El escritor Luis Landero visita Zaragoza: "El móvil es como una droga muy adictiva que te aísla de los demás y te convierte en un zombi"
El autor extremeño, convertido ya en un clásico contemporáneo, presenta su nueva novela: 'Coloquio de invierno'

Luis Landero (Alburquerque, 1948), este pasado martes en Zaragoza. / Rubén Ruiz

El escritor Luis Landero, Premio Nacional de las Letras, presentó ayer en el ciclo Martes de Libros de la Fundación Ibercaja su nueva novela: 'Coloquio de invierno' (Tusquets), en la que reúne una serie de historias narradas por siete personajes que se quedan atrapados en un hotel rural durante la tormenta 'Filomena'. En una especie de tributo a la narración oral, su libro se convierte en un pequeño y actual 'Decamerón' que remite a 'Los cuentos de Canterbury' o 'Las mil y una noches’.
¿Pretendía hacer un homenaje a la narración oral?
No, no. Yo no partía con un objetivo inicial ni idea preconcebida. Lo único que quería era poner a hablar a unos cuantos en un lugar. Que estuvieran aislados, que no tuvieran cobertura, y ver qué tenían que contarse. También que opinaran. Es decir, que hicieran de narradores y de filósofos, como de alguna forma hacemos todos cada día.
¿Y qué descubrió?
Pues que es la cosa más vieja del mundo. Nuestros primeros padres, cuando inventaron el lenguaje, lo que hacían al final del día era contarse lo que habían hecho. Actualmente, con las redes sociales y demás, el diálogo parece que ha perdido su lugar estelar, pero es el argumento más tonto y viejo del mundo. Esa pérdida de protagonismo del diálogo aún me animó más a escribir este libro.
La novela se convierte en una especie de oda a la conversación, algo que cada vez se cultiva menos.
Lo que ocurre es que no hay tiempo para cultivarla. Y el problema añadido es que vivimos experiencias prestadas. Estamos con las redes, con el móvil, la televisión... Entonces, lo que contamos es un refrito de cosas que nos han contado otros. Sin embargo, no contamos las cosas que nos ocurren a nosotros. Las vivencias, las ideas, la incertidumbre, las alegrías... De alguna manera, vivimos un poco de segunda mano, con ideas y narraciones que nos venden desde fuera.
"Vivimos de segunda mano, con experiencias prestadas que vemos en las redes o la televisión"
Nombraba las redes sociales. ¿Vivimos en un mundo hiperconectado pero cada vez estamos más solos?
Así es, pero no es nada nuevo. Buena parte de la literatura y el arte del siglo XX trata sobre la incomunicación. Quizás sea uno de los grandes temas del siglo XX. Surgió después de la Primera Guerra Mundial y esa deshumanización e incomunicación aparecen continuamente en casi todas las novelas. Todo eso se ha agravado aún más con el móvil, que es como una droga muy adictiva que te aísla de los demás y te convierte en una especie de zombi. Salir a la calle y ver a todo el mundo con la cabeza gacha mirando su teléfono tiene mucho de distópico. De hecho, si viniera alguien del pasado no entendería nada de todo esto.
¿Servirá de algo prohibir las redes a los menores de 16 años?
No lo sé, pero yo lo veo bien. Aún no sabemos el daño que todo esto les va a hacer, pero es preocupante. Estar todo el día hipnotizado con lo que pasa dentro de una pantalla, donde casi todo son trivialidades, sin pensar ni observar la realidad no creo que sea muy positivo.
Hablaba de la importancia del diálogo, una quimera entre la clase política...
Bueno, es que no se escuchan. Cada uno llega con su discurso aprendido de casa y lo suelta independientemente de lo que diga el otro. El diálogo debería ser un camino de conocimiento, pero ahora todo son monólogos aislados. Y el gran problema es que se miente impunemente, estableciéndolo como parte de las reglas del juego. Parece que todo el mundo se ha acostumbrado a que Trump, por nombrar a uno, mienta de forma constante y ya no le damos importancia, pero no debería ser así. Hubo un tiempo en que la clase política, aquí mismo en España, tenía cierto prestigio. Ahora no hay ni rastro de todo eso y la mentira impera.
"Hubo un tiempo en que la clase política tenía cierto prestigio. Ahora impera la mentira"
He leído que su abuela le contaba muchos cuentos. ¿Por eso defiende tanto la tradición oral?
Yo crecí en un pueblo de Extremadura donde no había luz eléctrica. En mi casa no había libros y el único modo de entretenimiento era estar juntos y hablar. Como tantos analfabetos, mi abuela Francisca heredó esa cultura campesina y popular y se sabía infinidad de cuentos. Era una especia de estuche lleno de conocimientos, experiencias, adivinanzas, refranes, canciones... Esa cultura campesina se ha ido transmitiendo de padres a hijos, pero ahora está a punto de extinguirse. John Berger dijo en 'Puerca Tierra' que la mayor catástrofe cultural del siglo XX es la extinción de la cultura campesina. Y es cierto.
Usted se define como un ser solitario.
A ver, yo estoy bien con la gente y, además, creo que soy amable y cordial. Pero prefiero estar solo. Sobre todo porque la soledad trae la lentitud de la vida, el silencio... Todos esos bienes que se están perdiendo y que tan necesarios son para pensar por tu cuenta, vivir con sosiego y no andar por ahí cautivo de la inmediatez y el móvil. La soledad es mi mejor lugar de acogida.
En este mundo hipercomunicado, ¿su forma de vivir es casi revolucionaria?
Bueno, igual eso es demasiado (ríe). Pero entiendo lo que dices. Mira, cuando yo era profesor intentaba inculcar a mis alumnos los valores fundamentales que tienen la lentitud, la soledad, el silencio... Es bueno concentrarse un poco para descubrir lo que hay dentro de ti. Dentro de todos nosotros hay una especie de tesoro esperándonos; partiendo de nuestro propio pasado, que lo damos por sabido pero que hay que conquistárselo al oído. En este sentido, escribir es una herramienta más. Cuando convocas la imaginación, la memoria y todos tus cinco sentidos aparecen cosas que ni sospechabas que podían estar dentro de ti pero que están esperando a ser rescatadas.
¿Ya está 'rescatando' otras historias?
Bueno, tengo tres proyectos ahí aparcados. Estoy deseando que acabe la promoción de este libro para ponerme a escribir. Están en una fase muy embrionaria y aún no puedo adelantar nada. Además, yo nunca cuento nada de lo que tengo en curso, ni siquiera a mi mujer ni a los amigos. ¿Para qué? ¿Para que te confundan todavía más?
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