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Crítica de Javier Losilla: Luz Casal, el brillo bajo la intuición

La artista gallega actuó el viernes en la sala Mozart del Auditorio dentro de Inverfest Zaragoza

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Javier Losilla

Javier Losilla

ZARAGOZA

En la quinta fila de la platea del Auditorio (por extensión en otras muchas) hubo momentos en los que más que escuchar a Luz Casal había que intuirla. Eso, sin contar que la batería de Tino di Geraldo, pese a estar tras una pantalla de metacrilato, sonaba como un cañón, por encima de la voz, del bajo, de las guitarras, del piano y de los teclados. Es lo que ocurre cuando no se tiene en cuenta que en un espacio de lujo para la música clásica, los conciertos electrificados han de tratarse con mucho mimo: controlando el volumen, siendo discretos con la reverb en la voz… En fin, todas aquellas cosas que hacen al intérprete se le entienda lo que canta y no sea engullido por sus compañeros instrumentistas, además de evitar un gran barullo sonoro. Me consta que en otras zonas del Auditorio la cosa fue mejor, pero tampoco de lujo. Así, que tomen notan los técnicos que sonorizaron a Luz.

Luz. Luz es como decir la artista que atraviesa géneros y estilos. Incluso el tiempo de las modas y los modos; el tiempo que marcan quienes solo creen en la música como un negocio más. Luz es mucha luz. Se encuentra pletórica de voz y de ánimo, controla el escenario como nunca, y ofrece un repertorio con el que puede expresar todo el discurso musical que contiene su carrera, y todos los matices de una voz tan peculiar como reconocible; tan singular como atractiva. Así, que entre intuiciones y escuchas más o menos llevaderas (lógicamente, en las piezas más tranquilas la burundanga se atenuaba) disfrutamos de unos músicos precisos e imaginativos y de una cantante que reformula las canciones más antiguas para darles nueva vida, y ofrece las piezas de 'Me voy a permitir', su disco más reciente, con gozoso acierto. Entre esas novedades, una elocuente 'Me vas a permitir', inspirada en Noah Higón, escritora y activista que convive con siete enfermedades raras y cuyo lema vital da nombre a la canción. Y además, algunas recreaciones que lleva a su terreno insuflándoles una dosis muy personal de energía emocional. 'Lágrima', por ejemplo, de Amália Rodrigues, que Luz lleva más allá del fado, y 'Bravo', lamento escrito por Luis Demetrio Traconis, y que popularizó la simpar (permítaseme esa sugerente viejunez) Olga Guillot.

Grandes destellos

No les voy a fatigar con el título de las 23 canciones que interpretó, entre otras cosas porque Daniel Monserrat ya les hizo ayer una crónica urgente con todo detalle; pero quiero destacar, además de los citados, destellos como los desplegados en 'Volver a comenzar' y en 'Negra sombra', con texto de Rosalía de Castro. Y reseñar que en los bises, cuando sonó 'Piensa en mí', se escuchó una tanda de aplausos como pocas veces se ha visto. Lógico. En fin, que la próxima vez quiero ver y escuchar a Luz sin intuirla, disfrutando de cada sílaba de quien atraviesa las canciones como una actriz en una gran representación de drama y comedia, de ángeles y demonios. Ella se lo merece; yo, también.

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