El escritor Juan Gómez Bárcena visita Zaragoza: "Vivir una experiencia cercana a la muerte pudo ser uno de los puntos de partida de esta novela"
El autor cántabro presenta este martes en Cálamo (19.00 horas) su última novela, 'Abril o nunca', en la que reflexiona sobre el duelo y el tiempo

Juan Gómez Bárcena (Santander, 1984), este martes en Zaragoza. / Pablo Ibáñez

Narrar un tiempo que no pasa. Ese es, ni más ni menos, uno de los retos que el escritor Juan Gómez Bárcena se ha planteado en su última novela, ‘Abril o nunca’ (Seix Barral): «Es un libro sobre el duelo y, más en concreto, sobre lo que le sucede al tiempo cuando vivimos un trauma». El hecho traumático del que se vale el autor cántabro es desgarrador: un padre que se queda dormido en una playa y una hija que se ahoga. A partir de ese fatídico 13 de abril, surge un intento desesperado de regresar al momento exacto en el que el mundo personal del protagonista aún no se había desplomado.
«Muchas personas que han vivido un duelo muy grave sienten que el tiempo se detiene, que todo lo que les rodea tiene un halo de irrealidad. Me interesaba captar eso; esa falta de deseo de continuar en el tráfico del mundo y esa necesidad de seguir ligados a la persona perdida. Continuar vinculado a ese tiempo porque es una manera de no traicionarla y de seguir con ella», explica Gómez Bárcena, al que también le inspiró la idea freudiana del duelo como forma de locura, de enajenación al menos transitoria.
«Sí, me interesaba mucho esa tesis y creo que Freud estuvo muy lúcido al plantearla –reconoce el autor–. Él decía que hay locuras que son socialmente aceptadas y que por lo tanto no parecen locuras, pero la enfermedad mental está ahí en ese momento». Gómez Bárcena se vale de todo ello para reflexionar sobre el tiempo y sobre la posibilidad de regresar y modificar lo ya vivido: «Creo que solo alguien que ha visto derrumbarse todo a su alrededor, es capaz de desconfiar de la realidad hasta el punto de creer que el propio tiempo puede ser un constructo mental».
Basándose en ese planteamiento casi fantástico (el tiempo paralizado por el dolor), el escritor comenzó a crear el personaje de Daniel, un padre dispuesto a renunciar a todo para recuperar lo que más quiere. «Me interesaba esa ambigüedad y que no quedara muy claro si estamos ante una novela fantástica o no. Pero creo que, al final, el tiempo que nos interesa es el tiempo vivido, el interno, no el tiempo de los relojes. A todos nos pasa que hay ciertos eventos que parecen eternamente presentes», comenta el autor santanderino, que recurriendo a esos supuestos casi fantásticos busca sobre todo comprender mejor la realidad: «Entener qué sucede dentro de nuestras cabezas me parece tan importante como comprender lo que ocurre fuera».
En este sentido, la psicología está muy presente en su nueva novela, aunque subraya que él la ha escrito de una manera «más intuitiva»: «Otros de mis libros han sido más analíticos. En este me he dejado llevar más y estoy muy contento con el resultado porque creo que a través de la intuición llegamos a puntos a los que no llegamos a través del análisis».
La imaginación como vía de conocimiento
Para reflexionar sobre todo ello y sobre el tiempo –una constante que subyace en toda su obra–, el autor de ‘Mapa de soledades’ ha apostado por una relación de paternidad, pese a que él no es padre: «Creo que hoy en día le estamos dando mucha importancia a la literatura como testimonio. A mí eso me parece muy interesante, pero no creo que sea la única vía de la literatura. El escritor también puede trabajar con la imaginación, que es una vía de conocimiento en sí misma. De hecho, no creo que yo hubiera escrito mejor esta novela siendo padre».
Teniendo en cuenta que la posibilidad de reescribir lo ya vivido es una de las premisas de la novela, la pregunta es casi obligada: ¿Si pudiera volver atrás, cambiaría algo de su pasado? «Tengo claro que no. Soy un gran creyente de la teoría del caos y creo que un pequeño cambio desembocaría otros mucho más grandes».
Lo que tampoco tocaría por temor a un desenlace distinto es el accidente que él y la también escritora Marta Jiménez Serrano (entonces su pareja) sufrieron en su piso de Madrid en 2020. Una fuga en la caldera les provocó una intoxicación por monóxido de carbono, pero afortunadamente todo se quedó en un gran susto. «Vivir una experiencia cercana a la muerte, en la cual yo también pude quedarme dormido, pudo ser uno de los puntos de partida de esta novela, como una forma de preguntarme qué hubiera pasado si las cosas hubieran llegado más lejos... Puede ser, pero en realidad todo eso son preguntas que uno se hace ‘a posteriori’. Además, nunca hay un único motivo que le lleva a uno a escribir».
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