El aragonés José Moñú será el único artista español en la Bienal de Venecia (y estos días expone en Zaragoza): "Supone un gran paso en mi carrera"
El pintor zaragozano afianza su trayectoria internacional sin dejar de mirar a su ciudad natal: hasta el 16 de mayo expone en la galería Olga Julián

José Moñú, en la exposición que puede verse estos días en la galería zaragozana Olga Julián. / LAURA TRIVES

José Moñú (Zaragoza, 1981) es uno de los pintores aragoneses con mayor proyección internacional. Ha expuesto en Nueva York, Miami o Berlín y lleva años destacando en la semana del arte contemporáneo de Madrid y en la feria Arco. Muy pronto, dará un salto de gigante en su particular trayectoria internacional al participar en la Bienal de Venecia, una de las exposiciones más prestigiosas del mundo. De hecho, el zaragozano será el único artista español presente en la cita italiana. «La verdad es que impresiona un poco que no vaya nadie más de aquí, pero va a ser un honor y estoy muy ilusionado con esta oportunidad», reconoce Moñú.
Según apunta él mismo, en torno a un millón de personas visita la Bienal de Venecia durante los seis meses que dura, lo que supone un altavoz enorme. «Aunque sea por pura estadística, algún galerista o coleccionista pasará por ahí», apunta entre risas el zaragozano, que confía en que la exposición le abra nuevas puertas.
Sus ya reconocidos retratos abstractos, de personajes grotescos y deformados, viajarán a Venecia de la mano de la galería madrileña Fernando Latorre, con el que empezó a trabajar en sus comienzos allá por 2006. «Lo de la Bienal ha surgido de una forma muy natual. Invitaron a la galería de Fernando y él pensó que mi obra podía encajar allí, así que me lo propuso. Al principio no me lo creía, pero luego le dije rápidamente que sí. Va a ser un gran paso en mi carrera y la consolidación de mi trayectoria internacional», subraya.

Otra de las obras que puede verse en la galería Olga Julián. / LAURA TRIVES
Moñú viajará a Venecia con siete obras de gran formato y otras 24 más pequeñas, que se expondrán juntas en la misma sala del Palacio Mora del 9 de mayo al 22 de noviembre.
«Todas las he realizado recientemente para la Bienal y la verdad que sentí un poco de presión porque sabía que no podía fallar. Además, decidí volver a como pintaba hace 20 años, así que fue como regresar a los orígenes. He estado bastantes años utilizando la técnica del liquid painting y en estas he vuelto a coger el pincel», explica Moñú.
Esa vuelta a los orígenes ha marcado también la exposición que puede verse estos días en la galería zaragozana Olga Julián, con 25 obras inéditas. Se titula Origen: soy yo, son selfies, somos todos y se podrá visitar hasta el próximo 16 de mayo en la sala de la calle Rufas. En ella, el pintor vuelve a apostar por sus personajes grotescos y deformados, esos que le han otorgado ya un sello propio.
«Llevo toda mi carrera haciendo retratos. Me gustan para expresarme como artista y creo además que el público también conecta más con ellos porque al final sugieren cosas y sentimientos que tú también puedes tener», comenta Moñú, cuyos personajes se derriten y se deforman para expresar emociones y estados de ánimo: «Muchos de ellos están afectados por el acelerado ritmo de vida de la sociedad actual. Pero bueno, yo parto de una mancha y me voy dejando llevar».
Su vinculación con Zaragoza
El uso de esos colores vivos y saturados es también marca de la casa, un cóctel artístico con el que ha triunfado además en el apartado comercial. «Estoy contento en ese aspecto. Creo que el mercado del arte se ha parado menos que otros y que muchas veces funciona como valor refugio, así que de momento la cosa va bien», indica Moñú, que pese a afianzar su trayectoria internacional nunca ha olvidado su ciudad natal.
Aquí tiene su cuartel general, un estudio en el barrio Delicias que conserva desde hace 20 años. «Viví dos años en Berlín, luego un tiempo en Países Bajos y estuve cinco meses con una beca en Nueva York, pero siempre lo he mantenido. Zaragoza es mi ciudad, aquí tengo a mi familia y mis amigos y eso es lo más importante», concluye.
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