La historia de la KWM, el primer 'after' de Zaragoza: "Fue el local de moda en los 80; por allí pasaron Sabina, Alaska y muchos más"
La discoteca del paseo Fernando el Católico traspasó fronteras a finales de los 80 y cada fin de semana atraía a gente de fuera de la comunidad y a reconocidos cantantes


Se convirtió en el primer after de Zaragoza allá por 1989, atraía a gente de otras comunidades autónomas y en su pista de baile disfrutaron de lo lindo muchos de los artistas que pasaron por la ciudad en esos años: desde Sabina a Alaska, Loquillo o Tino Casal. La KWM es quizá la discoteca más emblemática que ha alumbrado la capital aragonesa. De hecho, su leyenda aún camina con paso firme por la noche zaragozana tres décadas después de su cierre. Ayudó sin duda la época que le tocó vivir, con esos años 80 y principios de los 90 dispuestos a comerse el mundo. Y eso que la sala del paseo Fernando el Católico apenas estuvo abierta diez años (de 1983 a 1993).
En realidad, su gran fama se la granjeó entre finales de 1988 y principios de 1993, el tiempo en el que estuvo al frente de la cabina dj Fran. El valenciano, fundador poco después de la Coliseum, fue uno de los grandes artífices de que las filas llegaran hasta la plaza San Francisco en aquellos años y de que las paredes de la KWM sudaran de la condensación. «Se creó una conexión muy fuerte en esa sala, a la que llevé un trozo de Valencia antes incluso de que naciera la ruta del bakalao», resume Fran Santiago.
Lejos de lo que se pueda pensar ahora, lo consiguió con una propuesta bastante oscura y gótica, acorde a los gustos de entonces. «En esos primeros años yo pinchaba mucho post-punk, rock, new wave... Y a grupos como New Model Army, The Cult, Depeche Mode o Sisters of Mercy», apunta el dj, que cuando entró a trabajar en la KWM solo tenía 19 años.

En imágenes | La KWM, la discoteca que unió a todas las tribus urbanas de Zaragoza / JAVIER CEBOLLADA / JAIME GALINDO / PERDIDOS EN LOS 80
A pesar de su juventud, Santiago aterrizó en Zaragoza con bastante experiencia tras pinchar en la noche valenciana y una técnica a los platos poco vista en esos años en la capital aragonesa: «Entonces no era tan habitual ver a alguien mezclando dos discos a la vez. Yo cogía un disco de rock o post-punk, lo acompasaba rítmicamente con otro más electrónico y la gente se quedaba flipando porque nunca había escuchado algo así».
Dj Fran (todavía sin la k final en esa época) empezó a pinchar en la KWM en septiembre de 1998, pero la discoteca abrió bastante antes. En concreto, en 1983. «El fundador de la sala fue Nicolás Reblet, que se trajo de Barcelona la idea de un local oscuro y de estilo gótico. Después pasó a manos de Félix Latorre y en esos años, entre 1985 y 1988, el dj era Santi Rex, el cantante de Niños del Brasil», recuerda Armando Fernández, que poco después pasaría a ser el encargado de la discoteca.
Punkis, rockers y pijos
En esa época, Santi Rex lograba congregar a un público fiel con la música que pinchaba (sobre todo bandas de rock gótico y de post-punk), pero «fue Fran el que revolucionó el sonido de la discoteca», apunta Fernández. El dj valenciano llegó a Zaragoza en mayo de 1988 para hacer la mili y la suerte le sonrió poco después de pisar por primera vez el cuartel de aviación de San Lamberto. «Mi cabo primero era valenciano y al tercer o cuarto día me dice: ‘¡Oye, tú eres de Valencia y eres disc-jockey!», rememora Fran, que por aquel entonces no sabía que esa casualidad iba a determinar su futuro: «A los pocos días me llevó a su local preferido: La Estación del Silencio. Yo flipé porque allí conocí a todos los Héroes del Silencio y poco a poco me fui relacionando con mucha gente de ese entorno. Algunos días subí a pinchar y me acuerdo que se quedaban boquiabiertos al verme mezclar dos discos a la vez».
El dj tenía muy claro que quería aprovechar su talento a los platos para sacarse un dinero mientras hacía la mili, así que empezó a buscar bares «a puerta fría». «Al final lo conseguí y estuve pinchando unos meses en el Apotheke de la calle La Paz y en el Tubular. Pero un día, estando en La Estación del Silencio me enteré de que Santi Rex quería dejar la cabina de la KWM porque se quería centrar en su banda. Yo ya había estado en la discoteca, que me flipó en cuanto entré, así que aproveché que algunos amigos de La Estación conocían a Félix Latorre para conseguir una prueba».
En septiembre de 1988 pasó a ser el dj oficial de la KWM y todo lo que pasó después es leyenda viva de la noche zaragozana. Según apunta Fernández, que fue el encargado de la sala entre 1989 y 1993, «el factor determinante fue reconvertirnos en el primer ‘after’ de la ciudad»: «Las mezclas de Fran se empezaron a hacer famosas y ese nuevo horario de seis a doce de la mañana reunió a todas las tribus urbanas. Te podías encontrar punkis, rockers, góticos, pijos... Y todos convivieron siempre con un buen rollo increíble».
Fuego en la cabina
A las pocas semanas de entrar Fran como dj y de convertirse en after, las filas llegaban a la plaza San Francisco. «También estaba Pacha en la calle Sevilla, pero nosotros nos convertimos en la discoteca de moda. Toda la gente de Zaragoza quería venir, hasta que nuestra fama fue creciendo aún más e incluso empezó a venir gente de Pamplona, Valencia, País Vasco, Barcelona… No se lo querían perder ni los artistas que venían a la ciudad a tocar. Por allí pasaron Joaquín Sabina, Alaska, Loquillo, Tino Casal, Gurruchaga…¡Hasta jugadores del Real Madrid!», rememora Fernández, que destaca que por esa época algunos jóvenes madrugaban y buscaban excusas para salir de sus casas a las seis o siete de la mañana.
Tal era la entrega del dj valenciano en la cabina que una vez se llegó a prender fuego la etapa de potencia. «Era brutal el ambiente que se creaba allí. Me acuerdo que tuvimos que cambiar tres veces la madera de la pista de los taconazos con los que la gente acompañaba las mezclas de Fran, que en los últimos años ya fue yendo más hacia el tecno», destaca Fernández.
Pese a su tremendo éxito, la KWM (siglas de King World Mansion) cerró en febrero de 1993 por diversos factores y allí empezó su leyenda. La discoteca reabrió en 1995 bajo el nombre de la Kitsch y el tirón del house la mantuvo abierta algo más de una década. Actualmente, en ese local hay una ortopedia. «Cada vez que paso me quedo mirando y siempre se me dibuja una sonrisa en la cara. Solo el que estuvo allí puede saber lo que fue realmente la KWM», concluye Fran.
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