Así fue la sala M-TRO, el epicentro de la Movida en Zaragoza con un modelo europeo: "Tuvimos mucho apoyo moral, pero económico ninguno"
El centro cultural ubicado en la calle Casa Jiménez nació en 1986 tras el éxito de la Muestra de Pop-Rock y Otros Rollos como un epicentro cultural que combinaba los conciertos con puestos de venta de artículos


Jaime Berdejo fue uno de los tres socios fundadores de la sala M-Tro que, en poco tiempo, se convirtió en referente de la Movida zaragozana apostando por un modelo diferente. Ubicada en la calle Casa Jiménez, 8, era un local de dos plantas que se asemejaba a las casas de la cultura europeas. «Montamos una sala que tenía dos partes, una parte arriba con cafetería y un montón de tiendas de gente que vendía sus productos y la parte de abajo con una sala de actuaciones para algo más de 300 personas y empezamos ahí a hacer actuaciones», rememora el que fuera uno de sus precursores.
Era el año 1986 y la apertura de la sala levantó gran expectación en Zaragoza. Aunque Berdejo no se acuerda bien, la leyenda cuenta que el primer concierto fue el de Pekora Jarris (con Mariano Casanova al frente) y hubo gente que no pudo ni entrar. A partir de ahí, se empezó a consolidar una agenda de conciertos, que incluían artistas internacionales. Por la sala, a bote pronto, pasaron grupos tan importantes como Héroes del Silencio, Mestizos, Más Birras, IV Reich, Furtivos, La Frontera, Los Nikis, The Meteors, Tijuana in Blue, Desperados, Dogo y los Mercenarios, Coyotes, Ana Curra, Potato, Tahures Zurdos, Los Negativos, Freddy Fingers Lee o Wilko Johnson.
También Niños del Brasil, con todavía Bunbury a la guitarra, actuación que rememora la propia banda: «El 22 de enero de hace mucho años (1988) dimos nuestro primer concierto. Fue en un concurso, el Medio Kilo de Rock en la sala M-Tro, y quedamos bastante mal clasificados... No es de extrañar porque sufrimos un montón de apagones de luz debido a 27 enchufes que iban a parar al mismo que provocaban que se nos desprogramasen los 'samplers' y hubiese que esperar un rato... Cosas de los 80», relatan.
"La necesidad de crear un espacio"
Pero, ¿cómo se gestó aquella sala? «Por aquel entonces vivía en Madrid y vivimos toda la Movida madrileña hasta que empezó la época negra de la droga y empezaron a desaparecer nuestros más queridos amigos y decidimos irnos de allí y volver a Zaragoza», comienza explicando Jaime Berdejo. «De algo teníamos que vivir así que montamos un puesto en el Rastro con todo tipo de parafernalia para las bandas, de todo tipo, y empezamos a irnos a las principales ferias del país».
En torno a ese puesto se empezó a crear un grupo de gente que pasaban por allí como el propio Enrique Bunbury, rememora Berdejo, y gente de fanzines, artistas… . Todo ese caldo de cultivo culminó en la Muestra de Pop-Rock y Otros Rollos: «Fue un éxito brutal, no solamente porque recaudó y no costó dinero, sino porque fue una exposición muy variada de todo lo que había en Zaragoza y todo lo que emergió para ese momento. Y a partir de la muestra se vio la necesidad de crear un espacio», explica Berdejo.
Por aquel entonces, reconoce, «la venta ambulante había ido muy bien y teníamos algo de capital», porque, aclara, «apoyo moral tuvimos mucho pero económico ninguno, era una iniciativa totalmente privada». Y después de haber viajado mucho por Europa («a Bélgica, Londres, Amsterdam, Berlín…») para conseguir productos para su puesto, tenían la idea muy clara de lo que querían.
Un año y pico a pleno rendimiento
La Movida en Zaragoza estaba en plena efervescencia y eso se notaba en el local con multitud de conciertos y mucha actividad en la zona de arriba, pero Berdejo y su equipo detectaron pronto que aquello se estaba derrumbando: «Estuvimos un año y pico a pleno rendimiento pero a los dos años ya se vio que aquello empezaba a bajar. La caja es un chivato rápido y se empezaron a vender menos entradas…», recuerda Berdejo.
Empezó una etapa en la que la sala de arriba, con la cafetería estaba repleta de gente «con mucho ambiente, mi hermana era la que se encargaba de hacer todas las tapas», pero la asistencia a los conciertos estaba de capa caída y por eso empezamos a hacer otras actividades en la sala de abajo, cinefórums, teatro… aquí empezó con nosotros por ejemplo Javi el Mago y otros muchos artistas».
Beligerantes con las drogas
Pero dada la situación, el final estaba cerca ya que, aclara Berdejo, «nosotros necesitábamos el dinero, no éramos niños de papá». Ese fue el motivo del final, aclara, «aunque todo el mundo piensa que fue por problemas con los vecinos. Como vimos que aquello iba cayendo montamos un restaurante en Zaragoza, Cantina Mariachi, y nos fue tan bien que creamos franquicia con 120 establecimientos. Y como la M-Tro estaba de capa caída decidimos cerrarla porque económicamente nos iba mejor con los restaurantes», explica claramente Jaime Berdejo. Era el año 1989.
Uno de los fundadores de aquella mítica sala también desliza que en aquella época su beligerancia contra las drogas tampoco les ayudó: «Las teníamos prohibidísimas, habíamos vivido lo que habíamos vivido y estábamos beligerantes contra ellas, yo algún follón tuve en la parte de abajo por este motivo con gente que quería pasar sustancias. Y eso quizá nos penalizó dada la época que era».
Aun así, Berdejo lo tiene claro: «Fueron años muy felices, muy positivos, con mucha gente alrededor, muchos amigos y viajes para ver grupos, descubrir un montón de talento...».
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