras dudas y si no, al menos, para poder reflexionarlas y afrontarlas sin miedo ninguno. Vamos, lo que siempre ha sido la cultura y que algunos nos quieren robar en estos tiempos.

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