David Uclés, escritor, en Zaragoza: "Mientras que sea en foros literarios y a través de mis textos, siempre hablaré y sin miedo"
El jienense estuvo ayer en el Patio de la Infanta, hablando de su última novela, ‘La ciudad de las luces muertas’, Premio Nadal 2026. Uclés publica este relato sobre una Barcelona atemporal y a oscuras, un encuentro entre la realidad y la imaginación de la mano de Carmen Laforet, donde el autor se permite diálogos fantásticos con Picasso, Julio Cortázar, Núria Espert, Rosalía o Joan Miró.

David Uclés ha presentado en Zaragoza 'La ciudad de las luces muertas' / Rubén Ruiz
¿Qué hace que muera la luz de una ciudad?
Pues no dejándola ser ella misma, homogeneizándola como está ocurriendo con prácticamente todas las ciudades grandes del planeta. Impidiendo que los que trabajan en la propia ciudad sean los que habitan esos barrios o el centro de las ciudades. Así muere una ciudad y así están muriendo tantísimas. Pero en la novela la oscuridad que rodea a Barcelona tiene diversas interpretaciones; puede ser la que acabo de explicar, la gentrificación, o puede deberse a fuerzas políticas que asfixian a una ciudad, como el fascismo durante el siglo XX en España o en Barcelona, también puede ser una personificación, como ver un paralelismo entre los últimos días de Carmen Laforet y su alzheimer con la vejez y la asfixia de una ciudad.
¿Y se llega a recuperar esa luz?
Depende del personaje se va a entender una cosa u otra por oscuridad y también por luz, porque cada una de estas oscuridades tiene una luz distinta: la luz democrática, la luz de dejar una ciudad un poco en barbecho... Depende, es una novela coral y como tal tiene una coralidad de posibles soluciones y de posibles causas, no hay una única.

El escritor David Uclés con su última novela 'La ciudad de las luces muertes' / Rubén Ruiz
Carmen Laforet es quien guía el libro y al lector. ¿Por qué Carmen Laforet?
Surgió. Estaba concebida como novela coral y no había ningún personaje que destacara más que otro. Pero, como empezaba con el de Carmen y lo recuperé una vez o dos, pues se me ocurrió lo de que envejeciera. Me servía como ligero hilo conductor. Pero, en realidad, la protagonista es la ciudad.
¿Cómo eligió a los personajes y los encuentros que se dan?
Investigué qué personajes, artistas, pintores, escultores, músicos o bailarines, habían vivido en Barcelona un tiempo. ¿Había pasado Maria Callas? Pues la meto, porque la adoro y porque quiero meterla. ¿Ha pasado George Orwell para combatir el fascismo? ¿Pasó Antonio Machin, huyendo del fascismo? pues puedo ponerlos juntos. O Jean Genet, fue el gran escritor de teatro francés y fue durante los años 20 al Raval, pero también pasó por el Raval Terenci Moix, eran homosexuales y uno adoraba la obra de otro, pues los voy a poner juntos. Esas conexiones fueron muy orgánicas, iban surgiendo conforme iba investigando la ciudad. Además, de todos admiro su obra, no es que admire a todos como personas, pero sí como artista; con Picasso o Josep Plá, no me tomaría un café, pero ‘El cuaderno gris’ está muy bien y la pintura de Picasso es impresionante.
"¿Cuál ha sido el mal político que más ha asfixiado a España durante el siglo XX? el fascismo, durante la guerra y durante la dictadura, por lo tanto, es de ser objetivo denunciarlo, no es de ser ni de izquierda ni de derecha, es una obviedad"
Sus personajes son artistas, defiende que no son políticos, pero tampoco la elección es inocente.
En lo literario siempre intento ser objetivo. Yo no he hecho ningún ensayo político, entonces, en lo literario no tengo conciencia de poner mi vis política. Cuando cuento la Guerra Civil hay ahí de todo: hay cedistas, hay falangistas, hay franquistas, hay monárquicos, hay faístas, hay comunistas o estalinistas, cada personaje tiene su ideología y yo les doy voz a todos. Cuando escribí ‘La península de las casas vacías’ lo hice con objetividad y cuando escribí esta novela, lo hice también con esta objetividad: ¿cuál ha sido el mal político que más ha asfixiado a España durante el siglo XX? El fascismo, durante la guerra y durante la dictadura, por lo tanto, es de ser objetivo denunciarlo, no es de ser ni de izquierda ni de derecha, es una obviedad.
Su forma de narrar suscita críticas de todo tipo, muy buenas o muy malas. ¿Son críticas constructivas todas o las hay malintencionadas?
Para mí, mis críticos son mis lectores. Ya lo decía Delibes, que si él iba a un acto y había gente y le mostraba su cariño, esos eran sus críticos. Y tengo la suerte de que ahora puedo tener ese baremo. No siempre he podido usarlo, al principio eran muy importantes para mí las críticas. Ahora las respeto, pero mi mayor crítico es el público. Las leo al principio y las positivas agradan y las negativas, depende, porque si son constructivas, me enseñan si por ejemplo me muestran debilidad narratológica, pues yo aprendo y la teorizo; otras veces son personales o están enmascaradas de críticas literarias. Me cuesta mucho saber si la crítica tiene una ideología detrás, si la hacen porque no les caigo bien, o porque saben que soy de izquierda.
Usted no rehúye la polémica.
Mientras que sea en foros literarios y a través de mis textos, siempre hablaré. En ‘La ciudad de las luces muertas’ es un texto en cuyo desarrollo muchos personajes luchan contra fuerzas oscuras políticas que quieren derribar derechos. Con ese mensaje puedo trazar un paralelismo con la situación actual y es lo que intento hacer, pero siempre desde mis textos. Y así seguirá siendo. Y sin miedo, claro, de hecho, hay demasiado miedo, en general.
Hace poco anunció que se retiraba del foco público, de la luz. ¿Cree que se ha expuesto demasiado, más allá de la literatura?
Siempre que escribo una novela intento ir más al extranjero para inspirarme y para empezar cosas nuevas, es lo que voy a hacer otra vez. Soy nómada, no he estado nunca en mi vida más de diez meses en el mismo sitio y me voy durante dos años a viajar y a inspirarme, porque para escribir hay que vivir.
¿Y adónde va para la siguiente novela?
Sí, tengo varias becas, una es en Lisboa y otra es en Venecia, entonces en otoño estaré entre las dos y, después, pretendo irme a Praga. O no lo sé, perderse forma parte del proceso creativo, siempre lo he hecho, y ahora con más razón, porque ya no tengo el anonimato de antes.
"Voy a estar en Lisboa, Venecia y Praga. A mi próxima historia las ciudades decadentes le vienen bien"
Las que nombra son ciudades con mucha personalidad y una luz especial.
Me voy a tres ciudades decadentes: Lisboa, Venecia y Praga. Pese a ser una ciudad (Lisboa) con muchísimo turismo, tiene este toque decadente que también lo tiene Venecia, porque todo el mundo dice que huele mal, que hay humedad y no sé cuánto; Praga también, porque es una de las únicas ciudades que no fue bombardeada durante la II Guerra Mundial. No lo digo mucho, pero a mi próxima historia las ciudades decadentes le vienen bien.
¿Estos son tiempos de luz o de sombra?
Estamos ahí, con esa luz que no sabes si va a atardecer o si va a amanecer porque se parecen los instantes de luz. No lo sabemos. Y frente a esto, una frase que el otro día me dijo Pilar del Río (viuda de José Saramago): ‘No hay que ser optimista ni pesimista, hay que ser activista’.
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