El aragonés Manuel Vilas afronta el desamor en 'Islandia': "Destruir la amistad en un divorcio es subdesarrollo emocional"
El escritor oscense presenta este martes su nueva novela en el Patio de la Infanta

Manuel Vilas presenta 'Islandia', su nueva e íntima novela / Rubén Ruiz
Manuel Vilas (Barbastro, 1962) trae a Zaragoza su última novela, ‘Islandia’, en la que airea y explica la herida abierta por el fin de su último matrimonio, por el pasado y el futuro de lo que fue y nunca será. Pero también es la reconstrucción, la aparición de nuevos lenguajes y nuevas formas verbales para nombrar la realidad después del adiós y el necesario rescate de la amistad. Este martes, 3 de marzo, lo presenta al público en Martes de libros, en el Patio de la Infanta.
Islandia es una isla lejana, rota por los volcanes y con la superficie helada. ¿Qué puebla su ‘Islandia’?
Los protagonistas de la novela viajan de manera real y física a Islandia en un crucero y lo que va a ser un viaje vacacional acaba siendo un viaje emocional. Ellos ya han roto, ya no son marido y mujer cuando hacen ese viaje, solo son amigos, y descubren en Islandia un país desconocido. Es decir, la novela narra la transformación del amor matrimonial o de pareja, en amor de amistad y eso está simbolizado con ese crucero. Por tanto, el título de la novela es muy importante porque dibuja la utopía de la amistad entre dos personas que acaban de romper y se plantea si es posible esa amistad después del amor.
Ahora sabemos que está novela está atravesada por su propia la realidad. ¿Novelar algo tan próximo es más terapia que trabajo literario?
Las dos cosas. Ha sido una terapia, pero también ha sido literatura. Como ser humano estaba viviendo una historia muy importante en mi vida y de alguna manera el escritor tenía que intervenir. Esa es la doble identidad que uno tiene, la humana y la de escritor, que se interfieren constantemente. Hay una lucha interna y, al final, el escritor se lleva al ser humano por delante; porque mi vocación literaria, buena o mala, es arrasadora. Entonces, esa parte coge la historia de mi ser humano y decide contarla.
El libro empieza con una “¿Cómo he podido fracasar tanto en el amor?”. ¿El fracaso es el fin o no haber sido consciente del fin?
El narrador evoluciona a lo largo de la novela. Pasa de esa sensación de fracaso cuando la novela se inicia con una frase que se dice o que dices o que te dicen (y no sé qué es mejor, si decirla o que te la digan), que es: ya no estoy enamorada de ti. Al narrador le supone un mazazo porque no se la esperaba, por lo que comienza a indagar qué ha pasado, porque esa frase conlleva un fracaso y él se siente culpable. Explora en la historia que han vivido, en los once años de matrimonio, dónde estuvo su error; de hecho, la novela encuentra cosas que hizo mal, las dice y habla también de la ceguera en la ruptura, en la que uno de los dos no está viendo las señales que el otro está emitiendo.
"(Ya no estoy enamorada de ti) es una frase valiente, es una frase necesaria cuando pasa que alguien la dice"
¿Admitir que ya no existe amor es una forma de amor?
Al final de la novela, el protagonista, se da cuenta de que esa frase inicial está llena de honestidad. Es una frase valiente, es una frase necesaria cuando pasa que alguien la dice. Cuando la oye se enfada, cuando la razona la entiende. La novela es un proceso que invita a hablar de amor y de rupturas.
Parece que sin la dialéctica amor/desamor no existiría la literatura o el arte, en general. ¿Qué mueve más al mundo: el amor o el desamor?
Es el amor. En realidad, el desamor es una consecuencia del amor, pero lo que mueve el mundo es el amor. En la novela una de las partes más importantes es la defensa del amor que hubo y la memoria de ese amor.
Y, a pesar de ser una cuestión universal desde el principio de las civilizaciones, parece que no acabamos de hacerlo bien, seguimos redefiniendo las relaciones amorosas.
Es muy curioso, porque ha evolucionado la humanidad, la ciencia y la tecnología; es impresionante el cambio de las sociedades, la modernización de todo; y, sin embargo, en las relaciones sentimentales no ha habido evolución. Hay avances, claro que los hay, pero no tan vertiginosos como en otros ámbitos de la vida humana. A mí eso me inquieta: ¿por qué no avanzamos más en lo emocional y, sobre todo, en las relaciones amorosas? En los últimos 20 años, con el feminismo, se ha movido mucho, de manera venturosa y afortunada, pero todavía falta. En la novela sí que se plantea una pedagogía del divorcio, sin reproches y sin todo eso que estamos acostumbrados a ver; aquí es un divorcio con la amistad de fondo.
¿Y es posible salvar la amistad?
Yo creo que sí, que dentro de 50 años lo normal será divorciarse salvando la amistad. En una relación amorosa hay una parte que es erótica, una parte que es matrimonial o de pareja, pero hay otra que es de amistad; la que se rompe es la amorosa y erótica. Pero la de haber estado años con conversaciones fantásticas con tu mujer o con tu marido, con viajes, con cosas que se han hecho en común, destruir eso en un divorcio es absurdo, es subdesarrollo emocional.
A principios de febrero dejaba su legado en el Instituto Cervantes. ‘Islandia’ es una también un testimonio vital. ¿Qué quiere que se recuerde de usted dentro de 25 años?
En el Cervantes dejé muchos diarios de cuando era joven, porque pensé que igual podía tener la tentación de destruirlos, porque la persona que refleja no soy yo. Son muy sorprendentes y nunca me ha apetecido publicarlos, pero tampoco quería destruirlos, así que pensé que la forma de salvaguardarlos era darlos al Cervantes, con la fecha de apertura del 2051, en donde habrá otro mundo allí afuera. En el 2051, el siglo XXI ya estará asentado ahora está en sus inicios y menudo comienzo está teniendo.
"Los escritores, en el fondo, albergamos la posibilidad de que nuestra obra trascienda y, si es posible, colarle un gol al tiempo, colarle un gol a la muerte"
¿Cree que en 2051 se entenderá ‘Islandia’?
Esa es uno de los grandes misterios de la literatura, no sabemos muy bien qué obras van a perdurar. Cuando puse la fecha del 2051, era como una especie de desafío al tiempo, ¿qué quedará de nosotros, de esta sociedad, dentro de 25 años y de esta literatura? No sé ni siquiera si llegaré a esa edad. También la literatura tiene una especie de cuerpo a cuerpo con el tiempo y los escritores, en el fondo, albergamos la posibilidad de que nuestra obra trascienda y, si es posible, colarle un gol al tiempo, colarle un gol a la muerte.
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