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Natalia Moreno cuenta que 'Madonna no nació en Wisconsin': "Quería hablar de la vida que fueron los ochenta y los noventa, con todos su silencios y sus violencias"

La cineasta zaragozana ha realizado su primera publicación literaria con un relato crudo e íntimo de un pasado no tan remoto. Este jueves la presenta en Zaragoza en la sede de la Fundación Caja Rural

Natalia Moreno (a la izda.) en la presentación de 'Madonna no nació en Wisconsin' en el Festival de Málaga

Natalia Moreno (a la izda.) en la presentación de 'Madonna no nació en Wisconsin' en el Festival de Málaga / VICTOR LAFUENTE

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Zaragoza

Las páginas que ahora presenta Natalia Moreno destilan verdad y un imaginario común, en el que se puede llegar a identificar toda una generación, la que creció –o más bien sobrevivió- a finales de los ochenta y durante los noventa en Aragón (o cualquier otro lugar). Ese es el marco espacio-temporal de ‘Madonna no nació en Wisconsin’, escrito por la actriz, directora, productora, dramaturga y desde este título escritora, Natalia Moreno.

En colaboración con la Librería Cálamo y la Fundación Caja Rural, el 12 de marzo y en Salón de Columnas de la Fundación Caja Rural de Aragón, la zaragozana charlará, desde las 19.00 horas, con Paula Ortiz sobre este libro narrado en primera persona.

La protagonista del libro crece refugiada en su sobrenombre, Madonna, para ser como cree que debe ser para conseguir la atención y el cariño que la realidad de su entorno social y familiar le regatean. “Quería hacer un reflejo de una época”, concreta Natalia Moreno, mientras se distancia de cualquier tipo de reflejo autobiográfico. “Espero poder escribir una escena sobre un asesino y no matar a nadie”, bromea.

Portada de 'Madonna no nació en Wisconsin' (Galaxia Gutenberg, 2026)

Portada de 'Madonna no nació en Wisconsin' (Galaxia Gutenberg, 2026) / Galaxia Gutenberg

En un lugar de Aragón, o no

Lo que sí aporta la historia de la autora a estas páginas son los olores, los sabores, los paisajes. Natalia Moreno nació en Zaragoza y se crió en Huesca –"Wesconsin (con e), entre los amigos"-, tuvo una abuela aragonesa, paseó por las orillas de los ríos pirenaicos o experimentó el olor de la comida casera de aquí, pero su trabajo literario aspira a ser universal: “Quería hablar de la vida en un momento histórico que fueron los ochenta y los noventa, con todos sus silencios y sus violencias”.

Así, Moreno se sirve de la magia de la literatura para crear personajes que zigzaguean entre los silencios y los sobreentendidos de un tiempo que creó grandes estigmas. “Las relaciones con el maltrato, los problemas de género, se vivían entre todas las vecinas; yo vengo de ahí, vengo de un lugar donde las mujeres se ayudaban entre ellas y las cosas se callaban, afirma. Al igual que la violencia de género y el maltrato familiar, el alcoholismo o las adicciones se banalizaban y se rodeaban de eufemismos sociales.

El silencio que pretendía ser protector de la infancia y la moral, según aclara Moreno, es una cuestión que trata de dejar abierta en la novela y no emitir juicios sobre ello, aunque: “Tengo una protagonista niña a la que nadie le dice nada de lo que está ocurriendo y se le ha mandado al pueblo sin saber si su familia está viva o muerta; habita un silencio total”. Esta coyuntura le generará “una fractura muy grande” y que muchos años después seguirá sin soldar.

De aquella generación a esta

“Hay algo que está mejor colocado con respecto a la verdad, no se le tiene tanto miedo a la verdad”, reflexiona Moreno sobre la cuestión en la actualidad. Aquella generación se aguantaba las penas en el estómago, tal y como se apunta en el texto, y acostumbraba a desarrollarse desde la culpa; ahora, la sociedad se empeña en llamar "generación de cristal" a quienes han decidido no tragar más pena: “Hay cosas de la gente joven que me fascinan y es que se aceptan en muchos sentidos como son, han normalizado muchas cosas que en nuestra generación no eran así; todo lo normativo con respecto a los físicos y a lo social se las han cargado”, apostilla Moreno.

Natalia Moreno en el último Festival de Cine de Málaga

Natalia Moreno en el último Festival de Cine de Málaga / ANA BELEN FERNANDEZ

Pero la de Madonna también es una historia de vida y transformación: “Ella puede llegar a abrir su corazón y entender sus fracasos también”. Desde un dolor universal, al que la escritora no quiere ponerle género, ya que “el dolor es dolor humano”, la vida de la niña y la adulta se enredan para alumbrar a una mujer que une dos orillas, aquella adolescencia y esta madurez, con distintas reglas: “Es una mujer que sigue apretando los dientes porque viene criada con creencias de cómo se deben hacer las cosas, incluso en lo romántico”. Y Moreno plantea cómo con casi 50 años a las espaldas tiene que habitar una nueva realidad donde “no me odio tanto, me dejo ser, no me juzgo tanto y me atrevo a abrazar mi propio fracaso vital”.

Esta mirada hacia un pasado que resuena en ella ha cincelado su primera novela, en la que la precisión descriptiva de cada palabra usada desata evocación e imágenes: “Tiene la crudeza de la vida que puedan tener Bukowski o Sylvia Plath”, comenta. Acostumbrada a la cuadrícula de los guiones de cine, “la literatura me ha permitido volar, ser muy libre y experimentar el placer de la palabra”, expresa con la dulzura de quien ha sido feliz en el proceso y tiene la certeza de que repetirá.

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