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Reconocimiento póstumo al jotero aragonés Vicente Rubio, el pastor de Burbáguena

El municipio turolense le rendirá homenaje este viernes 1 de mayo

Vicente Rubio Camín, el pastor de Burbáguena.

Vicente Rubio Camín, el pastor de Burbáguena.

Marta Guarch-Rubio

Burbáguena

Burbáguena, en Teruel, rinde este viernes un homenaje póstumo a uno de sus ilustres habitantes. Vicente Rubio Camín, el pastor de Burbáguena, cantador de jotas y Académico de Honor de la Academia de las Artes del Folclore y la Jota de Aragón. Premio electo que reconoce, entre otros, a las grandes figuras de la jota por su implicación directa y continua en el mantenimiento de esta tradición folclórica aragonesa.

Pese a tener una formación fundamentalmente autodidacta, en su etapa adulta, y ya jubilado, recibió clases del maestro Cardona en Daroca y de Jesús Benito en Torrijo del Campo. Para Vicente toda ocasión era buena para cantar una jota. En Burbáguena, se recuerda que cuando él iba con el ganado, depende de cómo soplase el viento y de dónde estuviera él con las ovejas, era fácil oírlo cantar desde el pueblo.

Desde su fallecimiento el pasado octubre de 2025, múltiples muestras de afecto han despedido a una persona que, desde la humildad se ganó el cariño y el respeto de su comunidad, fuera y dentro del valle del Jiloca. Este 1 de mayo de 2026, y con motivo de la festividad de San Pedro Mártir, la localidad de Burbáguena y, con Joaquín Peribañez como alcalde, rinden homenaje a Vicente Rubio Camín.

Bajo el sobrenombre del Pastor de Burbáguena, certamen tras certamen de jota situó a Burbáguena en el mapa. Vicente viajó poco pero siempre de la mano del folclore y, en muchas ocasiones, acompañado del también burbaguenero y cantador de Jotas el Obispo. Vicente llevó el nombre de Burbáguena a Francia, a Andorra, a Portugal y a prácticamente todas las comunidades autónomas de España.

Pastor de profesión, nunca hubiera imaginado que en la misma rambla donde él encerraba el ganado, años después se crearía un parque municipal y que este llevaría su nombre. Hombre sencillo, de espíritu libre, cercano y familiar. Séptimo de ocho vástagos, el primer varón tras cuatro hermanas consecutivas. Dejó la escuela a una edad temprana para ponerse a trabajar, y si volviera a nacer, siempre dijo que volvería a ser pastor.

Sin estudios reglados pero alfabetizado y con cultura y sabiduría popular, de esa que no se encuentra en los libros. Amante de la jota y siempre dispuesto a cantar, una, dos, tres y las que hiciese falta. “Vicente, echa una canta”, le pedían y él no reblaba. Amigo de sus muchos amigos, intergeneracional y nunca negó la ayuda al prójimo. De carácter socarrón, valiente y moderno. Sus 98 años nos parecieron pocos, pero siempre y cuando se pueda, la vida hay que vivirla con dignidad. Él lo tenía claro y nos dejó ese legado. Solo muere lo que es olvidado, por eso Burbáguena le lleva en el corazón.

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