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Fernando Vera estrena 'Con la tierra en los pies': "Hay muchas deudas desde la administración hacia los pueblos del Pirineo que han sido muy maltratados"

El cineasta aragonés ha rodado una historia sobre la vida de los pueblos y su lucha por mantener su patrimonio cultural, material e inmaterial

'Con la tierra en los pies' ya está en las salas de cine.

'Con la tierra en los pies' ya está en las salas de cine. / EL PERIÓDICO

Daniel Monserrat

Daniel Monserrat

ZARAGOZA

Esta es, en primer lugar, la historia de un filólogo alemán, Rudolf Wilmes, que en 1930 llegó al valle de Vió, en pleno Sobrarbe, a recoger datos para su tesis doctoral sobre el idioma aragonés y sobre la toponimia de la zona. Lo hizo buscando el "romanticismo" perdido en buena parte de Europa. "Era muy habitual que el fue mentor de Wilmes mandara a sus alumnos a lugares de España, Italia o Grecia porque eran sitios donde la industrialización no había arrasado todavía todo". El que habla es el cineasta aragonés Fernando Vera que, de la mano del productor Rafael Latre (autor del libro 'Nerín. Memorias compartidas', germen de este filme), ha recogido el viaje de Wilmes en el Pirineo para "contar la historia de Nerín y del valle hasta el año 2000" con un periodo terrible de despoblación que duró décadas.

'Con la tierra en los pies' (que se estrena este viernes y en Zaragoza se puede ver en los Aragonia) no es un grito de denuncia al uso pero sí es un documental combinado con escenas de ficción que narra "una transformación muy bestia del pueblo y el valle, que hasta finales del XIX no había cambiado demasiado, pero en el que se precipita todo un cambio cuando la industrialización entra en España y la gente empieza a a dejar los pueblos", relata Fernando Vera.

¿Tenemos derecho a vivir donde queramos?

Al principio de la producción (que cuenta con testimonios, entre otros, de Manuel Campo Vidal, Severino Pallaruelo, Elena Puértolas, José María Satué, Oscar Latas o Maribel Clemente) se plantea en voz alta una pregunta que conforme transcurre el filme cobra más pertinencia, ¿los seres humanos tenemos derecho a vivir donde queramos, con todo lo que eso puede suponer? "No tengo la respuesta aunque es una pregunta que me hago desde hace tiempo, pero veo dilemas éticos, nos podemos establecer en una zona montañosa, hostil, que no nos permite tener recursos, pero pedimos que nos los traigan... Si pensáramos de una forma un poco más comunitaria a lo mejor entendíamos que debemos estar cerca de los recursos y no hacer que los recursos vengan a donde estamos nosotros".

El director aragonés Fernando Vera.

El director aragonés Fernando Vera. / RUBÉN RUIZ

En 'Con la tierra en los pies', además de narrar la historia de Rudolf Wilmes ("un ejemplo de cómo acercarse a una sociedad ajena con respeto"), se explica la drástica pérdida de fuegos (hogares) en el pueblo con la emigración fundamentalmente a las ciudades para trabajar en fábricas. Pero, en realidad, hubo muchos más condicionantes que hicieron que esa marcha tuviera algo de 'forzada': "Cuando le contaba al equipo que la electricidad llegó al pueblo de Nerín a primeros de los años 90, no se lo creían, o que el agua corriente a las casas llegó por esas fechas...o que en Sequé, que es un pueblo que está cerca de Nerín, ha llegado la electricidad el año pasado. Entonces, claro, ¿cómo pretender que esos territorios sigan vertebrados, esas tierras sigan trabajadas, esos ganados sigan manteniendo y sosteniendo el ecosistema, cuando la gente no tiene los servicios ni las vías de comunicación para poder mover su energía?", razona en voz alta Fernando Vera.

Y eso que cuenta con naturalidad que cuando han hablado con la gente del valle "no nos hemos encontrado voces de denuncia pero sí son conscientes de la realidad del valle de entonces y de ahora. Hay muchas deudas desde la administración hacia los pueblos del Pirineo que han sido muy maltratados, especialmente algunos valles".

Los camiones como progreso

En ese sentido, Vera recuerda un momento de la película en la que Rafael Latre cuenta que él "en el colegio dibujaba camiones que venían a llevarse la madera de los árboles. Esa carretera que llegaba hasta abajo de su pueblo servía para esquilmar los bosques que rodeaban a Nerín, no para facilitar que pudieran entrar y salir de sus pueblos. Era algo muy gravoso para la gente de los valles".

Ahora, denuncia Fernando Vera, "todos queremos ir al cañón de Anísclo y aparcar al lado, pero nos falta hablar más con la gente del pueblo. Nos falta acercarnos con honestidad y con ganas de conocer cuál es su opinión. Es muy importante porque si no nos lo cargaremos y el Pirineo se convertirá en un decorado y entonces nos lamentaremos", concluye.

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