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El BV80, el bar de Zaragoza donde Bunbury cobró su primer sueldo, conoció a los Héroes y catapultó a Sabina

Valtueña revolucionó la escena cultural de Zaragoza de 1981 a 1983 con el espacio que abrió en la calle Doctor Palomar lleno de rebeldía

El BV80, el bar de Zaragoza donde Bunbury cobró su primer sueldo, conoció a los Héroes y catapultó a Sabina

Daniel Monserrat

Daniel Monserrat

ZARAGOZA

«Conocía a mucha gente del mundo de las artes y de la música, pero de hostelería no sabía nada». Era el año 1981 en una Zaragoza en la que apenas había locales con música («solo había alguno de jazz o bossa nova, pero de rock y otras artes, teatro... no había nada») y Valtueña, «con ganas de hacer algo por la ciudad», decidió abrir «un experimento» en la calle Doctor Palomar de Zaragoza, el BV80. Un lugar que pronto se convirtió en referencia cultural para la ciudad.

«Era un punto de encuentro, sobre todo para los músicos, la gente del teatro, los intelectuales, y, sobre todo, para los políticos, estaban todos, los de derecha, los de izquierda, los del centro... había un cachondeo allí que no veas», rememora Valtueña, quien recogió las andanzas de aquel local hace unos años en 'Noches de BV80' (Libros del innombrable).

Grupos de jóvenes con canciones propias

La música pronto tomó también un lugar privilegiado en el lugar merced al sótano del que disponía: «Yo quería que fuera una escuela de música así que pronto empleé la planta de abajo para prestarlo a grupos de música y que ensayaran sus canciones. El que quería tocar en el BV80 no podía tocar versiones», explica Valtueña, que cuenta la consecuencia directa de aquello: «Los grupos empezaron a hacerse grupos, porque entonces en Zaragoza casi no había, estaban solo los viejos, que ni siquiera tocaban ya en directo», rememora.

Javier Krahe, Joaquín Carbonell y Joaquín Sabina, en otro local, la misma noche donde actuaron en el BV80 en 1981.

Javier Krahe, Joaquín Carbonell y Joaquín Sabina, en otro local, la misma noche donde actuaron en el BV80 en 1981. / GAZA

Y, claro, aquello funcionó como polo de atracción para artistas que han pasado a la historia de la ciudad como Bunbury, Mauricio Aznar, Gabriel Sopeña, Aborígenes del cemento... «Venían muchos críos y uno de ellos era Bunbury, estaba todo el día metido ahí, tenía mucha inquietud musical. El primer sueldo que ganó como músico se lo pagué yo», recuerda el propietario del BV80. Tocaría hasta «ocho o diez veces» con diferentes formaciones como Rebel Waltz (donde él era el batería). De hecho, aunque la historia oficial que «cuentan ellos es otra, los Héroes del silencio se conocieron en mi local, por eso luego después de la Muestra de Pop, Rock y Otros rollos formaron la banda, ya se conocían del BV80», asegura Valtueña.

Aborígenes del cemento

Los Golden Zippers con Mauricio Aznar también era otra de las bandas residentes del local y, entre ellas, también estaba Aborígenes del cemento. «Ellos eran un poco más mayores y todos los críos se colaban para verles ensayar. Bunbury le decía a Paco Céster, 'yo quiero ser como tú', se le caía la baba cuando lo veía cantar».

Paco Cester, cantante de Aborígenes del cemento, en el mítico local.

Paco Céster, cantante de Aborígenes del cemento, en el mítico local. / BV80

El BV80 también cuenta entre sus muchos hitos el de haber acogido el primer concierto de Joaquín Sabina en Zaragoza y, es más, Valtueña defiende que «Sabina ha llegado a ser lo que es gracias al BV80, se hizo famoso aquí», asegura antes de explicarlo: «Tocaba con Krahe ya en La mandrágora, pero lo hacían antes 40 personas, no más. Y la discográfica me contactó, porque no había forma de vender el disco que habían grabado, querían hacer un evento en mi bar con profesionales del sector. Y ahí fue cuando empezaron a despegar. De hecho, gracias a esta actuación, el concejal de Cultura de Zaragoza, Luis García-Nieto los contrata y actúan por primera vez en su vida ante 2.000 personas. Desde entonces no pararon de crecer», narra Valtueña.

El teatro y los políticos

Pero el BV80 no solo era música ya que también tenía su hueco para otras artes como el teatro. «Normalmente, por la noche, siempre programábamos teatro y de ahí han salido todos los actores y directores de teatro aragoneses que son famosos ahora de aquella 'época», asegura Valtueña. Los conciertos se hacían en horario más de tarde porque el local no estaba insonorizado y para tratar de evitar problemas con los vecinos.

El grupo de teatro El Grifo en una de sus actuaciones en el BV80.

El grupo de teatro El Grifo en una de sus actuaciones en el BV80. / BV80

«Por allí estaba Dionisio Sánchez con el grupo de teatro de El Grifo, que era una pasada. Fue novedoso con muchos espectáculos, ideó una especie de combate de boxeo que luego se ha hecho en otros sitios y en nuestras televisiones y donde invitaban a dos políticos y los subían al escenario para que se 'cascaran' entre ellos. La amenaza era que si uno de los políticos no acudía, entonces subía uno de sus actores y lo ponía verde. No se perdió ni uno la cita», dice entre risas el fundador de aquel BV80, que pasó a la historia de la ciudad.

La despedida

La aventura del espacio no llegó a los cuatro años ya que tuvo que cerrar sus puertas. ¿Por qué? «Era una ruina», dice con sinceridad el promotor, que va más allá: «Yo pagaba a todos los grupos aragoneses que tocaban en el bar, los de fuera venían gratis para promocionar, pero el problema es que los aragoneses que tocaban eran gente muy joven y que no traían mucha gente que consumiera en la barra, así que empezó a ser inasumible mantener el lugar abierto. Años después, cuando yo ya no vivía en Zaragoza, me enteré que los grupos pagaban por tocar en los locales, pero como yo no era un explotador... así me fue», concluye.

Muchos años después, en 1997, Bunbury iniciaba su carrera en solitario con su disco 'Radical sonora', que incluía una canción, 'Negativo', que rememoraba aquellos días de su infancia: «Las noches del BV80 / escapando a tocar. / A todos quiero gritar, / a todos quiero gritar. / No la cambio por otra / aunque no sea gran cosa».

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