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Un director aragonés estrena una obra de teatro censurada: "Nace de la urgencia de retratar un tiempo"

Madrid acoge la puesta de largo de esta producción que adapta la polémica producción

Pablo Cortés Ferrández a la derecha, en una producción anterior.

Pablo Cortés Ferrández a la derecha, en una producción anterior. / PABLO CORTÉS FERRÁNDEZ

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Daniel Monserrat

Daniel Monserrat

ZARAGOZA

'SPHÄRE' llega a la sala exlímite de Madrid donde estará hasta el 19 de abril como una propuesta escénica inmersiva, física y urgente que retrata el vértigo emocional de una generación. Esta adaptación y dirección del aragonés Pablo Cortés-Ferrández de 'La ronda', de Arthur Schnitzler, sitúa la acción en un club nocturno donde electrónica, deseo y poder marcan el pulsode la hipocresía social.

Cuatro personajes —interpretados por Samuel Naranjo, Lucía Michiels, Roger Figueras y Alba Sanz — encarnan distintas capas sociales: trabajadores, inmigrantes, consultores, políticos, artistas y estudiantes. A través de diez escenas, que avanzan con la inmediatez de un dedo deslizándose sobre la pantalla, la acción transita de un club a la calle, del dormitorio al teatro, componiendo un mosaico fragmentado y vertiginoso de nuestro presente.

En este espacio nocturno de estética berlinesa y música electrónica, el sexo y el deseo funcionan como ejes temáticos y dispositivo dramático, en diálogo con ciertas fiestas contemporáneas que reivindican la libertad sexual como parte de su identidad.

Poder, hipocresía, consumo y violencia atraviesan una dramaturgia que expone las contradicciones de una sociedad hiperconectada y, sin embargo, profundamente sola. 'SPHÄRE' se erige así en un espejo incómodo; mientras en la pantalla se multiplican las opciones y la promesa de un poder infinito, en la vida real persisten la desigualdad, el vacío y la soledad.

Censuras que vuelven

En su momento, 'La ronda', de Arthur Schnitzler, fue censurada por la explicitud de la sexualidad y el subconsciente y, como dato curioso, fue objeto de intercambio epistolar entre el propio autor y Sigmund Freud. En 1921, tras su estreno en Viena, enfrentó procesos judiciales por “inmoralidad” y fue prohibida en varios lugares. Schnitzler, afectado por la controversia, retiró los derechos de representación pública durante años.

Por ello, “no estamos únicamente ante una obra de teatro, sino ante el eco de otras piezas que, a lo largo de la historia, fueron silenciadas, prohibidas o consideradas peligrosas como, desafortunadamente, está ocurriendo hoy en día en nuestro país”, comenta Pablo Cortés-Ferrández. Esta adaptación recoge ese legado crítico y lo inserta en un ecosistema reconocible para el espectador actual.

La propuesta escénica diluye las fronteras entre público y ficción: el/la espectador no permanece como observador externo, sino que habita el espacio y forma parte de la experiencia que se construye desde la proximidad y la implicación directa.

“La obra nace de la urgencia de retratar un tiempo donde los vínculos se consumen con la misma velocidad con la que deslizamos un dedo en el móvil. Donde el sexo es moneda, el amor una superstición y el cuerpo un campo de batalla entre clases, géneros y expectativas”, explica su director. “Además, se trata de una relectura inédita en el contexto español, que actualiza el pulso crítico de Schnitzler para interpelar a la sociedad contemporánea desde un lenguaje radicalmente actual”, asevera.

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