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CRÍTICA DE DISCOS

Bunbury ahonda en su querencia latina, a caballo entre dos eras, en su nuevo álbum, 'De un siglo anterior'

El aragonés tira del hilo de los géneros tradicionales del mundo hispano, como el bolero, el tango y la ranchera, en roce con un rock de ecos 'vintage'

Enrique Bunbury en septiembre pasado en el pabellón Príncipe Felipe de Zaragoza.

Enrique Bunbury en septiembre pasado en el pabellón Príncipe Felipe de Zaragoza. / MIGUEL ÁNGEL GRACIA

Jordi Bianciotto

Barcelona

Hay que reconocerle a Bunbury su inquietud productiva, lejos del régimen de acomodo y 'revival' que podría permitirse a estas alturas del partido. La semana que viene hará un año de su último álbum, 'Cuentas pendientes', y ya está entre nosotros su sucesor, 'De un siglo anterior'. Obra que se sitúa en su estela, tomando distancias con el rock con sintetizadores y pellizcos de vanguardia de su ciclo previo de discos (2013-21) y profundizando en su yo hispano y en los géneros populares del mundo latino.

Ya pasó por allí en 'Licenciado Cantinas' (2011), donde acudió al material contrastado de autores como Agustín Lara, Willie Colón-Héctor Lavoe o Atahualpa Yupanqui. Pero ahora, como en 'Cuentas pendientes', esos géneros del sur los asume desde la composición propia, recapitulando y extrayendo su propia versión de la tradición. El bagaje del rock se cuela esta vez de un modo un poco más perceptible: un rock’n’roll primigenio, con ecos de la guitarra twang de Duane Eddy. Así empieza el disco, con el punteo reverberado que abre 'Creer que se puede creer', canción en la que Bunbury viene a expresar un compromiso de fe, más allá del escepticismo, y donde subraya su espíritu desarraigado: "No me siento en casa en ninguna parte / pero me siento bien en cualquier lugar".

En primera persona

Para Bunbury, las canciones suelen ser palancas para verter sus pronunciamientos vitales, y la robustez vocal y el uso de la primera persona producen ese constante efecto de sentencia lapidaria tan característico. En este álbum, medita sobre su circunstancia y sobre el paso del tiempo, deslizando algo así como un optimismo existencial desesperado. Destaca 'Un brindis al sol', con su emotividad entre líneas, donde dice ver "el vaso a medio llenar", aunque advierta: "En la imagen que devuelve el espejo no te reconocerás". Brillan la hondura y la melancolía de 'La próxima vez no habrá próxima vez', así como, en el tramo final, 'La cima', con esa calma interior: "Que nada te perturbe, nada te espante".

La banda es la misma que en 'Cuentas pendientes' y cita fichajes como el guitarrista chileno Sebastián Aracena (productor de Mon Laferte) y veteranos como el teclista Jordi Rebenaque. Es llamativo su abordaje de géneros canónicos, que desfilan uno detrás de otro: el bolero en la nostálgica 'De un siglo anterior' (donde se presenta como un individuo que habita entre dos eras), el tango, que da carácter a 'En el arcén', la ranchera de la pieza final, 'Un par de acordes, una mentira y la redención'. Siempre tratados a su manera, con una banda que funde el conocimiento de la tradición y cierta educación en el rock. Con todo, y aunque 'De un siglo anterior' es, como 'Cuentas pendientes', un disco brillante, se hace difícil imaginar que Bunbury asocie para siempre este registro a su destino como cantante y autor. 

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